Película: Climax

Gaspar Noé es un cineasta nacido en Argentina pero afincado desde su adolescencia en Francia. Allí se ha labrado una carrera como director, caracterizándose por sus constantes propuestas provocativas. Aunque su carrera se inicia en 1982, treinta y seis años antes de que se escriban estas líneas, lo cierto es que su filmografía, en cuanto a largometrajes de ficción, es muy corta, de solo cinco títulos, siendo el resto cortometrajes y vídeoclips musicales. Pero su morigerada trayectoria en los largos se caracteriza, como comentamos, por su gusto por epatar al público. Así ocurría con su segundo título de ese formato, Irresistible (2002), en el que filmaba en plano secuencia una durísima, angustiosa violación de pasmosa verosimilitud. En Love (2015) presentaba en pantalla con una normalidad cuasi fisiológica escenas que habitualmente se ven en films pornográficos, pero no en los comerciales al uso.

Ahora, con este Climax plantea otro “tour de force”, un film de aparente corte musical, aunque en el fondo trasciende también un aspecto dramático, una historia que se ambienta a mediados de los años noventa, y que en sus primeros minutos nos ofrece el casting, presumiblemente grabado en una cinta de VHS (sistema de grabación audiovisual de la época; faltaba todavía una década, al menos, para que se generalizaran los archivos digitales de esa tipología), de un grupo de bailarines que se ha encerrado en un local a las afueras de la ciudad, en pleno invierno, para ensayar una “performance” que van a llevar de gira por Estados Unidos. Al final de los ensayos, tras una última prueba que resulta plenamente satisfactoria, el grupo se relaja con una pequeña fiesta, en la que se toma copiosamente una sangría que alguien, a sus espaldas, ha “enriquecido” con LSD. Pronto los miembros del heterogéneo grupo empezarán a dar muestras de comportamientos cada vez más extraños...

Climax (sin tilde en la i, como corresponde a la palabra en francés, que no se ha traducido al vocablo español que hubiera correspondido, “clímax”) es, digámoslo ya, una película con una forma espléndida y un contenido bastante menos brillante. Forma espléndida porque Noé se nos muestra como un virtuoso en la filmación de los números bailables, con inspiradísimos planos secuencia que cortan el aliento, en los que los bailarines dan muestras de su creatividad, de su capacidad artística, insertos en una coreografía muy moderna, todos ellos plenamente integrados en un espectáculo total, absoluto, desmesurado, con una música de reminiscencias mesméricas que consigue hipnotizar con facilidad al espectador. Forma espléndida en la progresiva “lisergización”, si se nos permite el palabro, de la imagen, en la que, conforme va haciendo efectos el LSD de la sangría en los organismos de los bailarines, la cámara va también tornándose más y más extraña, con planos cenitales brutales, virando a colores agresivos y violentos y, finalmente, girando sobre su propio eje vertical, dándose literalmente la vuelta para filmar al revés todo el último tramo, con todos los personajes boca abajo para explicitar formalmente la locura que el ácido tomado a espuertas provoca en los desprevenidos protagonistas.

Pero también en contenido es bastante menos brillante, porque lo que sabemos de los bailarines no es gran cosa, más allá de las generalidades que nos cuentan en los primeros minutos en el casting grabado en el VHS, o algunas conversaciones mantenidas durante la primera parte del film, que no nos ofrece demasiada información sobre individuos que se nos aparecen así como más bien vacíos, huecos, en los que solo algunas pulsiones sexuales (esos personajes negros obsesionados por “cepillarse” violentamente, “velis nolis”, a las chicas que les gustan; esa pareja de hermanos, también negros, en el que él hace de padre y madre castradores de la relación de ella con otro hombre, aunque finalmente se conozca el motivo de tanta coerción, no precisamente protector) se nos presentan previamente para que conozcamos esos roles. La evolución tras la involuntaria toma lisérgica será la previsible, si bien es cierto que Noé consigue que esa evolución se convierta, por mor de la formidable forma en la que nos la presenta, en una potente experiencia para el espectador que sin duda recrea más que razonablemente la atmósfera, los efectos del ácido en la mente del ser humano, o al menos su apariencia.

Film extenuante en su tremendo descenso al infierno, exuberante en cuanto a la sobresaliente manera en la que está filmado, con un virtuosismo que nos confirma el talento de Noé para el tratamiento de temas fuertes, excesivo en cuanto a lo que supone una auténtica paliza para el espectador, inmerso durante hora y media en un “tripi” audiovisual realmente brutal, Climax termina siendo una experiencia ciertamente memorable, aunque es verdad que podría haberlo sido mucho más si el fondo de la historia hubiera estado más trabajado, si los personajes no hubieran sido un poco monigotes, como es el caso, y hubiéramos contemplado en esta historia de degradación y locura algo más que el baile y la insania llevados a su absoluto extremo en papeles sin sustancia, sin auténtico relieve.

La franco-argelina Sofia Boutella (recordable sobre todo por la villana de La momia, la versión de Tom Cruise sobre el mito de terror egipcíaco) es prácticamente la única actriz profesional del elenco. Con buen criterio, Noé ha optado por fichar bailarines auténticos para actuar en el film, convencido, con razón, de que es preferible enseñar a interpretar a un profesional de la danza un personaje de no mucho calado dramático antes que conseguir que un actor al uso baile al altísimo nivel que lo hacen los que intervienen en la película. La propia Boutella es también bailarina profesional, con lo que coincidían en la misma persona las dos habilidades necesarias para actuar en la obra. Lo cierto es que tanto Sofia como sus colegas no profesionales de la interpretación lo hacen muy correctamente, siendo llamativa esta circunstancia en los actores amateurs por la frescura que emanan, la sensación de naturalidad con la que afrontan sus personajes.

Película que busca sin duda epatar al público, es evidente que lo consigue. Es una propuesta arriesgada, muy osada, que transita por territorios poco hollados por el cine y escasamente habituales para el espectador. El desequilibrio entre la brillantísima forma y el más endeble fondo no nos debe hacer pensar que estamos ante una obra deleznable, porque sería un error; a veces, la manera en la que se filma es un valor en sí mismo, con independencia de que lo que se nos cuente no esté a esa misma altura: es el caso.


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96'

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Climax - by , Oct 25, 2018
3 / 5 stars
Extenuante, exuberante, excesivo