Película: Miguelín Si de desolador ha podido calificarse hasta hace muy poco el panorama del cine español con todos los defectos que conocemos, dicho panorama no es imputable del mismo modo al cine infantil, por la razón sencilla de que éste no ha existido en nuestra patria. Hasta ahora hemos producido --y parece que en exclusiva, porque tal proliferación no se conoce en ningún otro país-- un “cine con niños", porque únicamente el estar interpretado por ellos es lo que puede darle tal calificativo. Nada más lejos de la realidad por cuanto han sido realizadas más con vistas a los mayores que al público infantil. Pero los Joselitos, Marisoles y todos los niños cantores, están ya lo suficientemente atacados y despreciados como para que nuevamente nos ocupemos de ellos.

Mejor será hablar de lo positivo que pueda haber en el problema. Respecto a la producción, digamos que si en un plazo breve no se crea un cine apropiado a los menores, la televisión sabrá atraerse a los pequeños espectadores y no sólo como decimos por comodidad, sino por la novedad que ahora representa el televisor y muy especialmente porque dos o tres días a la semana el consumidor infantil tiene asegurada una cita con sus nuevos héroes, mientras que los programas tolerados escasean en los cines. "Arcadia Films" es la productora de Miguelín; por haber abierto brecha con esta película merece ser tenida en cuenta. En segundo lugar, la necesidad de que el exhibidor sepa organizar la programación de modo que no agobie ni fatigue a los pequeños espectadores en cada una de las sesiones. A título de ejemplo hagamos saber que la proyección de Miguelín iba acompañada de los siguientes cortos: "No-Do", "Tom y Jerry", "Imágenes" y "Documental sobre el Parque Sindical", todo lo cual ocupaba casi una hora de proyección... ¡Y antes de la película base! ¿Con qué grado de cansancio tendrán que "soportar" el film para el cual se han desplazado al cine? Todo el cuidado que tuvo Valcárcel de poner los títulos de crédito al final de la película para que el niño se interesara desde el primer momento y no fatigarle con cosas que para éste resultan sin interés, se lo ha "cargado" este exhibidor, que no se daba cuenta para quién estaba proyectando esa semana. Indudablemente no será él el más adecuado para montar una sala especializada en proyecciones infantiles.

Miguelín es la primera obra de un diplomado del I. I. E. C.: Horacio Valcárcel. Ante todo, debemos reconocer en el autor dos cosas: humildad y audacia. La primera, porque cuando se acaba en este Centro se suelen tener “cosas que decir” y suelen incluirse en la "opera prima"; los recién salidos esperan hacer la película que les define; ahora, se demuestra una vez más que no se puede estar aguardando la oportunidad despreciando guiones que no interesan. Audacia, la que supone enfrentarse con un tipo de cine del que no hay tradición ni precedentes, lo que equivale ir a campo descubierto y haciendo una obra para alguien que no se conoce demasiado bien. El propio Truffaut ha afirmado: "Estoy un poco fuera del cine para niños". El guión de Miguelín está inspirado en la obra homónima de Joaquín Aguirre Bellver. Miguelín vive con su abuela y es dueño de un burro; a pesar del cariño que le tiene se ve obligado a venderlo para ayudar con su limosna a un anciano pobre; tras algunas peripecias el asno vuelve junto a Miguelín, mientras el pueblo sale en procesión de rogativas pidiendo lluvia para el campo. Estamos lejos de niños que cantan y niños "vicentes” como los que estamos acostumbrados a ver. El film refleja las preocupaciones de un niño, preocupaciones e inquietudes que pueden ser las de muchos niños: ser monaguillo, cazar, tener un gato o un burro, montar en bicicleta, tocar la campana o hacer preguntas como: ¿qué es ser egoísta?

Sin ser una película "a priori" educativa, es decir, que haya sido planteada con esta única misión, el film (que exalta la caridad con el prójimo y el amor a los animales) cumple la doble finalidad de las películas educativas: distraerlos educándolos y prepararlos para que lleguen a ser espectadores de cine inteligentes. Miguelín creo que está vista desde el punto de vista del niño; hay una realidad: lo cotidiano, el trabajo, su vida con la abuela, los juegos con los compañeros...; hay también un sueño: conseguir la felicidad, no precisamente a base de grandezas, sino de pequeñas ilusiones: unas botas para el sacristán, un pollo que no se acaba nunca para un hombre sin comida, un globo para el niño del tendero (poca cosa porque ése lo tiene "todo", es decir, la máxima ilusión de un niño de un pueblo: una bicicleta): hay, por último, una mezcla de realidad-sueño que es hacer feliz a los demás. De modo que los amores de Miguelín serían: su burro, el prójimo y su abuela (en el orden de preferencia en que quieran colocarse.)

La recomendación de las expertas en “cine para niños” Mary Field y Sonika Bó ha sido bien empleada: mostrar en las películas historias que ofrezcan una actitud positiva respecto de la vida, más bien que una actitud pasiva. Horacio Valcárcel ha tenido los siguientes cuidados al realizar su película: carencia de excesos de lances emotivos y de técnica, pues no está el pequeño acostumbrado a lo trágico como tampoco a la elipsis y al montaje. Los temas de carácter irreal (sueño de Miguelín) han sido rodados en color, mientras el blanco y negro se utiliza para lo real; los títulos de crédito están al final de la cinta, por lo ya apuntado anteriormente. Todo ello denota que mientras se realizaba el film se pensaba en el público para quien iba dirigido. Lo cual ya es algo.

(Este comentario crítico se publicó en el número 171 de la revista Film Ideal –Madrid-- el 1 de julio de 1965).


Dirigida por

Género

Nacionalidad

Duración

66'

Año de producción

Miguelín - by , Jan 13, 2013
3 / 5 stars
Cuento para niños