Película: La momia (2017)

Como es sabido, la productora Universal está preparando su respuesta a Disney (que ha encontrado la gallina de los huevos de oro con las películas sobre los superhéroes de Marvel, cuyos derechos posee para cine) con una serie de pelis que engloban dentro de la denominación Dark Universe, y en la que la idea es que los monstruos propios de la productora, como Drácula, la momia o Frankenstein, entre otros, conformen un “corpus” con vida propia, pudiendo tener películas para cada uno de ellos o también colectivas, a la manera de Disney/Marvel.

Claro que, a la vista de las recaudaciones de esta primera entrega de ese Dark Universe, esta nueva La momia, lo cierto es que no parece que estén muy bien encaminados. Porque ciertamente la distancia con la ingenuidad clásica del original La momia (1932), dirigida por Karl Freund, con un espléndido Boris Karloff, es sideral: aunque el filme de los años treinta estaba, como es lógico, en mantillas en cuanto a efectos especiales, sin embargo la creación de atmósferas, la capacidad de transmitir desasosiego, la portentosa facultad para inquietar al público (incluso vista hoy, tantas décadas después), sigue intacta. Pero es que este nuevo filme de ahora palidece incluso al lado del “reboot”, también titulado La momia (1999), que Universal montó a finales del siglo XX, con Brendan Fraser y Rachel Weisz. Por supuesto era muy inferior al original, pero había algo en aquel filme, quizá cierta influencia de la saga de Indiana Jones, que la hacía entretenida y agradable.

Ahora, sin embargo, esta nueva versión resulta aburrida, que es lo peor que se puede decir de un filme que aspira a entretener. Que una película francesa o sueca con tragedias y dramas sin cuento pueda resultar aburrida para el público medio entra en la categoría de normal; que una que aspira a mantener en tensión y divertir a espectadores entregados, no lo haga, es para hacérselo mirar, como ahora dice el personal que no tiene muchos recursos lingüísticos.

La momia (2017) resulta ser, entonces, un endeble producto, muy costeado (125 millones de dólares USA, un dinerito…), ciertamente con efectos especiales muy buenos, pero cuya historia resulta más bien marciana (en vez de egipcia) y su puesta en escena es muy torpe. No se entiende cómo se ha encargado un “blockbuster” de estas dimensiones a Alex Kurtzman, un productor especializado en filmes de fantasía y acción (sagas de Star Trek, Transformers, The amazing Spider-Man, entre otras) y con solo un largometraje como director (Así somos, nada que ver con el tema y el tono de este inicio de franquicia), cuando entre los guionistas estaba, por ejemplo, Christopher McQuarrie, que ya rodó con el “boss” Cruise Jack Reacher (2012) y Misión Imposible: Nación secreta (2015), un hombre ya fogueado en este tipo de cine. Kurtzman es manifiestamente torpe en la planificación, no sabe narrar con soltura, y así las cosas la película se vuelve soporífera, por no decir cadavérica (qué propio, dado el tema…), solo levemente resucitada, ya que estamos, por algunas escenas que funcionan bien por su propia entidad: el accidente del avión, con los cuerpos casi ingrávidos prácticamente volando en su interior, o la de Londres asolado por una tormenta de arena (que ya es imaginación…).

Pero al margen de esos momentos puntuales, en general el filme resulta aburrido, sin gracia, sin elementos que ayuden al espectador a tener empatía con el protagonista, un Tom Cruise que hace de nuevo el mismo papel de siempre, solo que aquí hace un poco de malote, un tipo pícaro que parece mirar solo por sus prosaicos intereses, pero que en el fondo tiene buen corazón, etcétera. Tengo escrito que este hombre debería de modificar un poco su “look” en cada nueva película, porque siempre parece que es el Ethan Hunt de la serie Misión Imposible, y así es difícil ciertamente que nos lo creamos en otro tipo de papeles. Además, hace ya demasiados años que abandonó la noble tarea de, de vez en cuando, rodar algún filme en el que fuera uno más, no la estrella que parece solo puede hacer “blockbusters”. La última vez que Cruise hizo un papel al margen de los que suele fue en Leones por corderos (2007), a las órdenes de Robert Redford, y ya parece que tocaría de nuevo…


Entre los demás, Russell Crowe parece ya confortablemente instalado en el sobrepeso, y eso ciertamente no es lo más adecuado para las escenas de acción, en las que resulta algo ridículo y poco creíble. Bien la inglesa Annabelle Wallis, la “chica-Cruise” (a la manera de las “chicas-Bond”, me temo…), pero la mejor es, de lejos, la argelina Sofia Boutella, que compone el personaje más interesante de todos, esa hija del Faraón sin escrúpulos, piedad ni misericordia, que busca gobernar el mundo desde un reino de terror (no, no me refiero a Trump, ese también lo intenta pero es bastante más feo y estúpido…).


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110'

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La momia (2017) - by , Jun 14, 2017
1 / 5 stars
Quiere entretener, pero aburre