Película: La casa de las dagas voladoras Ang Lee, el cineasta taiwanés más universal, hizo en el año 2000 una sentida reivindicación del cine de artes marciales orientales en Tigre y Dragón. Su éxito, tanto de taquilla como de público, ha animado al cineasta chino más internacional, Zhang Yimou, a explorar esa veta, lo que ya hizo en Hero, también con gran acogida de crítica y público, y ahora de nuevo con esta La casa de las dagas voladoras. Otra vez el director chino vuelve a deslumbrar por la belleza de sus imágenes. Esta vez sitúa la historia en la China clásica, en el año 800, con un gobierno corrupto y una hermandad, las Dagas Voladoras, que se opone frontalmente a esa despótica autoridad. Dos policías emboscan a una sospechosa de pertenecer a la hermandad proscrita. Fingen la fuga de la chica de la prisión, a manos de uno de los polis, para hacerse de su confianza y que les guíe hasta sus hermanos de secta, pero pronto nos daremos cuenta de que las cosas no son como parecen.

La casa de las dagas voladoras es, desde luego, un filme de acción, con hermosas escenas de lucha oriental coreografiadas como si de espectaculares bailes se tratara. Zhang realiza un trabajo espléndido en todas ellas, resultando especialmente brillante en la que se desarrolla en el bosque de bambúes, un prodigio de originalidad, composición cromática y acrobacia. De hecho todo el filme está bellamente cincelado con una paleta de colores que ya es legendaria en el cine de su autor: los tonos bermejos de Sorgo rojo y La linterna roja, los azules de Semilla de crisantemo... Aquí predominan el ocre de los campos de otoño y el verde de los bambúes. Pero la película es, también, una hermosa historia de amor a tres bandas: el "outsider", introducido como topo en la Policía, profundamente enamorado de su novia; ésta, amada pero no amante, que aprenderá a querer a su inesperado benefactor; éste, un donjuán de la época, que se sentirá arrastrado por algo más que la pasión física que habitualmente le despiertan las mujeres, para conocer el auténtico, devastador amor bajo los ropajes de su no tan inocente compañera de fuga.

Lástima que escenas bellísimas, como la del bosque de bambúes, o la inicial del baile de la supuesta ciega ante el capitán de la Policía, parezcan embriagar a Zhang, hasta el punto de que en el último tramo del filme "se pasa de rosca" en su búsqueda de la hermosura. Esos planos finales con los componentes del trío amoroso luchando extenuados sobre la nieve ensangrentada resultan ya excesivos, chirriantes, como si se hubiera pasado de la sensibilidad a la sensiblería, que no es lo mismo. No estamos, desde luego, ante la obra maestra que algunos han querido ver, aunque sí es una película muy válida, que reivindica el papel seminal del cine de luchas orientales, tan menospreciado (casi siempre con razón, es cierto), pero con el que se pueden hacer buenas historias como ésta, aunque los actores sean penosos, y aunque en el camino Zhang haya perdido su veta rebelde para entrar en un cine más comercial y menos combativo contra el poder establecido en China. Claro que también podría interpretarse la resolución final como el triunfo del derecho individual de cada persona sobre el de la colectividad, algo con lo que me parece no deben estar muy de acuerdo los tiránicos jerarcas del Partido Comunista Chino... ¡Ay, Zhang, que te veo otra vez en el ostracismo!

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120'

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La casa de las dagas voladoras - by , Feb 17, 2005
3 / 5 stars
Embriagadora belleza visual