Película: El mensajero del miedo En 1962 John Frankenheimer consiguió su obra maestra con la potente El mensajero del miedo (más que libérrima traducción, desde luego, del original The manchurian candidate, que no tenía nada que ver), en el que planteaba un asesinato político de altos vuelos. El filme de Frankenheimer, que se benefició del magnífico guión de George Axelrod, que mejoraba la novela original de Richard Condon, ha sido revisitada ahora, cuarenta y dos años más tarde, por un cineasta como Johathan Demme, cuya aptitud para el thriller parece evidente, dado que es el autor del ya clásico El silencio de los corderos. Pero una cosa es predicar y otra dar trigo, y la actualización del filme de Frankenheimer no termina de convencer. Se ambienta en el día de hoy, con referencias continuas a la primera Guerra del Golfo, la de 1991, con un capitán que sería salvado, junto a casi todo su grupo, por la acción heroica de un sargento, no tan casualmente hijo de una prestigiosa senadora de ideas más bien derechistas. Pero todos los miembros del grupo, incluido el héroe, tienen sueños extraños que parecen indicar que los hechos no sucedieron así; lo malo es que el héroe está ahora a un paso de la Casa Blanca, al ser candidato a vicepresidente, y el que fuera su capitán tendrá que desentrañar un misterio que le sobrepasa.

Pero lo cierto es que, en cuanto a los tres pilares de cualquier trama, planteamiento, nudo y desenlace, aquí casi todo es planteamiento, el nudo es cortísimo y el desenlace se va en un pispás, demasiado enredado Demme en proponer una intriga que se ve venir enseguida, pero que el cineasta no termina de resolver, aunque el público se haya hecho cargo mucho antes. Es cierto que hay una no muy acerba crítica sobre el poder político de los gigantes empresariales, como la imaginaria Manchurian Global del título original (por cierto, muy apañada forma de actualizar el original de 1962), pero queda como un toque de atrezzo en el paisaje de la confusa trama que, sin embargo, es tan previsible. Parece como si Demme y sus guionistas hubieran decidido, como dice la cita cínica, "ya que no somos profundos, al menos seamos oscuros". Por supuesto, su factura es impecable y la interpretación notable; contando con la siempre segurísima Meryl Streep, no podía ser de otra forma: lo malo es que la diva se come con patatas a su hijo en la ficción Liev Schreiber, en todas las escenas, que son muchas, que comparten. En resumen, un resultado insatisfactorio para este "remake" de un filme que, aquel sí, fue memorable.

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130'

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El mensajero del miedo - by , Nov 17, 2004
1 / 5 stars
Un topo en la Casa Blanca