Película: Ladykillers Los hermanos Joel y Ethan Coen forman parte hace tiempo de la reducida élite de cineastas norteamericanos de solvencia contrastada. Pero ello no quiere decir que siempre den en el clavo. Lo hicieron, y de qué manera, en filmes como Muerte entre las flores, Fargo, El gran Lebowski y Crueldad intolerable. Pero a veces estos hijos de Minnesota tienen "pájaras" creativas, y entonces es el momento de O brother, El gran salto o El hombre que nunca estuvo allí. Y no es que éstas sean películas carentes de interés, sino que se ve a la legua que la falta de contenido es engullida por el estilazo que se gastan estos "niños terribles" del cine USA. Es cierto que existe un "estilo Hermanos Coen", pero también que a veces es su peor enemigo, cuando tienen poco (o nada...) que decir, y lo solucionan a base de envoltorio sin meollo.

En Ladykillers (cuánto mejor haberlo llamado con el viejo y buen retítulo español de la versión de los años cincuenta, El quinteto de la muerte) versionan una estupenda película británica de Alexander Mackendrick, una de las últimas producciones de los Ealing Studios de Michael Balcon, y, desde luego, se puede decir que los Coen se han quedado en la carcasa: aunque la versión es muy libre, se mantiene el espinazo original: cinco delincuentes de poca monta, guiados por un excéntrico (por no decir cursi y pedante) petimetre, perpetran un robo, en este caso en un casino flotante (en el original era a un furgón blindado), y todos ellos irán encontrando la muerte de carambola, aunque siempre relacionado ese azar con su patrona, una anciana negra que les acoge de alquiler en su casa.

Pero el humor está tan trabajado que desaparece la sensación de espontaneidad que debe regir la buena comicidad, fiando demasiado los Coen en las dotes histriónicas de un Tom Hanks que se pasa tres pueblos en su caracterización, con una gesticulación teatralizante, y no digamos nada del resto: el negro bocazas, el prusiano reglamentista, el oriental impasible, el bruto que ni siquiera es noble... Y, al fondo, la típica vieja negra del profundo sur norteamericano, a años luz de la ancianita venerable (y estrangulable, es cierto) del original británico. Y para remate de los tomates, los Coen parecen perder los papeles con la repetitiva forma de desembarazarse de los cadáveres, sobre la barcaza que transporta la basura a lo largo del Mississippi, que termina siendo estomagante a fuer de reiterativa. No es éste el buen cine a que nos tienen acostumbrados los hermanos Coen, quienes, por cierto, firman por primera vez juntos como codirectores: hasta ahora Ethan se había reservado sólo como guionista y productor. Claro que, a la vista del "éxito" de este su primer largo por derecho como realizador, a lo mejor se lo piensa para el futuro...

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100'

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Ladykillers - by , Jun 03, 2004
2 / 5 stars
Excesiva teatralidad