Pelicula:

Los designios del público, como los del Señor, son inescrutables... En este verano de la pandemia, solo la comedia Padre no hay más que uno 2. La llegada de la suegra, ha funcionado espléndidamente en la taquilla española, con cifras a la par de la ya muy comercial primera parte de este díptico (que se convertirá, a buen seguro, al menos en un tríptico...) de Santiago Segura. Con esa certeza, en cuanto a que una comedia ha sido el taquillazo del 2020 pandémico, no es extraño que otras comedias españolas hayan probado suerte desde la tímida reapertura de los cines en junio, desde La lista de los deseos (que ciertamente ensayaba también otros registros más dramáticos) a La boda de Rosa, Salir del ropero y Superagente Makey, entre otras.

Explota explota es también comedia, aunque fundamentalmente se pueda considerar un musical, pues se ajusta como un guante a los requisitos habituales del género, que se permite cortar la narración con números musicales, cantables y bailables, para después seguir como si nada. Pues, lamentablemente, como las otras comedias citadas, tampoco Explota explota ha explotado (perdón por la cuasi aliteración...) en taquilla y se ha pegado el castañazo correspondiente. Y es una lástima porque, sin ser nada del otro jueves, sí que tiene elementos apreciables que hubieran merecido un poco más de atención por parte del respetable.

La acción comienza en Roma, en 1973. María, a punto de casarse, se da cuenta de que realmente no quiere a su novio, Massimiliano, y le da plantón, marchando en avión hasta Madrid-Barajas. Allí no tiene dinero español, solo liras, con lo que no puede coger un taxi hasta la ciudad, así que una chica del servicio de maletas extraviadas, Amparo, la ampara (perdón otra vez...) y se apiada de ella, acogiéndola en su casa, donde se instala como su “más mejor amiga”, como dicen los yanquis, y además la coloca junto a ella en el aeropuerto. Un día María conoce a Pablo, al que se le ha extraviado la maleta en el vuelo hasta Madrid; de inmediato hay chispas entre ellos; un puñado de casualidades (qué sería del cine, y no digamos de la comedia, sin las casualidades...) hace que Pablo sea el ayudante e hijo del censor en jefe de Televisión Española, y que María consiga el puesto de bailarina suplente en el show de Rosa y sus “rosets”, en la entonces única televisión de España, a las que el censor persigue con su reglita para que las faldas no sean demasiado cortas...

Decíamos que Explota explota tiene varias bazas de interés: por de pronto, se ambienta en un momento histórico, 1973, en el que el tardofranquismo empezaba a dar muestras de debilidad: ese mismo año, a finales, ETA asesinaba en Madrid al entonces ya presidente del gobierno, Carrero Blanco, y lo sustituía Carlos Arias Navarro, que fue el primero que empezó a hablar de Apertura, así, con mayúsculas, o lo que es lo mismo, una tímida apertura (así, con minúsculas) que fue recibida, de todas formas, de manera alborozada, por lo que suponía el primer indicio de una posible, futura y progresiva democratización del país. En 1974 Franco enferma de tromboflebitis y cede la jefatura del Estado, provisionalmente, al entonces príncipe Juan Carlos de Borbón. En ese contexto, la película plantea los últimos tiempos de la censura en TVE, cuando todavía no había llegado alivio alguno al Ente Público y se seguían criterios mojigatos cuando no monjiles.

Ese momento histórico, tan interesante, en el que un régimen, mal que bien, empieza a, timidísimamente, abrir puertas y ventanas, está poco explorado en el cine español, que tiene en la Transición un venero fecundísimo que alguna vez habrá que (sí...) explotar. La película de Nacho Álvarez, bien que en clave de comedia musical, se ambienta en ese contexto, cuando los prebostes del franquismo anquilosado empezaban a ser ladinamente zancadilleados por los nuevos valores del régimen, que sabían que con la moral rancia y retrógrada del nacionalismo de la vieja guardia la dictadura no tenía porvenir alguno.

