Pelicula:

Hay un nuevo cine catalán del siglo XXI que ha olvidado los onanismos identitarios del que se hacía en el siglo XX. En especial desde la década de los años diez de esta vigésimo primera centuria, hay un cine en catalán hablado (o no) en su lengua vernácula, generalmente dirigido por gente muy joven, también generalmente con mujeres a los mandos, un cine sobre la realidad de Cataluña, de España, del mundo, muy bien hecho, muy fresco, muy natural. Citaremos a vuela pluma un puñado de títulos que ratificarían estas afirmaciones: 10000 km (2014), Verano 1993 (2017), Tierra firme (2017), Las distancias (2018).

Esta Chavalas podría inscribirse en esa misma línea, una historia en clave realista, a ratos incluso naturalista, el regreso a los orígenes de quien salió de su barrio con la idea de no volver, creyendo quizá con ello ser mejor de lo que en realidad era. La historia se ambienta en la Cataluña actual: Marta es una chica de Cornellà, populosa localidad a poco más de 12 kilómetros de la capital. Salió de allí unos años atrás para cumplir su sueño de triunfar en la fotografía artística; pero los malditos recortes de personal hacen que sea despedida de la cosmopolita agencia en la que presta sus servicios, con lo que, tras fracasar en varios intentos de conseguir trabajo en BCN, se ve obligada a, temporalmente, volver a su pueblo, Cornellà, población que en el resto de Cataluña no tiene demasiada buena fama, considerándose a sus habitantes como catetos o marginales, cuando no directamente chorizos, con un extraño menosprecio que, como es lógico, no deja de ser un lugar común. Marta, entonces, vivirá con sus amigas de toda la vida, Desi, Bea y Soraya, o cuando se pelea con estas, en casa de sus padres, donde la madre sigue manteniendo hacia ella una sobreprotección como si fuera una niña. Marta, en contacto telefónico con gente de su antiguo mundo guay de Barcelona, incapaz de confesar que ha tenido que regresar al redil, se inventa que va a montar una exposición en el extranjero. Claro que las mentiras tienen las patas muy cortas...

Carol Rodríguez Colás, la directora, es nacida en Cornellà, así que el film se nos antoja, en buena medida, autobiográfico; el guion es de su hermana Marina, así que parece evidente que ambas hablan de cosas que conocen a la perfección, y además Carol es (aparte de licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universitat Ramon Llull) fotógrafa profesional, así que blanco y en botella... Carol, hasta ahora, había dirigido varios cortos, a veces en comandita en la realización con su hermana, a veces ella en solitario, con Marina en el guion, como ocurre en este su primer largo. En su filmografía de cortometrajes se aprecia un interés especial en dos sectores de la población, la juventud y los ancianos, con algún corto (cfr. Vella Rosario, 2015) en el que ambos segmentos confluyen. Sus historias son siempre de gente corriente, gente soñadora que busca prosperar, pero también gente que se resigna con su suerte, que intenta simplemente (sobre)vivir.

Chavalas es el fresco retrato en clave realista de una chica que no supo gestionar sus orígenes y quiso ser lo que no era, y, sobre todo, quiso renegar de lo que era: la película es, entonces, el proceso de toma de conciencia de la protagonista de saber quién es ella realmente, quiénes son la gente a la que quiere, la gente a la que, por amistad, por afinidad o por sangre, realmente pertenece, y a partir de esa plena asunción, ser capaz de crecer, de mejorar, de proyectarse en la mujer que quiere finalmente ser.

Hermosa en su frescura, en su cuidada espontaneidad, la película es, desde luego, sus cuatro protagonistas, tan de verdad, tan reales, en las que se ve que hay muchas horas de las propias vidas de Carol y Marina Rodríguez Colás, que han vertido en esta historia tan suya, finalmente tan nuestra, como ocurre con todas las crónicas locales que terminan siendo universales. Por supuesto, el trabajo de las cuatro actrices (Vicky Luengo, Carolina Yuste, Elisabet Casanovas, Ángela Cervantes: chapó) está cimentado en una exhaustiva labor de ensayo para que todo fluya, para que todo parezca tan natural, como una bocanada de aire fresco. La película son ellas cuatro, y la mano amiga y amable de Carol Rodríguez Colás, que les da su sitio sin dedicarse a hacer florituras, con una dirección casi invisible que apenas se nota, lo que tanto se agradece en estos tiempos en los que cualquier mindundi rueda creyéndose Orson Welles...

Buen trabajo también de secundarios tan solventes como Cristina Plazas, que desde que fue descubierta por el gran público en Estoy vivo no deja de sorprendernos agradablemente; pero también José Mota, aquí alejado de sus papeles de cómico, en un interesante personaje dramático; y Mario Zorrilla, de prodigiosa voz de bajo, al que siempre recordaremos por su personaje del capataz Mauricio, con una relación sadomasoquista (él ponía el masoquismo...) con la carismática Doña Francisca (María Bouzas) en la serie El secreto de Puente Viejo.

(08-09-2021)


Chavalas - by , Sep 08, 2021
3 / 5 stars
Una bocanada de aire fresco