Película: El reverendo

Con el talento de un Martin Scorsese (para el que escribió los guiones de Taxi driver, Toro salvaje y La última tentación de Cristo, palabras mayores), sin embargo Paul Schrader no ha llegado a triunfar y convertirse en uno de los nombres incontestables del cine norteamericano de los últimos cuarenta años, como sí ha sucedido con el reputado autor de Infiltrados o Silencio. Por el contrario, Schrader, tras una primera etapa notable como director, con títulos tan interesantes como Hardcore. Un mundo oculto, American gigolo, El beso de la pantera y Mishima, entró en un marasmo creativo solo esporádicamente espantado con algunas películas en las que se apreciaba su buena mano: El placer de los extraños, Posibilidad de escape, sobre todo la estupenda Aflicción. Pero desde esta última, a finales del siglo pasado, no ha vuelto a presentar una peli ni medianamente buena, y en algún caso manifiestamente execrable (cfr. Como perros salvajes, realmente horrible).

Por eso nos habíamos ilusionado con su nueva película, El reverendo, que además tiene un tema muy schraderiano: la culpa, nada menos, quizá el tema por excelencia de su filmografía, como buen calvinista de estricta educación religiosa al que, hasta los 18 años, no se le permitió ver una sola película. Efectivamente, su mejor cine, el rodado en los años setenta y ochenta, es un compendio de personajes que se sienten culpables, real o ficticiamente, por multitud de razones, y cómo gestionan esa culpa, y su expiación o redención. Por eso el regreso a ese universo de personajes culposos nos parecía de lo más atractivo. Y lo cierto es que El reverendo, sin pinchar esas expectativas, no las llega a cubrir totalmente. Y es una lástima, porque le tenemos ley a Schrader y nos da penita que un tipo tan talentoso, finalmente, se quede en poco menos que nada.

La acción se sitúa en nuestros días, en una pequeña parroquia cristiana protestante en Brooklyn, Nueva York, con 250 años de existencia; llamada First Reformed, la iglesia fue históricamente un punto de refugio para los esclavos que huían de sus amos felones en su fuga hacia Canadá. Actualmente su pastor es el padre Toller, que lleva en su alma la congoja por haber incitado a su único hijo a alistarse en el ejército (como lo hicieron él mismo, y su padre, y el padre de su padre, en una tradición patriótica quizá digna de mejor causa), muriendo el muchacho en la Guerra de Irak; a partir de ahí vendrá el divorcio de su mujer, su tendencia al alcoholismo, su acogida en la iglesia First Reformed, que está mantenida por una asociación cristiana llamada Abundant Life, apoyada económicamente por empresarios de la zona. Toller es visitado por una de sus feligresas, Mary, quien le pide que hable con su marido, Michael, un activista medioambiental que quiere que ella aborte del niño que espera, para que no tenga que pasar por las penas venideras de un mundo apocalíptico. Toller se implicará entonces con la pareja, aunque los acontecimientos se precipitarán...

Tiene El reverendo altura argumental: su tema, además de la culpa que corroe al protagonista por abocar, sin quererlo, a la muerte a su hijo, es sin duda cómo el ser humano, y aún más, el ser humano cristiano, puede asistir impasible a la destrucción sistemática que nuestra estirpe está llevando a cabo sobre su hogar, el planeta Tierra. Esa divergencia entre lo que se predica y lo que se hace, y aún más cuando el protagonista se percata de que, como siempre, son los grandes poderes económicos los que, suicidamente, están detrás de ese fenómeno autodestructivo, será la mecha que prenda en la acongojada alma del pastor para que este dé pasos hacia un acto atroz, en el que, como siempre, pagarían justos por pecadores y, por supuesto, no se detendría la devastación terráquea.

El problema estriba en que el salto que da el pastor que se culpa por ser el responsable indirecto de la muerte de su hijo, para convertirse en el activista que gesta sordamente una venganza sin nombre (no destripamos nada: está en el tráiler...), no está suficientemente argumentada, no resulta convincente ni coherente; no creemos verosímil un triple salto mortal de estas características, un hombre de Dios que, en un pispás, deviene en fundamentalista medioambiental.

Es cierto que hay razones que pueden dirigir al predicador en esa dirección, como su enfermedad, su afinidad con el marido de Mary (y sobre todo con ella, encinta del que puede ser el hombre futuro, la esperanza del género humano), su profundo asco por la forma en la que el dinero todo lo bastardea, incluso el de aquellos que se dan golpes de pecho, de tan creyentes que son, pero no dudan en sojuzgar a sus prójimos, en coventrizar el hogar terráqueo que nos ha sido cedido en usufructo, no en propiedad. Pero, me temo, no es bastante para justificar tal pirueta conductual.

Por lo demás, estamos ante un film elegante, solemne en su pausado ritmo, en sus paisajes nevados, una Nueva York de periferia campestre, donde no se ve ni un solo rascacielos, otra ciudad no visible para los turistas, la de gente de a pie en casas de madera, impecable, majestuosamente filmadas por un “first class” como Schrader, en un drama doliente, de personajes que sufren, en una historia donde el blanco de la perenne nieve y el negro de la sotana del predicador y del atrezzo lo llenan todo. Film ascético, de graves diálogos no aptos para sobremesas sesteantes, generalmente más de corte humanista que teologal, El reverendo termina siendo un film interesante que podría haberlo sido aún más a poco que Schrader hubiera matizado mejor la evolución de su protagonista, en una historia contada de manera clásica, sin aspavientos, una historia despojada, plena de austeridad y filmada con un minimalismo humanista.

Con alguna escena que impacta por su osadía formal y su ruptura argumental con la clave realista en la que está rodado (esa levitación...), sin embargo me temo que El reverendo no rescatará a Paul Schrader del marasmo de los cineastas malditos, a pesar del esforzado trabajo de un Ethan Hawke que nos ha gustado bastante, lejanos ya los años en los que era una joven promesa. Amanda Seyfried se despega de los papeles de jovencita romántica en los que se ha visto encasillada con demasiada frecuencia, y demuestra un voltaje dramático interesante.

En el funeral de uno de los personajes (que no se puede desvelar so pena de incurrir en “spoiler”) canta el coro, como si fuera de una tragedia griega, “quién se levantará y salvará la Tierra”, el hermoso, melancólico verso de Neil Young: pues eso, quién se levantará...


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113'

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El reverendo - by , Oct 05, 2018
2 / 5 stars
¿Quién se levantará y salvará la Tierra?