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El cineasta catalán Oriol Paulo (Barcelona, 1975) se está convirtiendo en todo un especialista del cine de intriga, del thriller que gusta de los giros de guion, buscando mantener en permanente vilo al espectador. Sus títulos anteriores, El cuerpo (2012), y sobre todo Contratiempo (2016) y Durante la tormenta (2018), ambas todo un éxito comercial… ¡en China!, han sido brillantes artefactos de misterio que jugaban con enrevesadas tramas en las que el público podía perderse con tanto golpe de timón argumental, pero que, en general, resultaban agradecidos de ver por el tono de tensión que Paulo imprime a sus intrigas.

El guionista y director barcelonés recurre por primera vez a un texto ajeno, mientras que hasta ahora había trabajado con libretos cinematográficos propios de él y su habitual colaboradora, Lara Sendim. Ahora Paulo adapta a la pantalla la novela de Torcuato Luca de Tena Los renglones torcidos de Dios, publicada por Austral en 1979, y que conoció ya una adaptación anterior, con igual título, dirigida en 1983 por Tulio Demicheli, con nacionalidad mexicana. Por cierto que llama la atención el hecho de que se versione ahora a Luca de Tena, uno de los escritores de la época del franquismo del que el cine español se ha olvidado absolutamente.

Se entiende lo que ha interesado a Paulo de la novela de Luca de Tena, dado que ésta presenta una percutante intriga donde verdad y mentira son presentadas en las páginas del libro (aquí ya en la pantalla) de forma alternativa y a veces incluso simultánea... La historia se ambienta en el 1979 de publicación de la novela: conocemos a Alice Gould de Almenara, detective privada que se va a internar voluntariamente en un sanatorio psiquiátrico para investigar la muerte del hijo de un cliente, muerte que se dio a conocer como suicidio, pero sobre lo que el progenitor tiene muchas dudas y quiere llegar al fondo de la cuestión. Alice, a la que todos llaman en el sanatorio Alicia, se infiltra entonces como una paciente más, teóricamente con la connivencia del director del centro, el Dr. Alvar, que sin embargo resulta estar de vacaciones cuando ella llega. En su estancia en el sanatorio la detective intenta recopilar información sobre lo que sucedió la noche en la que apareció muerto el hijo de su cliente; conoce de esta forma a varios pacientes, haciendo amistad con algunos de ellos, como Ignacio, que parece perfectamente cuerdo, aunque su dolencia es el miedo irracional al agua…

El tema del infiltrado en un establecimiento psiquiátrico tiene algunos ilustres antecedentes, desde la famosa Corredor sin retorno (1963), del gran Sam Fuller, a la aún más popular y oscarizada Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), de Milos Forman, con Jack Nicholson, siendo un tema que da mucho juego por la confrontación entre las personas enfermas y las (teóricamente) sanas, en films que, generalmente, nos hacen ver que unas y otras no están demasiado alejadas (a veces nada alejadas…).

Lo cierto es que la versión de Paulo funciona razonablemente bien como una intriga  que semeja un campo de metafóricas minas que van estallando por el camino, para que el espectador llegue casi al final del film sin saber si la investigadora privada es lo que dice ser, u otra cosa (sobre lo que no se debe comentar mucho…). Es cierto que el cine de Paulo, aparte de una brillantez un tanto efectista, se caracteriza por su tendencia a la trampería, a engañar al espectador para pastorearlo como mejor le conviene al director y sus guionistas. Nada que objetar, desde luego: este tipo de cine industrial puede (y, sobre todo, debe…) dar espectáculo, amenidad, incluso generar un punto de ansiedad en el público que será la comprobación de que el objetivo se está cumpliendo.

Así las cosas, es verdad que hay otros productos de intriga más redondos, menos artificiales que éste, en los que los giros de guion no están tan pillados por los pelos, en los que las incoherencias están reducidas al mínimo. Dicho lo cual, insistimos en que bienvenido este cine comercial que no se avergüenza de serlo, e incluso alardea de ello, un cine que busca lícitamente dos horas y pico de entretenimiento adulto en el que, en general, no se le toma el pelo al espectador.

Paulo, procedente del mundo del guion, ha ido puliendo su estilo como director a lo largo de sus últimos audiovisuales, los largos antes citados y la miniserie El inocente, siendo ya un fiable realizador que pone en escena con solvencia y rigor, aunque no sea precisamente ni muy personal ni tenga ribetes de artista o autor. A la buena factura contribuye la matizada fotografía de Bernat Bosch, que juega hábilmente con el color blanco de los sanatorios mentales, y la inquietante música del vasco Fernando Velázquez, perito en “scores” de films de intriga y terror.

Como siempre, chapó para Bárbara Lennie, que lo hace todo bien, y para el que un personaje poliédrico como este supone un auténtico bombón. Eduard Fernández y Pablo Derqui, ambos excelentes actores, están ajustados a sus papeles, aunque en el caso del primero lo hemos visto quizá menos implicado que en otras ocasiones, tal vez porque su personaje es muy ambiguo y resultaba difícil conseguir el tono exacto. La malagueña Adelfa Calvo tiene un papelito de poca monta, pareciéndonos sinceramente que aquí está desperdiciada.

(12-10-2022)


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154'

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Los renglones torcidos de Dios - by , Oct 12, 2022
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Verdad o mentira