Por otro lado, Explota explota juega con las popularísimas canciones de los shows de la italiana Raffaela Carrà, famosísima en aquellos años en España, con programas que seguían decenas de millones de espectadores (faltaban décadas para que llegarán las televisiones privadas, y aún más décadas para el “streaming”...), y que aún hoy permanecen en la memoria popular española, mayormente en la de los que ya peinamos canas (o directamente no peinamos nada...). Las canciones de Raffaela han sido adecuadamente “aggiornadas” y las coreografías creadas “ad hoc” recuerdan poderosamente las que en su momento tenían aquellos programas de TVE del realizador rumano Valerio Lazarov, inventor de aquellos mareantes “zooms” que, por supuesto, aparecen aquí también. Ello nos lleva al elemento “vintage”, muy presente en el film, con una muy cuidada reconstrucción y ambientación del Madrid de mediados de los años setenta, sin que hayamos pillado ninguna discordancia digna de mención (bueno, quizá las barbas de tres días de muchos de los chicos, en aquel entonces impensables...).

Si además de todo lo anterior, la comedia es fresca, ligera, la historia de amor entre el aspirante a censor y la aspirante a bailarina algo descocada tiene su emoción, los diálogos no provocan vergüenza ajena (como tan frecuente es, hogaño, en el género), y los números musicales hacen mover los pies sin que uno quiera hacerlo, ¿por qué se ha estrellado Explota explota? Buena pregunta...

Eso sí, quizá por aquello del tono “vintage”, se ha recurrido al viejo rol de la “andalusa grasiosa”, que creíamos ya desterrado, en el papel de la amiga de María, Amparo, que para más inri está interpretada por una madrileña, Verónica Echegui... Hombre, una cosa es hacer una peli “a la manera de los años setenta”, y otra incluir personajes que hoy día chirrían. Véase, por ejemplo, el tratamiento respetuoso del fenómeno de la homosexualidad, que en aquella época en España se hacía con el tono ridiculizante y escarnecedor de No desearás al vecino del quinto...

Nacho Álvarez, el director, es uruguayo (Montevideo, 1986). Es joven y tiene buena mano. Hasta ahora solo había hecho tres cortos en su país, y se estrena en el largo con esta película que, ciertamente, no parece una ópera prima: está bien rodada y la articulación entre los números musicales y la narración resulta objetivamente aceptable, consiguiendo un producto más que digno.

En cuanto a la interpretación, Ingrid García Jonsson, la sevillana-sueca más talentosa de nuestro tiempo, vuelve a demostrar su talento, aquí bailando y cantando más que razonablemente bien. Verónica Echegui, que es muy buena actriz, se ve lastrada por el mentado papelito de “grasiosa”, y Fernando Guallar, aunque es un poco “palo”, queda como un galán resultón. Entre los secundarios destacaríamos a Pedro Casablanc, que compone un censor que es, objetivamente, una caricatura, pero ciertamente muy atinado en el espíritu recortador, ocultador, castrador de esta figura abominable.

Curiosidades: el personaje de Fernando Tejero, Chimo, parece inspirado en el del aludido Lazarov; el de Natalia Millán, Rosa, remite claramente al de Raffaela Carrà, aunque sin pelucones oxigenados ni acentos extraños; y el de Guallar... diríamos que, remotamente, podría estar inspirado en... Adolfo Suárez, que en 1973 era director general de Televisión Española, lucía siempre tan repeinado como Guallar y, al final, era el responsable último de lo que emitían las dos cadenas de TVE, como el censor al que da vida Fernando Guallar, el encargado de decidir, deontológicamente, que es decente... indecente... decente.... indecente... como se encarga deliciosamente de presentar, pierna creciente, falda menguante, la protagonista.

(07-10-2020)


Explota explota - by , Oct 07, 2020
2 / 5 stars
Decente... indecente... decente... indecente...