Enrique Colmena

16/11/2025

Pues ayer sábado día 15 de noviembre se clausuró el 22 Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF’2025), en lo que supone, afortunadamente, la confirmación de que el certamen hispalense, que hace un par de años estuvo a punto de irse al garete, tiene continuidad y seguirá celebrándose en el futuro (salvo catástrofe, como se suele decir…).

Esa quizá ha sido, nos parece, la mejor virtud del festival sevillano, recuperar la normalidad, ser continuidad de lo que siempre fue desde que se inició el certamen casi a principios de este siglo, un foro donde ver buen cine europeo, un cine que difícilmente llega a las pantallas comerciales, ni siquiera a las plataformas (bueno, a Filmin quizá…). 

El palmarés del SEFF’2025 lo encabeza la película belga We believe you, de los cineastas primerizos (quién lo diría…) Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys, un percutante drama judicial sobre el lacerante tema de la custodia de los hijos, que se ha alzado con tres premios: el Giraldillo de Oro a la Mejor Película (máximo galardón del certamen), el relativo al Mejor Guion, y el correspondiente a la Mejor Actriz, para la protagonista, Myriem Akeddiou. 

El segundo clasificado ha sido el film macedonio (en coproducción con otros países) DJ Ahmet, dirigido por Georgi M. Unkovski, una muy curiosa película que combina con desparpajo la tradición rural del país con agitadas músicas “techno” (que ya es combinación…), habiendo conseguido el Gran Premio del Jurado, segundo galardón en importancia del SEFF, además del premio al Mejor Actor para el debutante Arif Jakup, un quinceañero de una frescura desarmante ante la cámara. 

Nos parece muy justo el premio a la Mejor Dirección para la cineasta yanqui-palestina Cherien Dabis, por su película All that’s left of you, una película-río que abarca tres generaciones de una misma familia palestina, y que explica muy bien, con los ropajes de la tragedia, la penosa vida de un pueblo sin estado, ahora de tan dramática actualidad por el genocidio que está sufriendo a la vista de todos, a manos de aquellos mismos que, hace ahora más de ochenta años, también lo padecieron en sus propias carnes. 

Menos merecidos nos parecen los dos premios para La anatomía de los caballos, la película hispano-peruana (además de otros países coproductores) dirigida por el inca Daniel Vidal Toche, una empanada mental sobre la revolución de Túpac Amaru II en el siglo XVIII y la (im)posibilidad de una revolución en nuestros tiempos, que se ha llevado los galardones relativos a Mejor Fotografía, para Angello Faccini, y la Mejor Dirección Artística para Juan Pablo Garay, aunque es cierto que ambos trabajos (especialmente el primero) son de lo mejor de esta endeble cinta.

El palmarés de la Sección Oficial se cierra con el Premio al Mejor Montaje para Hansjörg Weissbrich, por la película Turno de noche, de la suiza Petra Volpe.

Nos parece injusto que el film francés Dossier 137, de Dominik Moll, en la mejor tradición del “polar”, del cine negro galo, se haya ido con las manos vacías, cuando, en nuestra opinión, ha sido de lo mejor del certamen.

Del resto de los premios citaremos algunos que nos han parecido significativos, como el Premio Puerta América para Valor sentimental, el esperado nuevo trabajo del danés Joachim Trier, el celebrado director de Thelma y La peor persona del mundo. Marc Ortiz Prades ha conseguido el Premio Acción Cultural Española a la Mejor Dirección de Película de nuestro país, por Els mals noms, film que ha obtenido también el Premio Queer Ocaña a la obra audiovisual que mejor ha (re)tratado el tema LGTBI, en este caso recreando un verídico caso de persona intersexual en el convulso panorama de la postguerra civil española.

Por su parte, en el Panorama del Cine Andaluz, los Premios ASECAN han sido, “ex aequo”, para Golpes, la ópera prima de Rafael Cobos, y Los pinceles de la baronesa, de Mauricio Angulo y Julio Muñoz, que se han repartido el Premio al Mejor Guion de Largometraje Andaluz, mientras que el relativo a Cortometraje Andaluza ha sido también otorgado “ex aequo”, a Acción, figuración, Pablo Cueto, y a Discordia, de Álvaro Amate. 

Aparte del palmarés, este SEFF se ha caracterizado por algunas peculiaridades que vamos a repasar: ha desaparecido la veterana sección Las Nuevas Olas (tanto en ficción como no ficción), pero ha sido sustituida por tres nuevas secciones, Alumbramiento, Embrujo y Rampa, que ciertamente nos parece que cubren razonablemente el hueco dejado. Entendemos que eliminar esa sección busca cortar con la etapa de José Luis Cienfuegos como director del festival; vendría a ser, entonces, la forma de “marcar territorio” del actual responsable del certamen, Manuel Cristóbal. 

Se han dado hasta cuatro Giraldillos de Honor, todos ellos muy merecidos: Costa-Gavras, memoria viviente del cine europeo (e internacional, que también ha rodado en Estados Unidos); Jim Sheridan, del que se puede decir lo mismo relativo al cine irlandés; Juliette Binoche, eximia actriz de largo recorrido del cine europeo, y que ha debutado ahora en la dirección cinematográfica; y nuestro Alberto Rodríguez, uno de los nombres fundamentales del cine español de nuestro tiempo. Todos ellos son merecidísimos; en todo caso, cabría preguntarse si es conveniente dar tantos Giraldillos de Honor a la vez, pero en cualquier caso, la valía de todos y cada uno de ellos nos parece que despeja esa cuestión.

Ha sido importante para el Festival la recuperación para Sevilla de la lectura de las nominaciones de los Premios Europeos del Cine, aunque no ha tenido lugar durante el transcurso del propio festival, sino que se hará unos días más tarde en la ciudad; pero entendemos que la idea es que, en el futuro, se pueda hacer en el mismo marco del SEFF, que sería lo suyo.

Algunas curiosidades: este año parece que ha sido el del plano final con el o la prota mirando directamente a cámara (sí, aquello que hizo Isabelle Huppert en La bordadora hace medio siglo…); hemos visto al menos tres pelis que tiran de ese recurso: Els mals noms, Silent rebellion y La vida fuera; un recurso estilístico que, ciertamente, de tanto usarlo, se puede romper (léase perder fuerza), como el amor a Rocío Jurado…

En cuanto al público, las sesiones a las que hemos asistido han gozado, en general, de una buena audiencia, con salas casi llenas en muchos casos. Así que el festival, afortunadamente, sigue contando con el beneplácito de los sevillanos. La buena política de precios (sobre todo con los bonos que permiten ver varias pelis por precios muy bajos), así como la interesante oferta de títulos, nos parece, es la clave para hacer que el público sevillano haga suyo el certamen, que es fundamental para su continuidad (ah, de nuevo apareció esa hermosa palabra…).

Ilustración: Una imagen de We believe you, la película belga que ha conseguido el Giraldillo de Oro del SEFF’2025.