Pelicula:

C I N E   E N   P L A T A F O R M A S
[Esta película forma parte de la Sección Oficial del ATLÀNTIDA MALLORCA FILM FEST’2026. Disponible durante tiempo limitado en FILMIN]

El cine húngaro no ha sido, históricamente, de los más destacados del Este de Europa. Durante la dictadura comunista hubo algunos cineastas que descollaron, siempre con problemas para hacerlo desde la disidencia con el régimen satélite de la URSS; algunas de esas escasas figuras fueron Miklós Jancsó, quizá el mejor de todos, el más poético y creativo, y su esposa, Márta Mészáros, igualmente interesante cineasta, pero también el más cosmopolita István Szabó, que incluso ganó un Oscar, y otros de menor entidad como Zoltan Fabri. Pero tras el derribo del Muro de Berlín se ha producido una eclosión de apreciables cineastas, contando con Béla Tarr y la directora Ildikó Enyedi como nexo de unión entre los que trabajaron bajo el comunismo y los que lo hicieron ya en la etapa democrática, que son varios y ciertamente interesantes, como el excéntrico pero muy creativo Kornél Mundruczó, el alucinado Laszló Nemes, el peculiar Szabolcs Hajdu y la novísima pero ya muy estimulante Katalin Moldovai.

Ahora tenemos un nuevo valor del cine magiar, Gábor Holtai, licenciado en informática en la Universidad Corvinus de Budapest, su localidad natal, pero que pronto se pasó con armas y bagaje al mundo del cine, donde empezó ejerciendo oficios tan dispares como sonidista y compositor. Como director hasta ahora se había desempeñado rodando cortos y un par de series televisivas, casi siempre con historias más bien imposibles, a veces teñidas de humor negro, otras con toques distópicos, o las dos cosas a la vez… Ahora debuta en el largometraje con este ciertamente muy estimable Un secuestro familiar, de cuyo pedigrí un punto terrorífico da idea el hecho de que ganó el Premio a la Mejor Película Europea en el Festival de Cine Fantástico y de Terror de Sitges…

La acción se desarrolla en Budapest, teóricamente en nuestro tiempo, aunque en ningún momento hay referencia temporal alguna. Conocemos a Rita, una mujer en torno a los cuarenta años, dependienta en una tienda de zapatos deportivos; termina su jornada laboral, ya de noche, y vuelve a casa. Al llegar a la proximidad de su hogar, dos encapuchados la narcotizan y secuestran. Cuando se despierta, atada y amordazada, está en una habitación cerrada; su secuestrador, un hombre en torno a los cuarenta, le dice que la han tenido que rescatar, que se llama Szilvi, y que por fin está de nuevo con su familia. Aunque Rita, inicialmente, se resiste, pronto se da cuenta de que, si no participa en esa pantomima, no beberá ni comerá. Cuando ya le permiten salir al salón familiar, se percata de que allí todos están bajo el mando de “papá”, un septuagenario cuya palabra es ley, pero también un magnate que controla la casa y muchos de los negocios del barrio… 

Se ha comparado la película en algunas ocasiones con el cine de Yorgos Lanthimos, y ciertamente no les falta razón: hay algo, incluso a ratos bastante, de Canino, Langosta o El sacrificio de un ciervo sagrado en este film, pero también nos parece que hay otras influencias, como la del Shyamalan de El bosque, incluso, literariamente hablando, del 1984 de Orwell. Y es que estamos ante una distopía familiar, una distopía sin escenarios de ciencia ficción, pero sobre todo estamos ante una (nos parece) evidente parábola política y filosófica sobre la libertad y, esencialmente, sobre su ausencia, cuando una autoridad se erige en dueño y señor de los destinos de una familia; vale decir también de una sociedad, por supuesto, y en ese sentido nos parece evidente que Un secuestro familiar es una bastante prístina parábola sobre el régimen represivo que ha mantenido hasta hace nada en Hungría el presidente Viktor Orbán, afortunadamente apeado del poder hace pocos meses por el liberal y europeísta Péter Magyar. 

Tiene la película un importante “tour de force”, ser rodada en su gran mayoría entre los muros de una casa, bien que una casa muy grande y de muchas habitaciones. Pero Holtai sale con bien del empeño, sobre todo porque la historia que se nos cuenta es lo suficientemente intensa como para que el espectador se olvide que se pasa casi toda la película viendo, como diría Vicente Aranda, solo actores y paredes.

Es por ello, evidentemente, una película claustrofóbica, en buena medida angustiosa, en la que el espectador se identifica fácilmente con la prota, viviendo junto a ella su zozobra por algo que no entiende, consiguiendo crear hábilmente una situación irrespirable, una atmósfera de pesadilla con muy pocos elementos y una narrativa sencilla pero efectiva. Está bien conseguida la sensación de miedo, de terror atávico, de imposibilidad de salir de esta cárcel sin rejas, donde, si se quiere (sobre)vivir, hay que acatar una serie de reglas absurdas emitidas arbitrariamente por el líder omnímodo de turno.

Pero, como veremos al final, el problema del poder absoluto (que, como decía el clásico, “corrompe absolutamente”) es su tendencia a perpetuarse, a heredar los mismos tics del predecesor y hacer de la vida de los gobernados un infierno. 

Hay también jugosas, metafóricas lecturas sobre el miedo a la libertad, la tentación de cierta parte de la sociedad a vivir bajo la protección del líder demagógico de turno, sacrificando su libertad en aras a una protección que les permite vivir aparentemente sin sobresaltos, pero también sobre el deseo del ser humano de formar parte de una colectividad, de una tribu, tener un sentido de pertenencia a algo. Explora también temas como la identidad, o la falta de identidad, como también la capacidad del ser humano de metamorfosearse en otro, de adaptarse casi sin límite a nuevas situaciones.

También resulta interesante, e igualmente metafórico sobre la sociedad húngara de hasta hace dos días, como quien dice, la denuncia de hasta qué punto hay gente que mira hacia otro lado cuando se producen sangrantes injusticias, gente que resulta connivente, por puro interés propio, con los que ejercen la represión, en una reflexión sobre la capacidad coercitiva y corruptora del poder, sobre todo del poder absoluto, sin contrapesos.


Si al principio hablábamos de Lanthimos, de Shyamalan y Orwell, en la escena cumbre de la cinta, ya casi al final, filmada en su mayor parte muy inteligentemente fuera de campo, habría que citar reminiscencias no menos cultistas, desde Shakespeare a Esquilo (y no citamos las respectivas obras concretas para no hacer espóiler…).

Película muy curiosa, muy peculiar, rodada con buen pulso por Holtai, inquietante aunque también con sus altibajos e irregularidades, su problema es mantener el pulso durante todo el metraje, lo que a ratos no se consigue por una duración excesiva, como ya es casi un lugar común en el cine del siglo XXI.

Buen trabajo actoral de su reducido cuadro de intérpretes, con mención especial para la protagonista, Rozi Lovas, que da magníficamente su personaje, con la matizada evolución que experimentará, y también para y el paterfamilias, el dictador, interpretado por el veterano Tibor Szervét, con una mirada gélida que da miedo.



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124'

Año de producción

Un secuestro familiar - by , Aug 16, 2026
3 / 5 stars
Angustiosa parábola política