Película: La senda de los elefantes

William Dieterle fue un cineasta alemán, de etnia judía, que empezó a hacer cine en su país de origen todavía en la época muda, en 1923. A raíz de la deriva antisionista que tomaba su patria a partir de los años treinta, en 1931 emigró a Estados Unidos, donde se aclimató pronto y prosiguió su carrera como director, incluso nacionalizándose en 1937. A finales de los años cincuenta volvió a Europa, donde haría ya la gran mayoría del resto de su obra, hasta morir en 1972.

Dieterle no fue un gran director, pero sí uno de esos seguros realizadores que cimentaron el prestigio de Hollywood, un buen profesional que rodaba con facilidad y solvencia cualquier proyecto que se le encargara. No tiene grandes títulos en su filmografía, pero sí películas muy decentes, generalmente irreprochables técnicamente hablando.

Es el caso de esta La senda de los elefantes, drama de corte exótico, entreverado de aventura y con notas románticas, parcialmente rodado en escenarios naturales (otros eran muy artificiales, “cantando” notablemente el cartón-piedra y el atrezzo) en la entonces Ceilán, hoy Sri Lanka, en la época en la que la isla era aún colonia británica.

La acción tiene lugar inicialmente en Londres, donde conocemos a Ruth, una joven y bonita dependienta de una librería, que ha ennoviado con John Wiley, un inglés asentado en Ceilán, donde posee importantes propiedades en terrenos, plantaciones y edificios. Cuando casan y se trasladan a Ceilán, Ruth comprobará pronto que las cosas en aquel país no son como ella esperaba, y que además su marido muestra su verdadero rostro, torvo, maniático y hosco, siempre pendiente de preservar la severa tradición que le legó su rígido padre, ya difunto. Cuando aparece otro hombre, Dick, que la corteja, Ruth tendrá sus dudas...

Se pueden rastrear en el film algunas referencias cinéfilas que parecen evidentes: quizá la más clara sea la creación de una atmósfera en la que un personaje muerto reina sobre los vivos con su presencia intangible, un poco a la manera que hacía Hitchcock en Rebeca (1940); en este caso será la figura del padre del protagonista la que se enseñorea de la mansión de la pareja, como si fuera otro personaje más. También es llamativa la presentación de la protagonista, Ruth, como una intrusa en terreno ajeno, que no conoce las costumbres ni las gentes del lugar, como le ocurría a Ingrid Bergman en Stromboli (1950), de Rossellini.

Como señas de identidad de la época en la que está rodada, mediados de los años cincuenta, cuando no había mucha conciencia ecológica que digamos, la naturaleza aparece (fundamentalmente representada aquí por los elefantes) como un peligro para los seres humanos, como algo negativo para el hombre, en vez de la tierra en la que nuestra especie y las restantes que habitan el planeta deben convivir en armonía.

Film entretenido, su tono exótico y sus amores a tres bandas (de los que la Censura española, en su momento, aligeró de besos y achuchones entre Ruth y Dick, como se puede comprobar por el diferente doblaje de algunas escenas de castos roces entre los que quisieran ser amantes), así como sus vistosas escenas de acción y aventura, con el ataque de los elefantes a la mansión construida (con un tino inmenso...) justo en medio de su secular camino, La senda de los elefantes queda como la agradable historia de tintes moderadamente colonialistas que gustaba en Hollywood en aquellos tiempos.

Elizabeth Taylor, curiosamente, no fue la primera elección para el personaje central, sino Vivien Leigh, pero la enfermedad de esta hizo que Paramount se decantara por la gran Liz, que está muy en plan diva. Dana Andrews y Peter Finch se disputan a la bella, a la antigua usanza; nos gusta más Andrews, que siempre fue más carismático que Finch, un poco sobreactuado casi siempre.


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103'

Año de producción

La senda de los elefantes - by , Jul 03, 2018
2 / 5 stars
Exótica, aventurera, romántica