Película: El instante más oscuro

Nos llega la cuarta película en menos de un año sobre el tema del rescate del ejército británico (y también buena parte del galo) en Dunkerque, entre mayo y junio de 1940, cuando las fuerzas terrestres nazis, la temible Wehrmacht, aplastaba toda resistencia en Francia, y desde el Reino Unido se montó la llamada Operación Dynamo, por la que centenares de embarcaciones civiles inglesas cruzaron el Canal de la Mancha y transportaron hasta Gran Bretaña a una cifra en torno a trescientos mil soldados.

Desde julio de 2017 a este enero de 2018 en el que se escriben estas líneas, hemos visto ya Su mejor historia, de Lone Scherfig, que se ambientaba en el Londres posterior al mentado rescate, cuando el gobierno británico utilizó aquella gesta (realmente una derrota en toda regla, pero que el genio oratorio churchilliano consiguió convertir en algo parecido a un triunfo) para insuflar esperanza en la castigada población civil mediante una película ad hoc sobre el tema; también hemos podido contemplar en la gran pantalla Dunkerque, de Christopher Nolan, sobre el asunto bélico propiamente dicho, briosamente contado en tres planos espacio-temporales distintos; ítem más, también se ha podido ver Churchill, de Jonathan Teplitzky, sobre esos mismos días, pero centrándose en la figura del famoso primer ministro británico (en este caso interpretado por Brian Cox) que lideró la respuesta del pueblo británico contra el Tercer Reich en aquel tiempo aciago.

Tanta reiteración sobre el mismo tema quizá sea el mayor problema que afecta al interés de esta por lo demás apreciable El instante más oscuro: y es que ya hemos visto antes, y tan recientemente, las cuitas del premier británico en esos momentos en los que la inmensa mayoría de las autoridades del país, rey incluido, estaba por la labor de negociar con los nazis, en línea con la política, evidentemente miope, que había llevado hasta ese momento el anterior primer ministro, Neville Chamberlain. El déjà vu, ese maldito enemigo de la originalidad, del atractivo argumental, de la tensión fílmica. Ya lo hemos visto, y bien hecho, hace demasiado poco.

Pero no es el único problema (al fin y al cabo coyuntural: dentro de diez años, por ejemplo, El instante más oscuro se podrá ver de forma aislada de la barahúnda de títulos dunkerquianos que se han agolpado en seis meses sin que suene a ya visto): entre otras cuestiones, hay una intencionalidad de hacer que la fotografía sea, al modo del título, oscura; por supuesto, es una decisión artística, entiendo que del director Joe Wright, que el operador en jefe, el francés Bruno Delbonnel, ha ejecutado fielmente, pero me temo que ha sido una decisión equivocada, pues ese tono mortecino, lóbrego, no ayuda precisamente a apreciar adecuadamente el film, y desde luego no va en la línea moderadamente esperanzadora que recorre toda la película (entre otras cosas, porque sabemos cuál será el desenlace…), adecuadamente magnificada con un final “en punta”, glorificador.

Tampoco ayuda que absolutamente toda la historia descanse sobre la figura de Churchill, de tal forma que termina pareciendo un vehículo para el lucimiento de Gary Oldman, quien ciertamente está espléndido, ayudado en la composición del personaje por afeites, prótesis y maquillajes sutilísimos que le dan toda la apariencia de aquel astuto zorro que, contra viento y marea, consiguió que su país (y la clase política y la aristocracia –que en aquella época eran prácticamente lo mismo…--, tan melindrosas) se galvanizara en defensa de la vieja Albión, al dictado de su famoso “speech” conocido como “lucharemos en las playas”. Oldman, que ya se ha llevado el Globo de Oro al Mejor Actor, debería optar con justicia al Oscar en igual categoría, y ciertamente muy raro será que no se lo lleve: él es la película, y todo se hace en razón a su lucimiento, a su eximia “performance” de uno de los personajes políticos más interesantes (y ya es decir…) del siglo XX.

Tampoco ayuda un guion que, durante toda la primera parte, se dedica a retratarnos morosamente a este estrafalario individuo que fue sir Winston Churchill: misógino, maniático, sanguíneo, de fácil efervescencia, con malos modos, un tipo con el que uno no se iría de copas, aunque ciertamente hizo lo correcto en el momento adecuado, cuando la corriente general le impelía justo en el sentido contrario, tan confortable. Ese excesivo detenimiento en la presentación de la figura del entonces recién nombrado premier juega en contra del interés del público, que puede creer que está ante otro biopic al uso de la BBC.

Por supuesto, el film tiene el estilazo habitual en Joe Wright, el exquisito director de films como Orgullo y prejuicio (2005), Expiación. Más allá de la pasión (2007), Anna Karenina (2012) y Pan: Viaje a Nunca Jamás (2015), entre otras. Wright es un notable director, con buenas ideas y con una elegancia innata en su cine. Lástima que, sin ser deleznable, no haya conseguido la excelencia en esta nueva (y ya reiterativa) aportación a un tema histórico que, evidentemente, está ya sometido a una sobreexposición.

Aparte del eximio trabajo de Goldman (que ahora parece sí se podrá llevar el Oscar, que se le negó en su anterior candidatura por el tortuoso George Smiley de El topo), destacaríamos el buen hacer de Kristin Scott Thomas como la esposa del premier, en un personaje que, ciertamente, es muy lucido; también citaremos a Lily James, que ha pasado de protagonizar la Cenicienta de Branagh a ser la secretaria de Churchill: pensándolo bien, no son papeles tan distintos… Como curiosidad, el papel de Jorge VI, el monarca tartaja (padre de la actual Isabel II), que en El discurso del rey fue interpretado por Colin Firth, lo hace aquí Ben Mendelsohn, un actor que hace estupendamente los personajes de villanos…


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125'

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El instante más oscuro - by , Jan 17, 2018
2 / 5 stars
Lucharemos en las playas