Película: Viaje al cuarto de una madre

Celia Rico Clavellino es una cineasta sevillana afincada en Barcelona; cursó estudios universitarios en su ciudad natal y después los amplió en la capital del Principat. Implicada en cometidos menores en producciones de cierto fuste, como Blancanieves, de Pablo Berger, o No llores, vuela, de Claudia Llosa, desde principios de la década actual, los años diez del siglo XXI, viene desempeñándose también como guionista, habiéndolo hecho en proyectos ajenos, como Quatretondeta, de Pol Rodríguez, con el maestro José Sacristán, pero también propios, como el cortometraje Luisa no está en casa (2012), que fue galardonada en los Premios Gaudí del cine catalán.

Ahora debuta en el largometraje de ficción con esta sentida Viaje al cuarto de una madre, crónica con vocación de cotidianidad de algún tiempo en la vida de una madre, Estrella, alrededor de los cincuenta años, reciente viuda que aún no se ha aclimatado a su nueva situación vital, y de su hija veinteañera, Leonor, que quiere pero no sabe cómo decirle a su madre que quiere salir de su pueblo, el sevillano Constantina, ubicado en la Sierra Norte de la provincia, una localidad de poco más de seis mil habitantes que no colma las expectativas existenciales de la chica. De cómo Leonor maquina para hacer asumible para su madre que se marcha fuera de España, y de cómo Estrella intenta poner inicialmente piedrecitas en ese camino inevitable va, en principio, esta esforzada, callada, sincera Viaje al cuarto de una madre.

Pero, igualmente que tiene todos esos valores, y otros más, lo cierto es que la película de Rico tiene también algunos defectos que la lastran: un ritmo cansino, quizá inevitable dado el tema; un metraje excesivo, como consecuencia de la feble argumentación, de la escasa sustancia de la inocua trama. Por supuesto que se entiende que Rico juega a contarnos, con silencios antes que con palabras, las reticencias de la madre a soltar el ronzal (por usar un símil rural, ya que estamos, cuya brutalidad espero se me perdone), y la también silente y tortuosa manera en la que la chica intentará vencer las resistencias maternas. Pero cine es cine, y el cine tiene ciertos códigos que no conviene violar, salvo incurrir en errores garrafales: así, la historia que se nos cuenta, con una evidente intencionalidad realista, cuasi costumbrista, unos hermosos apuntes del natural, sin embargo carece de la suficiente fuerza para prender la atención del espectador. El primer mandamiento, no aburrir; lo decía Hitchcock, que algo sabía de eso, y me temo que Rico, a ratos, produce aburrimiento con esta que, por lo demás, es una película tan bien filmada, tan pulcramente puesta en escena, tan evidentemente hecha desde el amor de una hija (la película está dedicada a sus padres...), tan antropológica. Porque, y esta sí que es otra de las virtudes del film, Viaje al cuarto de una madre es una obra muy apegada a la realidad, a la vida consuetudinaria de una familia reciente y trágicamente rota, en un ejercicio de apego a las cosas ordinarias, al vivir cada día, a pequeñas cosas como hacer el puchero, comprar una cafetera nueva o confeccionar ropa en una máquina de coser que, claro está, también se avería.

En ese sentido, el film de Rico puede tener, dentro de cien años, el valor documental del que, me temo, carece la inmensa mayoría del cine español de nuestros días, que parece hecho en cualquier otro país menos en el nuestro. El cine franquista, tan denostado, y con razón (aunque ya sabemos que ahora hay corrientes en la crítica y la investigación historiográfica que abogan por una mirada mucho más benévola), lo cierto es que era documentalmente muy aproximado a la realidad del momento del país, bien que con los correspondientes filtros políticos impuestos por la censura de la dictadura.

Lamentamos no coincidir con otros compañeros de la crítica, que sí han visto en Viaje al cuarto de una madre una obra mayor. Nos hubiera gustado mucho, porque las expectativas eran muy buenas, el empeño no podía ser mejor, la interpretación es espléndida, sobre todo de las protagonistas Lola Dueñas y Anna Castillo (pero también de Pedro Casablanc, en un pequeño papel que él borda, aunque la que cosa sea Dueñas...) y la temática, tan cercana, tan apegada a la realidad de la España, de la Andalucía de esta segunda década del siglo, resulta ser casi un testimonio etnográfico.

Y el caso es que hay en Celia Rico, o al menos eso intuimos, una intencionalidad muy interesante; otra cosa es que la forma de plasmarla, al menos en nuestra opinión, esta vez no haya sido lo suficientemente afortunada. Pero parece evidente que es un firme valor a seguir, porque tiene cosas que contar, sabe cómo hacerlo y, a poco que afine el tiro, puede ser una de las más prometedoras cineastas españolas de las próximas décadas.


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96'

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Viaje al cuarto de una madre - by , Oct 09, 2018
2 / 5 stars
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