Película: Predator

En 1987 el director John McTiernan consigue un importante éxito con Depredador, sobre un grupo de comandos yanquis al mando del cual está un oficial al que presta su cara Arnold Schwarzenegger, en uno de los dos personajes (el otro es, claro está, el androide de la saga de Terminator) por los que pasará a la Historia del Cine. Ese comando desembarcado en Centroamérica para algunas de las guarradas habituales de la CIA (aunque, obviamente, no se “vendía” así en el film), pasará de cazador a pieza de caza cuando aparece en escena un guerrero alienígena de prodigiosa fuerza, armamento como para destruir un ejército, con visión nocturna incorporada y, encima de todo, con capacidad para metamorfosearse con el paisaje: o sea, un bicho endemoniadamente difícil de matar.

Aquel film, cuya recaudación mundial multiplicó casi por siete su presupuesto, conocería poco después una secuela, Depredador 2 (1990), ya sin McTiernan y, sobre todo, sin Schwarzzie, sustituidos por Stephen Hopkins y Danny Glover (el policía negro de Arma letal, para entendernos), respectivamente; esta continuación no tendría el mismo éxito ni de público ni entre los especialistas. Sin embargo, como el asunto de los argumentos está cada vez peor en Hollywood, a partir del siglo XX se ha retomado el tema, primero haciendo enfrentarse al guerrero alienígena con el xenomorfo, el monstruo de la saga iniciada por Alien. El octavo pasajero (1979), en films como Alien vs. predator (2004) y Alien vs. predator 2 (2007), a cual más endeble y mediocre. Llegada la década de los años diez de este siglo XXI, y como las ideas originales siguen siendo escasas, se vuelve a tirar otra vez de este argumento con este Predator que, digámoslo ya, al menos cumple las expectativas en cuanto a entretenimiento y pasatiempo no especialmente exquisito pero tampoco vergonzoso.

La acción se desarrolla en nuestros días: en el espacio, una nave alienígena que está siendo perseguida por otras pasa (a través de lo que parece una brecha en el espacio-tiempo, o quizá por uno de esos célebres agujeros de gusano que supuestamente nos permitirían viajar casi instantáneamente hasta la otra punta del Universo...) hasta las proximidades de la Tierra. Allí se estrella en una zona en la que un grupo del ejército norteamericano va a intentar liberar a los rehenes de un grupo armado. De la nave ha surgido un depredador extraterrestre que diezma al grupo, pero su capitán, McKenna, consigue escapar, mientras que el alien queda malherido. McKenna se lleva un brazalete y la máscara del extraterrestre para tener pruebas de lo que ha visto, pero las agencias de seguridad nacional no están muy conformes con tal hecho...

Predator tiene como virtud principal un hecho evidente: no engaña; promete una historia más o menos curiosona, vinculada a lo que el imaginario popular recuerda de aquel viejo film de McTiernan, convertido ya en un clásico del cine de acción y aventuras, y desarrolla una historia con varios militares con un “puntazo” dado, como decimos en mi tierra, soldados que tienen algún tipo de problema psicológico, de diversos tipos. A ese grupo heterogéneo y un punto chalado se le une una científica a la que también quieren quitar de en medio las poderosas agencias de seguridad nacional para que no hable de lo que no debe; todo ello se adoba adecuadamente con una buena ración de escenas de acción, con barra libre para los chicos de los efectos digitales y los especialistas, et voilà, ya tenemos un producto sandunguero, un film por supuesto de intereses exclusivamente comerciales pero que cubre razonablemente su objetivo, que no es otro, desde luego, que entretener una hora y media larga, sin pretender otra cosa que el público lo pase bien y llene la cuenta corriente de los productores con unos cuantos ceros.

Por supuesto que el guion es manifiestamente mejorable, que los personajes se podrían haber cincelado mejor, no sabiendo casi nada de ninguno de ellos (y lo que sabemos, mejor que no lo supiéramos...), que la mayoría son roles de cartón-piedra, sin nada detrás, y que la historia tiene bastantes hilos que se quedan sueltos. Pero el conjunto, sin ser nada del otro jueves, al menos no resulta sonrojante. El hecho de que uno de los depredadores tenga algo así como un sentimiento de compasión hacia la especie humana no deja de ser enternecedor... ¡Quién lo iba a decir, con lo duros que parecían!

En el aspecto interpretativo, Boyd Holbrook, lanzado por su personaje en Logan (2017), es aquí la estrellita, aunque sin duda el mejor de los intérpretes es el pequeño Jacob Tremblay, con 11 años cuando rodó este film, y que podría alardear ya de haber estado (y de qué forma: brillantísimo en todas) en películas como La habitación (2015), Somnia. Dentro de tus sueños (2016) y Wonder (2017), entre otras, el nuevo talento de la actuación infantil, que esperamos crezca bien, no como otros niños prodigio a los que la edad adulta les sentó fatal.

Shane Black, el director, gozó de justa fama como buen urdidor de historias de acción en los años ochenta y noventa, como guionista de películas tales como Arma letal (1987) y secuelas, El último boy scout (1991), al servicio de Bruce Willis, y El último gran héroe (1993), con Schwarzzie como estrella. En este siglo XXI se ha pasado a la dirección, siendo hasta ahora Iron Man 3 (2013) su título más relevante. Como cineasta se puede decir que Black no tiene mala mano, aunque parece evidente que todavía le queda por aprender; entre otras cosas, carece aún de personalidad; aunque, tal y como está hoy Hollywood, puede que eso sea incluso una virtud...


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107'

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Predator - by , Sep 20, 2018
2 / 5 stars
Da lo que promete