Pelicula:

Apichatpong Weerasethakul (Bangkok, 1970) es un guionista, montador y director tailandés, con toda seguridad el más famoso de los cineastas de su país. Estudió arquitectura en su tierra, en la Universidad de Khon Kaen, y después realizó un Master of Fine Arts en el School of the Art Institute de Chicago. Lleva haciendo cine desde principios de los años noventa del siglo XX, si bien es cierto que su fama le llegó hace relativamente poco, en 2010, cuando su película Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes, el más prestigioso premio cinematográfico del mundo (los Oscars ya se sabe que juegan en otra liga…).

En su momento nos pareció un galardón exagerado, aunque es cierto que, viendo su posterior Cemetery of splendour (2017), apreciamos que Apichatpong Weerasethakul (nunca agradeceremos suficientemente el «corta y pega»…) tenía auténtico talento, un talento rarísimo y ciertamente escasamente convencional, que contaba historias no ya esquinadas sino atravesadas, con materias más ectoplásmicas que cinematográficas.

Esta Memoria de título internacional así, en español, confirma que Weerasethakul no es un cineasta al uso, ni muchísimo menos. La acción se desarrolla fundamentalmente en Colombia (uno de los nueve países coproductores, por cierto). Allí está la británica Jessica, sobre la que no sabemos a ciencia cierta a qué se dedica. Lo que sí sabemos es que en su estancia en el país escucha intermitentemente, sin previo aviso y de vez en cuando, un extraño sonido, como una especie de gong redondo, de características telúricas, que la tiene obsesionada. Visita en el hospital a su hermana, aquejada de una extraña enfermedad que parece tener relación con el hecho de que la obra de teatro cuyo montaje prepara su grupo dramático tiene que ver con una tribu del Amazonas que se llama a sí mismo «el pueblo invisible», queriendo mantenerse incontaminados de relaciones fuera de su ámbito geográfico y humano, para lo que profieren secretas maldiciones sobre aquellos que hacen peligrar esa irrevocable decisión. Jessica, en busca de quien le pueda ayudar a identificar ese sonido que sigue escuchando, conoce a Hernán, un joven ingeniero de sonido colombiano, quien consigue reproducir en estudio el extraño ruido…

Como decimos, el cine de Apichatpong es raro, raro, raro, como decía el célebre Papuchi, pero también interesante, interesante, interesante… Su sustancia no tiene que ver, por supuesto, con las tramas al uso del cine comercial, pero es que tampoco tiene relación alguna con otros cines más personales. Es un cine más de sensaciones que de narrativas. Por supuesto, esa misma condición casi de funambulista hace que sus películas puedan ser muy irregulares, como nos parece que es el caso. Así, prácticamente la primera parte del film, alrededor de hora y cuarto, hora y media, nos parece fascinante en la exposición de ese ruido, de las indagaciones de Jessica para conocer qué es y por qué lo escucha, de las insinuaciones de la hermana en cuanto a que puede deberse a los maleficios de la tribu amazónica que no quiere ser contactada, de la desaparición del sonidista, como si nunca hubiera existido… Se forja en toda esa primera parte una atmósfera extraña, hipnótica, como surreal, desde luego en absoluto realista, sin por ello utilizar nada que no lo sea: las calles, los transeuntes, los coches, un grupo que hace deliciosa música (por cierto, filmado en casi toda su actuación en contraplano, todo un hallazgo visual…). Hay en esa parte del film un sobrecogimiento como telúrico, como si algo que no es de este mundo sobrevolara la existencia de esta mujer fuera de su país, fuera de su entorno. Esa atmósfera, esa indagación, sin embargo, nos parece que cede terreno al llegar la protagonista, ya en las proximidades de la selva amazónica, a los dominios de un segundo Hernán, quizá una versión envejecida del primer Hernán, pero dotado de unas capacidades memorísticas y sensoriales que nos recordó poderosamente el cuento de Borges titulado Funes el memorioso, él también capaz de recordarlo todo, de saberlo todo, de vivirlo todo. A partir de ahí, el tono del film cambia transitando por otros senderos igualmente extraños, raros cual perro verde, pero nos parece que de inferior interés, de menor intensidad, de menos capacidad para atrapar al espectador.

La causa final del sonido en cuestión también nos parece un tanto feble, quizá no al nivel de lo hasta entonces expuesto, de lo que se nos había tan fascinantemente ofrecido en el planteamiento y el nudo del film; entonces el desenlace se va tornando progresivamente más abstracto, quizá en busca de la pureza cinematográfica absoluta, con larguísimos planos estáticos sobre paisajes y paisanajes, confirmando con ello que a Apichatpong el público le importa mayormente un bledo. Temerario pero consecuente, la contemplación de su película es ciertamente una experiencia apasionante, aunque no siempre nos parezca igualmente atractiva.

Cine para muy, muy cinéfilos, con mentes abiertas capaces de empeños progresivamente anarrativos como este, parece claro que encandiló a su protagonista absoluta, Tilda Swinton, hasta el punto de que la actriz inglesa participa también como productora ejecutiva. La acompañan en el reparto, en papeles secundarios, intérpretes tan conocidos como el mexicano Daniel Giménez Cacho y la francesa Jeanne Balibar.

La película ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes, además del Hugo de Oro en el de Chicago.

(08-11-2021)


Memoria - by , May 29, 2022
3 / 5 stars
Un gong redondo, telúrico