Película: Perfectos desconocidos

No es habitual, ni mucho menos, que el cine español haga adaptaciones de películas de otras nacionalidades. Mientras que es muy frecuente que lo haga el cine norteamericano, e incluso el francés, aquí cuando se hace se puede decir que es una raya en el agua. Pues curiosamente esta versión española de un reciente éxito italiano lo hace un director, guionista y productor, Álex de la Iglesia, que es especialista en cine original, entendiendo por tal el realizado con un guion que no parte de una obra previa. De hecho, solo dos de sus hasta ahora catorce largometrajes de ficción se han basado en textos  previos, Perdita Durango (1997), sobre la novela de Barry Gifford, y Los crímenes de Oxford (2008), sobre la novela de Guillermo Martínez; curiosamente, dos de sus filmes menos interesantes…

Sin embargo, esta vez parece que De la Iglesia ha dado en el clavo. Él y su coguionista habitual, su cuate Jorge Guerricaechevarría, adaptan la película italiana dirigida por Paolo Genovese Perfetti sconosciuti (2016), un gran éxito del cine itálico el pasado año en su país, con más de 17 millones de euros de recaudación, siendo el film italiano más taquillero del año, tras Quo Vado?, estrenada en España como Un italiano en Noruega.

Una cena en casa de amigos de toda la vida. Se reúnen tres matrimonios y un amigo desparejado, aunque este tiene una nueva amiga que no acude al evento por un virus. La cena se celebra durante un eclipse que hará visible el fenómeno conocido como “luna de sangre”, al aparecer en el cielo nuestro satélite con una coloración encarnada. Uno de los comensales propone, para hacer más divertida la cena, que todos coloquen sus móviles sobre la mesa y que los mensajes que puedan llegar (SMS, Whatsapp, llamadas telefónicas…) sean compartidos por todos. Con ciertas reticencias iniciales por parte de algunos, finalmente todos consienten. Pronto se verá que quizá no fue una idea demasiado buena…

De la Iglesia enfoca pronto el film hacia el terreno de la confianza, la sinceridad y el secretismo en la pareja. Según la tesis sostenida (y reafirmada por una moraleja en clave levemente sobrenatural…), es bueno que en toda relación de pareja existan lagunas no conocidas por la otra parte, zonas de la vida de cada individuo que pertenezcan solo a él, de forma exclusiva. En un momento del film se dice que existen tres vidas en cada persona, la pública, la privada y la secreta. El cineasta vasco apuesta porque esas tres facetas se mantengan como tales, facilitando con ello la paz de la vida de la pareja; según esto, la sinceridad absoluta lo destroza todo, mientras que ciertas dosis de privacidad facilitan el mantenimiento del statu quo, de la armonía, aunque ésta se base en ciertas mentiras o falacias.

Bien planificada para que la situación no aparente la teatralidad que (sin serlo) desprende la trama (siete personajes encerrados en torno a una mesa, comiendo, leyendo mensajes de Whatsapp y escuchando conversaciones con el altavoz del móvil en modo “on”), la película fluye con facilidad, apoyada en unos intérpretes que se comportan estupendamente: ellos son, en buena medida, los coautores del film, pues sin una interpretación creíble la película se iría al garete, al recaer todo el peso sobre los hombros de actores y actrices. Claro que teniendo de por medio a gente tan buena como Eduard Fernández, Belén Rueda, Ernesto Alterio, Pepón Nieto o Eduardo Noriega, es difícil hacer las cosas mal. Quizá la más floja sea Dafne Fernández, y la más sobreactuada Juana Acosta. Pero en general todo el elenco artístico funciona adecuadamente.

Obra que se aparta un tanto del último cine alexiano, que parecía disfrutar de las situaciones grotescas, o grandguiñolescas, o esperpénticas, o las tres cosas a la vez, como ocurría en films anteriores como Balada triste de trompeta (2010), Las brujas de Zugarramurdi (2013) o El bar (2017), sorprende también porque su final, que desconcierta, apuesta por una mirada moderadamente positiva sobre el ser humano, y llamativamente, sobre la clase media, que generalmente es el muñeco pimpampún del cine español, que goza destrozando a los que, pagando sus entradas y sus impuestos, hacen posible que exista ese cine español: escupir al viento, se llama la figura…


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97'

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Perfectos desconocidos - by , Dec 06, 2017
3 / 5 stars
Luna de sangre