Película: Sonata de Otoño

Esta película se ha podido ver en el ciclo que Cinesur Nervión Plaza (Sevilla) dedica al director sueco Ingmar Bergman, con ocasión del centenario de su nacimiento.

La década de los setenta supuso para Ingmar Bergman la cima y la sima en su carrera. La cima, porque rodó algunas de sus mejores obras audiovisuales, desde la desgarradora Gritos y susurros a la analítica Secretos de un matrimonio, desde la tremenda Cara a cara a esta no menos dura Sonata de Otoño. Pero los setenta también fueron los años en los que sufrió el calvario de un grave problema con la Hacienda de su país, que le llevaría al exilio, fuera de su hábitat natural, donde rodó algunos de sus films menos personales, como El huevo de la serpiente o De la vida de las marionetas, además de ocasionarle un serio problema de salud que le hizo recluirse durante algún tiempo en un sanatorio psiquiátrico.

Sonata de Otoño fue una de las últimas películas que Bergman se vio obligado a rodar fuera de su país, pero en este caso tanto el entorno geográfico (Noruega, tan parecido a su Suecia natal), como la temática (universal, las relaciones, no siempre plácidas, entre madre e hija), así como los personajes y los intérpretes (todos ellos suecos, y casi todos habituales en sus películas), le permitieron hacer una obra muy personal.

Península Escandinava, hacia los años setenta del siglo XX. En una pequeña vicaría viven Eva, mujer alrededor de los cuarenta, con su marido, Viktor, que es el pastor de la pequeña parroquia, y la hermana de Eva, Helena, con una grave discapacidad física que la mantiene postrada en cama. Eva escribe a su madre, Charlotte, famosa concertista de piano, para que pase unos días con la familia. A su llegada, la madre se muestra extremadamente amable con Eva, pero las cosas empiezan a cambiar cuando se entera de que su hija se ha llevado a vivir con ella a Helena, sacándola de la residencia donde Charlotte la había ingresado años atrás...

Como una exquisita pieza de cámara, Sonata de Otoño se conforma de forma cuasi monográfica alrededor de dos personajes, madre e hija, con los elementos adláteres, en absoluto banales, del marido de la segunda, y de la hija y hermana, respectivamente. Sobre esas cuatro personas, pero sobre todo la madre y la hija, reposa toda la historia, una historia de resentimiento y desdén, el de una hija que se ha sentido preterida desde su infancia por una progenitora excelsa, un mito en su profesión de pianista, cuya carrera postergó todo lo demás: la hija mediocre que la admiraba secretamente pero sabía, en su fuero interno, que jamás alcanzaría su gloria; la otra hija, progresivamente discapacitada, necesitada del amor materno que nunca tuvo, y al que la madre se mostraba crecientemente renuente. Pero también de desdén de la madre, que nunca sintió verdadero afecto por aquellas dos rémoras en su vida profesional, en su vida personal, en su ascensión a la fama, a los viajes, al aplauso del rendido público en los más importantes templos de música del mundo.

Film doloroso, el de las hijas desdeñadas (aunque se oculte tras la hipocresía de la realización personal), pero también de la madre que se sabe negligente y desnaturalizada, Sonata de Otoño es un verdadero prodigio en su puesta en escena, consiguiendo eludir la amenaza de la teatralidad (con tan escasos personajes y prácticamente un único escenario era muy difícil evitarla) a base de utilizar sabia y profusamente el primer plano, imposible en el teatro, como extraordinario recurso dramático; la cámara de Sven Nykvist, el habitual operador de Bergman, cartografía, desnudándolos, los rostros de los dos personajes principales, madre e hija, en la catarsis que llegará tras el progresivo desvelamiento de sus verdaderos sentimientos, cuando todos los oscuros rencores que han acumulado a lo largo de los años salgan a la luz.

Película sobre las relaciones materno-filiales cuando estas se encuentran aureoladas por la conflictividad emocional, pero también sobre el amor conyugal incondicional (hermoso rol el del marido de Eva) y sobre el amor filial rechazado (que también estaba en Gritos y susurros), Sonata de Otoño sobrecoge con su portentoso, creciente voltaje dramático, un crescendo impecable que irá extrayendo de sus personajes lo mejor y, sobre todo, lo peor de sus vidas, de sus relaciones, de sus anhelos y deseos. Una obra magistral en la que pudiera considerarse que un final aparentemente acomodaticio quizá no esté del todo a la altura del resto de la obra, aunque una sutilísima pirueta en el último plano acaso abra la puerta a un desenlace distinto: el espectador será entonces el que decida qué sucederá realmente en la relación entre madre e hija...

Por supuesto, la película se fundamenta en un trabajo excepcional de Ingrid Bergman, en la primera y única vez que se puso a las órdenes de Ingmar, y de Liv Ullmann, en su novena colaboración con el maestro de Upsala. Ambas son, sobre todas las cosas, Sonata de Otoño; su interpretación, auscultada hasta en sus últimos detalles en sus dolientes rostros, conforma uno de los ejercicios más hermosos, a la vez de mayor sufrimiento (ese pathos bergmaniano, tan intensísimo), de la filmografía de Ingmar, pero también del cine mundial de todos los tiempos.

Estuvo nominada a dos Oscar; no se llevó ninguno, ni falta que le hacía: al Cine, con mayúsculas, el único reconocimiento que realmente le importa es el de que pasen cuarenta años y la película siga teniendo igual o incluso más valor, más interés, más emoción, que cuando se hizo: es el caso...


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99'

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Sonata de Otoño - by , Oct 06, 2018
5 / 5 stars
Madre e hija