Pelicula:

Es curioso cómo algunas películas que se constituyen en fenómenos sociales pueden abrir vetas que otros siguen, y a su vez un éxito de esos epígonos pueden producir otras secuelas: es una cadena en la que, aun con referencias del primero de esos fenómenos sociales, ya hay otra serie de elementos que las diferencian, aunque ello no quiere decir que por eso sean mejores de lo que realmente son.

Algo de eso ocurre con esta Perdiendo el este, que es una secuela declarada (con buena parte del elenco artístico original, mismos guionistas y productores, incluso una historia que enlaza con la primera) de Perdiendo el norte (2015), uno de los éxitos taquilleros de aquel año, que a su vez produjo ya una variante televisiva, la serie Buscando el norte (2016), y que, por supuesto, debe su génesis al inenarrable éxito que un par de años antes consiguiera Ocho apellidos vascos (2014), de Emilio Martínez-Lázaro. Perdiendo el norte recaudó más de diez millones de euros, en una industria en la que con más de tres millones ya se habla de éxito, así que estaba cantado que habría, como las ha habido, secuelas, continuaciones y ya veremos si “remakes”.

De aquel film, Ocho apellidos vascos, sobre las paradojas que se daban en la coexistencia de euskaldunes y andaluces (choque de culturas, podría denominarse) bebe este Perdiendo el este, como lo hacía también Perdiendo el norte. Como aportaciones más o menos novedosas en el filón estaría el hecho del que el protagonista no es el típico guaperas (Dani Rovira en “los apellidos”, Yon González en “el norte”), sino alguien que encaja más en el perfil del pagafantas, un Julián López que es una de las mejores bazas del film, ciertamente un actor dotado para la comicidad al que, sin embargo, alguna vez nos gustaría verlo en un papel dramático.

La acción se desarrolla en una populosa ciudad china, a la que se ha trasladado Braulio, uno de los protagonistas de Perdiendo el norte. Biólogo, opta a una plaza en una universidad, pero el mal manejo del idioma local le supone perderla; así las cosas, en un momento dado, a la desesperada, decide intentar ligarse a una china para casarse con ella y así hacerse con el visado que le permita mantenerse en el país asiático, para no tener que volver al triste destino de vender tornillos en la ferretería de su padre en España. Pero a la china, hija de un acaudalado magnate, resulta que también le conviene tener un pretendiente para quitarse de encima los moscones que la cortejan. Ambos, sin saberlo, colaborarán en la estratagema del otro, aunque ya se sabe que Cupido es imprevisible...

Perdiendo el este tiene entonces elementos del choque de culturas, con españolito que no tiene ni idea de la civilización china, enfrentado a un entorno que se le hace por ello hostil, además de a una chica asiática que, aunque domina el español, está fuertemente enraizada en sus costumbres milenarias; también juega con la fórmula del “chico-encuentra-chica, chico-pierde-chica, chico-recupera-chica”, que es vieja como el mundo, pero suele funcionar (bueno, más o menos...); aporta, como decimos, que el muchacho de la peli sea un pagafantas total, con lo que la verosimilitud del enamoramiento de la china ricachona queda un tanto en entredicho, aunque es cierto que el amor es ciego (y con frecuencia oligofrénico, sí...); no le hacen ascos en la película tampoco a lo que los anglosajones llaman humor del “nonsense” o humor tonto, incluso al “slapstick”, la comicidad generada por la patada en el culo o el tartazo en la cara (en este caso, los “tortazos” en la cara), típica del cine mudo.

Pero lo cierto es que toda esa confluencia de modelos de humor no terminan de cuajar en un producto creíble, sobre todo porque los gags cómicos son de poca entidad, jugando con demasiada frecuencia con la vieja fórmula de las afirmaciones categóricas que, en la siguiente escena, se han desbaratado totalmente, o con los chistes malos o los personajes que no se sostienen. El director, Paco Caballero, además de fogueado en mil y un spots publicitarios, ha hecho hasta ahora sobre todo cortos y algunas series para TV3, así que no domina todavía demasiado el “timing” del largometraje de ficción. Tampoco el guion, de los mismos de Perdiendo el norte, es precisamente eximio.

Así las cosas, nos quedamos con algunos elementos periféricos, como los chistes malos sobre chinos del personaje de Miki Esparbé, en un rol desarmantemente estúpido que, inopinadamente, resulta gracioso en su estulticia, o el desparpajo del personaje turco (en la realidad el actor marroquí-belga Younes Bachir, afincado en el cine español desde hace años) y su rara capacidad para descoyuntar graciosamente las frases hechas del castellano. Pero el conjunto es previsible, el humor nos llega a cuentagotas y, aunque si tiene éxito nos tememos que dentro de un par de años tendremos un “Perdiendo el Oeste” (con los mismos memos en los USA), lo cierto es que esta nueva comedia no consigue unos mínimos estándares de calidad ni termina por conseguir plenamente su objetivo, que no debe ser otro que provocar unas risas en el respetable y facilitarle hora y media de entretenimiento, sin más.

En el reparto, aparte de López, que está muy en su papel, Esparbé, que hace un tonto muy tonto, y Bachir, que resulta fresco y gracioso en su horrible manejo del español, nos quedamos con un Edu Soto que resulta a ratos descacharrante en su personaje de medio andaluz, medio catalán, y con algunos de los habituales secundarios de la comedia española de este siglo, Carmen Machi, Leo Harlem y Javier Cámara (aquí en un cameo, aunque Javier ya se sabe que está acostumbrado a jugar en otras ligas de mayor fuste...). Eso sí, todos están como un tanto hiperrevolucionados, como si el director les hubiera conminado a la sobreactuación: y es que el humor más endeble (con permiso del marrón, que está después del último...), es sin duda el de la gesticulación desmesurada, el que fía su comicidad en causar gracia con tics, gestos o voces destempladas.


Perdiendo el este - by , Feb 18, 2019
1 / 5 stars
Pagafantas en China