Película: Los nuevos españoles


En la Historia del Cine Español, la película Los nuevos españoles se sitúa en el periodo histórico/político denominado “tardofranquismo", y se inscribe en el segmento catalogado en su momento como “tercera vía"; pretendía esta modalidad ofrecer un cine alternativo situado entre el “comercial” y el “de autor”.

En opinión del productor, José Luis Dibildos, se trataba de patentar una fórmula que aunara la calidad con el rigor y el tono popular con la perspectiva crítica; una especie de "cine de clase media" que pudiera mostrar a los españoles su realidad social y les invitara a reflexionar sobre ella.

Roberto Bodegas, el director, organiza un discurso cuyo asunto es el cambio social, empresarial y personal producido en la España de los sesenta/setenta del siglo XX, con la llegada de las multinacionales; el género elegido es la comedia dramática y el modo de resolución la fórmula coral.

Hogar, oficina, calle es la tríada sobre la que se organiza la geografía ambiental. En su conjunto, una parábola sobre el advenimiento de la sociedad de consumo donde la transformación física y psicológica del individuo se pone al servicio de la sociedad neocapitalista y, de una forma u otra, tiende a convertirlo en su esclavo.



La narración se sirve de un montaje donde el hábitat del oficinista español, trabajador de la aseguradora “La Confianza”, alternará con los resabios enseñados por la multinacional “Bruster". El contraste entre tan diferentes formas de entender el oficio, remite a un duelo donde, ante la imposibilidad de haber españolizado a America, debe admitirse la necesidad de americanizar España.

El único teléfono de la primitiva oficina será progresivamente reemplazado por una pluralidad de medios audiovisuales, televisión, cine en 16 mm, magnetófono, que funcionarán como persuasores y colaboradores de las técnicas psicológicas, entre ellas, enfrentarse al espejo o interpretar el mimodrama; unas y otras conseguirán el milagro del nuevo hombre.

Y es que la doctrina capitalista, como nueva religión, tiene en Harry un demiurgo terrenal que hace milagros sobre su feligresía y en Amanda una sacerdotisa dedicada a bautizar en la nueva fe a las cavernícolas esposas españolas. Así, la nueva familia creerá firmemente, como el lema de los mosqueteros, que son "Todos para la Bruster y la Bruster para todos".

Sólo Teo, el más europeizado por avatares de la emigración, será consciente de a quién sirve y a dónde lleva "el cambio"; Pepe pierde poco a poco su fe de neófito en temperamental reacción a la incontrolada euforia de su mujer; a Sinesio, el infarto le impedirá percatarse oportunamente, y D. Luis obedecerá como un niño las consignas morales y físicas de sus superiores.

Todos han padecido en sus carnes los cilicios de la nueva empresa que obliga a llevar alzas a los bajos, fajas a los gordos, lentes a los miopes... Procedimientos unos, procedimientos otros que suponen "sangre, sudor, lágrimas... y, al final, victoria"; “Harry, el sucio" se ha guardado mucho de nombrar la muerte, tan presente en el último tramo de la película.

El estrambote, un enfático plano de mujeres enlutadas, aporta un segundo final sobrepuesto al, aparentemente, victorioso; tras el premio de un viaje a Denver (Colorado) por haber sido los mejores vendedores, parece que había algo más. El didactismo de esta secuencia condiciona tanto la reflexiva lectura final y global del espectador como evidencia el subrayado último que el autor efectúa en un mensaje no exento de connotaciones morales.

¿Toma partido Bodegas entre el alegre anarquismo del buen salvaje español y los adoctrinamientos mercantiles que tanto despersonalizan como deshumanizan al paisano? La ambigüedad del mencionado final permite, al menos, una interpretación: la destrucción de la idiosincrasia y la privación de la humanidad sólo conduce al fracaso personal; y es que la importación de procedimientos no parece suficiente a la hora de modificar una sociedad y reconvertirla.

El carácter sainetero, caricaturesco a veces, enfoca a los españoles; la crítica, por el contrario, parece aplicarse a los invasores, al menos a sus métodos de marketing y homologación de los humanos. La música subraya debidamente tales aspectos.

El contestador automático de Pepe y Ana, la peluquería que Aurora convierte en despacho para su “brusterman”, la “nurserie” para los niños, son signos externos de una nueva clase social pero, al tiempo, referentes de cómo se han efectuado ciertos tipos de transformaciones sociolaborales en España.

Puede criticarse a los guionistas la limitación y parcialidad a la hora de ofrecer una más amplia estructura donde se mostraran tanto los condicionamientos sociales como las posibles relaciones de clase. Pero no es poco ofrecer una nueva variante sobre el tema de la "ilusión americana" en España, interesante continuación del berlanguiano Bienvenido Mr. Marshall.



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88'

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Los nuevos españoles - by , Feb 26, 2013
3 / 5 stars
Las multinacionales y sus efectos colaterales