Película: Elefante blanco

Pablo Trapero es un cineasta argentino que comenzó a hacer cine a finales del siglo XX. Su filmografía abunda en temas comprometidos, sociales y/o políticos, no es un director de entretenimiento ni frecuenta el cine de género. Se estrenó en el largo de ficción con Mundo grúa (1999), que ya apuntaba que su cine iba a estar siempre más cerca del hombre de la calle que de las clases altas o pudientes. Films posteriores como Leonera (2008), Carancho (2010) y El clan (2015), entre otros, también abundaron en temas sociales, como en este Elefante blanco, en el que se narra una historia ficticia pero localizada en una ambientación real, un gigantesco y antiguo hospital en construcción en Buenos Aires desde hace décadas, paralizado tras la caída del general Perón en los años cincuenta, cuyo esqueleto en estructura (el metafórico “elefante blanco” del título) sirve de acogida a gran número de familias sin recursos, y a cuyo calor ha surgido una enorme barreduela de pobreza, llamada Villa 15, en la Ciudad Oculta, en el bonaerense distrito de Villa Lugano.

En ese contexto, una pequeña comunidad de curas obreros y de asistentes sociales, comandada por el padre Julián, que está gravemente enfermo aunque se lo oculta a sus compañeros, recibe el refuerzo del padre Nicolás, sacerdote belga que ha escapado por piernas de una matanza en la comunidad amazónica en la que servía, hecho que le ha traumatizado y le hace sentir culpable por haber huido con vida de aquella masacre. Junto a una asistenta social, Luciana, los tres y su equipo habrán de afrontar el día a día en una comunidad no solo azotada por el paro, el hambre y la carencia de lo más esencial, sino también por los capos de la droga y por periódicas redadas de la policía.

Elefante blanco es, de alguna manera, la mirada de Trapero hacia un fenómeno de nuestro tiempo, la Teología de la Liberación, que pone el acento en la lucha contra las injusticias, en el apoyo sin fisuras hacia los pobres y desvalidos, antes que en situarse al lado del poderoso, del estado. Creada verdaderamente la comunidad eclesial como Parroquia de Cristo Obrero en la segunda mitad del siglo XX por un sacerdote, Carlos Mójica, asesinado en los años setenta, la acción ficticia se centra en los tres personajes principales, el cura rector del lugar, un hombre entregado a su tarea de intentar aliviar los males endémicos de los pobres de Villa 15, pero también la asistenta, que se sentirá atraída físicamente por el cura francófono, que le corresponderá. Ese apartado romántico quizá sea lo más endeble de un film que tiene sus mejores bazas en la plasmación en imágenes, en los mismos predios donde realmente existe esa pobreza, de las andanzas de estos tres samaritanos en pos de ayudar a los que nada tienen, arriesgando con ello salud y vida.

Obra irregular, está irreprochablemente filmada por un Trapero que es ya un auténtico estilista: llama la atención un larguísimo plano secuencia inicial, en movimiento, a lo largo de todo el esqueleto del llamado “elefante blanco”, mientras el cura Julián enseña a su colega belga el edificio y la villa donde toda penuria es posible. También resulta estremecedor otro plano secuencia, de auténtico virtuosismo, con una redada hecha en un solo plano mientras policía, moradores de la villa y curas corren, se golpean, se lanzan piedras, disparan... un auténtico apocalipsis en pequeñito, con una perfección mecánica como de relojero suizo.  A veces Trapero utiliza técnicas que hemos visto en Ken Loach, con asambleas o reuniones donde los hablantes declaman sus parlamentos, en lo que parecen escenas guionizadas pero sin diálogos previos “de hierro”, sino dejando a los intérpretes (muchos de ellos aficionados) que se expresen con sus palabras sobre el tema que esté en cuestión.

Obra necesaria, obra justa en su denuncia de la ignominia de una sociedad que permite este grado de paupérrima existencia en muchos de sus congéneres, también habla de las contradicciones de un estamento clerical que ha de actuar a favor de los necesitados pero sin oponerse frontalmente a los privilegiados para obtener de estos ayudas, dádivas para los que tienen bajo su amparo.

Gran actuación, como es habitual, de Ricardo Darín, probablemente (tras la muerte de Federico Luppi) el mejor actor argentino vivo. Al belga Jérémie Renier, habitual en el cine (también social, también comprometido) de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, se le ve muy implicado en el proyecto, e interpreta en un español bastante aceptable. Martina Gusmán, actriz fetiche de Trapero, para el que ha trabajado en varias ocasiones, apecha con el personaje más difícil, la mujer volcada en su ayuda al débil que, sin embargo, albergará una pasión torrencial hacia el cura francófono.


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105'

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Elefante blanco - by , Jun 13, 2018
3 / 5 stars
Donde toda penuria es posible