CINE EN PLATAFORMAS
[Esta película forma parte de la Sección Figures del ATLÀNTIDA MALLORCA FILM FEST’2025. Disponible en Filmin por tiempo limitado]
La película El último tango en París (1972) es generalmente considerada como una de las grandes obras maestras del cine. Aparte de sus valores artísticos, la cinta funcionó también como una especie de pivote a partir del cual giró el cine mundial, de tal manera que hasta entonces el sexo siempre se había tratado en pantalla de forma implícita, con eufemismos y elipsis (hablamos por supuesto de cine comercial), y a partir del “tango” el cine se hizo eróticamente mucho más explícito, mucho más a las claras: sin que se llegara al terreno del porno, las escenas de sexo fueron mucho más visibles, aunque fueran simuladas; antes del “tango” no había nada de eso, todo eran veladas alusiones, metáforas, etcétera. La película fue dirigida por un entonces poco conocido Bernardo Bertolucci, e interpretada por el mítico Marlon Brando y una casi novata actriz parisiense llamada Maria Schneider.
Por tanto, al margen de los indudables valores artísticos del film, hay un antes y un después del “tango” en el cine mundial. Pero hace ya bastantes años saltó a la palestra la noticia de que la famosa “escena de la mantequilla”, en la que el personaje de Brando violaba mediante sodomización (con el concurso de mantequilla como improvisada vaselina) al personaje de Maria, no estaba en el guion, y que Bertolucci y Brando la improvisaron sin informar a la actriz, con lo que la reacción de ésta (aunque la violación era simulada, no así la introducción de la mantequilla en la zona anal de la chica, que sí fue auténtica) fue absolutamente real. Aquel hecho forma parte del libro titulado Tu t'appelais Maria Schneider, publicado por Vanessa Schneider, periodista, ensayista y novelista gala, prima de María Schneider, un volumen que publicó en 2018, y del que ha partido la directora Jessica Palud para escribir un guion a cuatro manos con Laurette Polmanss, que busca contarnos de qué forma influyó (y no precisamente de forma positiva…) aquella celebre película, en general, y la famosa escena de la mantequilla, en particular, en la vida de Maria.
La película se inicia hacia 1969: Maria, hija de madre soltera, vive con su progenitora Marie-Christine Schneider, con la que tiene una mala relación; la chica asiste al rodaje de una película de su padre, el actor Daniel Gélin, quien mantuvo una relación sentimental con su madre años atrás al margen de su matrimonio, por lo que Maria no pudo ser reconocida legalmente. Pero la chica quiere mantener un mayor trato con su progenitor, lo que finalmente hace que la madre la eche de casa con cajas destempladas. Entonces Gélin la introduce en el mundo del cine, y tras algunos pequeños papeles secundarios, Bernardo Bertolucci se fija en ella para el papel coprotagonista de su nuevo proyecto, El último tango en París. El rodaje, con Brando como “partenaire”, se desarrolla con normalidad, hasta que Bernardo propone a Maria que rueden una escena de cierta intimidad “con mayor intensidad”; ella se pone a ello, sin saber que Bertolucci y Brando han pactado rodar la desde entonces famosa escena de la mantequilla, sin decirle nada, para que la reacción de la actriz sea auténtica, con una violencia y una humillación ante la que la joven actriz estalla en lágrimas, sintiéndose realmente violada. A partir ahí, tras el estreno, la acompañará siempre la imagen de mujer fácil y casquivana, sentirá el desprecio de la gente corriente, solo le ofrecen pelis con desnudos… todo ello la hará caer en la adicción a la heroína, y su vida entrará en barrena, en una espiral de degradación…
Como curiosidad, pero también como dato de interés, habrá que decir que la directora, Jessica Palud, se desempeñó como becaria de localizaciones en la película de Bertolucci Soñadores, por lo que conocía al famoso cineasta, fallecido hace ya unos años. Y es que Palud se ha fogueado en el cine desde abajo, ejerciendo oficios como ayudante de realización (de Sofia Coppola, entre otros), siendo este Being Maria su tercer largo como directora, además de algunos cortos.
Lo mejor del film es, seguramente, la exposición de lo que sucedió, al menos desde la visión de la prima de Maria Schneider, que obviamente conocía de primera mano la versión de su famosa familiar. Pero debemos decir pronto que Being Maria, en buena medida, ha defraudado nuestras expectativas: está bien contar lo que pasó, y cómo ello influyó en la existencia de Schneider, hasta el punto de que marcó el resto de su vida, tanto personal como profesional, pero nos tememos que la peli se queda corta, le falta intensidad, resulta ser una denuncia un tanto elemental, en la que no hay profundidad en los caracteres, ni siquiera en el de la propia Maria, que es el que más interesa, obviamente; Bertolucci y Brando, por su parte, son un poco ectoplasmas… Estamos entonces ante un caso evidente de film que promete más de lo que finalmente da. Es interesante que se nos (re)presente el proceso de degradación personal de la protagonista, pero le falta grosor dramático, no consigue que empaticemos con ella, que lleguemos a sentir su desvalimiento, la forma en la que se sintió tras aquella legendaria escena y lo que ello supuso en el resto de su vida.
Y es que la recreación del rodaje de la famosa escena está hecha sin la fuerza que ese momento clave del film (y de la vida de Maria) hubiera requerido: todo gira en torno a esa escena, y sin embargo es una más, sin que, en nuestra opinión, se llegue a percibir esa sensación de vejación absoluta, de humillación aplastante que debió sentir la actriz al ser violentada de aquel modo tan brutal.
¿Quiere ello decir que Being Maria carece de interés? No, porque lo tiene, entre otras cosas porque pone sobre la mesa hasta dónde se puede llegar en el arte, cuáles son los límites éticos del arte. La pregunta que se hace el film, entonces sería: el arte, ¿lo justifica todo? Esa es la pregunta del millón; nosotros tenemos nuestra propia opinion: no lo justifica todo; hay barreras que no se pueden, no se deben traspasar, bajo ningún concepto, y una de ellas es la dignidad humana de las personas que intervienen en la obra.
Palud presenta inicialmente a Maria como una chica muy tímida, quizá para después contraponer hasta qué punto aquel rodaje, aquella escena, y la mala fama que le acarreó, fue determinante en su adicción a la heroína, a sus problemas de salud, a su difícil relación con la profesión, que la tenía por díscola, problemática, de mal carácter. También la presenta como una mujer que inicialmente profesaba una gran admiración hacia Brando, ya un mito viviente por aquel entonces; visto a través de la mirada de Maria, la película lo presenta como un hombre en absoluto endiosado, más bien como una persona ensimismada, aunque tras la escena de la mantequilla esa admiración resultaría, lógicamente, bastante malparada. La visión sobre Bertolucci (al que, recordemos, la directora Palud conoció personalmente, al trabajar para él en una de sus cintas de principios de este siglo) no es precisamente buena, un tipo pagado de sí mismo que, según la película, creía que su arte estaba por encima de las personas.
Buen trabajo, muy entregado, de la protagonista, la actriz franco-rumana Anamaria Vartolomei, a la que ya hemos visto y admirado en films como El acontecimiento y El conde de Montecristo (2024). Matt Dillon parece plausible como Marlon Brando, no tanto en lo físico como en la actitud.
(29-07-2025)
103'