Pelicula:

Louis Garrel es un actor al que se le descubrió en Soñadores (2003), de Bertolucci. Desde entonces ha seguido una carrera como tal de lo más variopinta y ecléctica. Se ha puesto a las órdenes de la que fuera su pareja, la actriz y directora Valeria Bruni Tedeschi, en films como Actrices (2007) y Un castillo en Italia (2013), pero también ha trabajado bajo la batuta de su padre, el director Philippe Garrel, en películas como Les amants réguliers (2005), Un verano ardiente (2011) y La jalousie (2013). Podría interpretarse a la vista de ello que Louis Garrel solo actúa para su familia, sanguínea o sentimental, pero afortunadamente no es así. De hecho, el joven Garrel ha trabajado para algunos de los más interesantes cineastas de este siglo XXI, demostrando con ello buen ojo para escoger sus proyectos y quienes los dirigían. Es el caso de su participación en el biopic no autorizado del famoso diseñador en Saint Laurent (2014), de Bertrand Bonello, pero también su frecuente trabajo a las órdenes de Christophe Honoré, o su intervención en Los fantasmas de Ismael (2017), de Arnaud Desplechin, incluso su participación en el papel de Jean-Luc Godard en Mal genio (2017), de Michel Hazanavizius, el oscarizado director de The artist. Ha prestado también su voz a uno de los films más inclasificables de los últimos años, Van Gogh, a las puertas de la eternidad (2018), de Julian Schnabel, y se ha metido en el papel nada menos que de Robespierre en la reciente Un pueblo y su rey (2018).

Queremos decir con todo esto que Garrel es un tipo inteligente y con la cabeza bien puesta sobre los hombros, por lo que, cuando se ha decidido a dar el paso a la dirección (cosa que las personas inteligentes y con buena cabeza, si están en el mundo del cine, suelen hacer), tras un primer fiasco como fue Les deux amis (2015), en el que ensayó, equivocadamente, una libérrima actualización del truffautiano Jules et Jim, ahora vuelve sobre esos mismos pasos, pero esta vez con mucho mejor tino.

París, en este siglo XXI. Abel y Marianne son pareja. Un día, cuando el primero, periodista, va a salir para ir al trabajo, Marianne le comunica que está embarazada, pero que el hijo que espera no es de él, sino de su común amigo Martin; la pareja acuerda su amistosa separación. Casi nueve años más tarde, Martin muere; Abel acude al funeral, con la secreta esperanza de que, tal vez, Marianne desee retomar su relación con él. La mujer vive con su hijo de ocho años, Joseph; a la par, Eve, la hermana pequeña del ahora difunto Martin, está enamorada desde que era una adolescente de Abel...

Pues esta vez Garrel y su coguionista, en este caso el veteranísimo Jean-Claude Carrière (el libretista de tantos films de Buñuel, pero también de otros muchos cineastas de primera línea: Malle, Forman, Berlanga, Schlöndorff, Godard, Saura, Wajda, Oshima...) sí han dado en la tecla, sí han conseguido el tono para hacer un film “a la manera de Truffaut” que no nos avergüence, ni, lo que es más importante, avergüence la memoria del llorado cineasta de Los 400 golpes. Porque este Un hombre fiel está escrito con las mismas claves temáticas y estéticas de algunos de los más conspicuos films truffautianos, como la mentada Jules et Jim, pero también Besos robados o La noche americana, pero actualizando personajes y situaciones, en una película que es, a la vez, manierista y original, en esta historia un poco marciana (las de Truffaut siempre eran un poco marcianas), esta historia de triángulo en el que uno de los vértices nunca aparece, aunque su presencia es constante; en la que otros dos elementos, el niño nacido de una relación a tres, y el amor volcánico, adolescente, de la menor por el mayor, dan grosor, ensanchan una película que, afortunadamente, no se toma demasiado en serio a sí misma; y sus personajes declaman sus diálogos con ese tono con un punto de impersonalidad, con poca expresividad, tan frecuente en el cine truffautiano, ese tono de aparente falta de emoción que, sin embargo, apenas vela un torrente de sentimientos embargados, de amores esquinados, de pasiones soterradas a la espera de ser desatadas.

Buena película esta Un hombre fiel, que nos revela a un cineasta que, por fin, está encontrando su lugar al sol en la realización cinematográfica, aunque por ahora parece que lo haga a la sombra de Truffaut, al que homenajea evidentemente, sin copiar ni plagiar. Dice el refrán español que “quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”. Bien está, por ahora, si bien parece claro que Garrel Jr., en el futuro habrá de volar solo y buscar su propia voz, porque no se puede estar homenajeando indefinidamente el arte de otros, sino intentar encontrar su camino en la puesta en escena.

Los intérpretes, fieles a la norma truffautiana, actúan desde la máxima economía de recursos gestuales, salvo puntuales momentos en el rol de Eve, quizá el más volcánico de todos. Por cierto que esta es una película en la que los mejores personajes, los más sensatos, los más lúcidos, son femeninos: tanto el de Marianne como el de Eve lo son, cada uno a su manera, y sin embargo el masculino protagonista, Abel, resulta siempre inferior, sobrepasado por las mentes privilegiadas de las féminas, reo de sus pasiones, de sus instintos. En eso también es el film muy truffautiano, pues en el cine del difunto François también las mujeres solían tener personajes de mayor enjundia, más fuertes, que sus “partenaires” viriles. No deja de ser curioso que el mejor personaje masculino, también el más interesante, sea el del niño de 8 años, un Joseph Engel que, si no se malea, puede darnos muchas horas de disfrute: tiene una mirada personalísima, entre la inocencia y la omnisciencia. Lily-Rose Depp, la hija de Johnny Depp y Vanessa Paradis, apunta maneras; habrá que verla en el futuro en otros cometidos.


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75'

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Un hombre fiel - by , May 23, 2019
3 / 5 stars
A la manera de Truffaut