Película: Los puentes de Madison

Curtido en mil batallas, westerns y policíacos de acción, pocos hubieran apostado hace sólo diez años por que Clint Eastwood pudiera ser algo más que Harry el Sucio; sin embargo, una persistente carrera como director que ha ido añadiendo, en los últimos tiempos, un título tras otro de cada vez mayor fuste, ha situado a Eastwood donde le corresponde, en el lugar de honor de un cineasta clásico que se atreve ya con todos los géneros y que los resuelve con la personalidad que muchos críticos cegatos le negaron años ha.


Los puentes de Madison confirma que el Eastwood director también está dotado para el drama romántico, como lo estaba para el postwestern flamígero de Sin perdón, el drama existencialista de Bird, el western taumatúrgico de El jinete pálido o el drama filoindígena de Cazador blanco, corazón negro. Basándose en el "best seller" de Robert James Waller, Eastwood hace bueno el dicho de que de malas novelas se pueden conseguir grandes filmes. En sus manos, esta historia de talludito fotógrafo del National Geographic que realiza un reportaje sobre los puentes techados del condado de Madison, en Iowa, durante el que conocerá a una madura madre de familia circunstancialmente sola por el viaje de su marido y sus hijos, alcanza pronto cotas de sutileza difícilmente igualables.


El enamoramiento de estos dos seres más allá de los ardores hormonales de la adolescencia se nos da calladamente, paso a paso, como algo natural y a la vez tan difícil en una mujer cuya vida sigue una senda marcada desde hace años, una senda que no podrá, finalmente, dejar de andar con el marido al que quiere, aunque no tenga el más mínimo atisbo de pasión; a los hijos que adora, aunque sólo sea para ellos la madre que un día abandonarán para emanciparse; tiene una vida gris, pero se le plantea la posibilidad de un breve tiempo de fulgor, de brillo deslumbrante.


En una escena bellísima, casi al final de este delicado tapiz romántico que es Los puentes de Madison, la mujer tendrá su última oportunidad durante el tiempo que dura un semáforo en rojo, para escoger entre una vida simple y un destello efímero. Obra melancólica, nostálgica pero bellísima, nos reconcilia con el concepto de cine romántico que no significa cine pastelero, como con demasiada frecuencia, hoy día, se ofrece al cinéfilo.


 


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Duración

135'

Año de producción

Los puentes de Madison - by , Feb 14, 2018
5 / 5 stars
El amor es un semáforo en rojo