Pelicula:

Esta película está disponible en la sección Cine de la plataforma Movistar+.

Hace unos años Disney produjo ¡Rompe Ralph! (2012), un film de animación digital sobre un villano de videojuego, el Ralph del título, que harto de ser el malo de la función, decide dar un cambio a su vida, lo que le deparará numerosas aventuras y nuevos amigos, como la deliciosa Vanellope, con la que trabará una indisoluble amistad. Parecía evidente que aquellos personajes, aquella  historia, tenían más recorrido, por lo que Disney vuelve a ponerlos en pantalla en esta secuela, en la que los dos personajes citados, tras la rotura del volante del videojuego de Vanellope, habrán de buscar uno nuevo para sustituirlo, so pena de que la chica no pueda volver a participar en las carreras que dan sentido a su existencia. Para ello los dos amigos habrán de internarse en internet, para ir al portal de subastas eBay en el que pujar para comprar un nuevo volante. Pero incluso para dos personajes digitales como ellos, internet estará lleno de todo tipo de peligros...

La primera de estas dos pelis, ¡Rompe Ralph!, consiguió concitar el beneplácito de público y crítica, que se rindieron ante este nuevo personaje, y sus amigos, que planteaban aventuras y peripecias dentro de un contexto cibernético, con roles bien definidos y una historia amena y divertida. En taquilla recaudó tres veces su coste, lo que ha animado a Disney a recuperar el personaje, el paisaje y el paisanaje, en esta historia igualmente entretenida y agradable, aunque quizá ya no funciona igualmente el factor sorpresa y el interés descienda algo, aunque no apreciablemente. 

Una de las cosas más interesantes de esta secuela será la incursión de los dos personajes principales, Ralph y Vanellope, en el universo denso y poliédrico de internet, lo que permitirá a los directores dar forma y cuerpo a lo que normalmente son entelequias en una pantalla, desde la eBay que es el punto inicial al que se dirigen los protas, hasta todo un rosario de famosas webs, portales, buscadores, etcétera, en una vistosa y brillante materialización del mundo de internet, permitiéndonos “ver” lo que normalmente es inasible, intangible, intocable. También habrá lugar para sitios no demasiado recomendables, como la tenebrosa Dark Web, la internet oscura donde todo es posible (dentro de un orden: esto es una peli para niños, mayormente...), o los virus informáticos, cuya aparición motiva el título del film. También habrá lugar para la sátira, como la que se dedica a los vídeos virales, e incluso para la crítica acerba, tanto a los “youtubers” y sus majaderías como a los odiosos (nunca mejor dicho) “haters”.

Hay temas recurrentes, como el del referente a imitar por parte de la adolescente protagonista, fascinada por la rebelde que lo sabe todo, que lo hace todo bien. El film se permite, eso sí, que para eso estos son otros tiempos, un divertido homenaje en clave paródica a las princesas de Disney, que aquí (aparte de estar dibujadas en 3D) serán además determinantes para salvar al protagonista, en un rasgo de feminismo poco frecuente en la Casa del Ratón, aunque es cierto que en los últimos años algo está cambiando, en ese sentido, en la famosa productora, que aquí, por cierto, se permite una cierta autoparodia, presentando en pantalla todo su actual imperio, desde Blancanieves a la franquicia de Star Wars.

También habla Ralph rompe internet de la fricción entre las visiones de los dos protagonistas, contraponiéndose el conformismo de Ralph, que es feliz con la normalidad cotidiana, con el deseo de aventura, de novedades, de Vanellope; esa fricción pondrá a prueba su amistad (ya se sabe que del amor al odio hay un paso...), que lógicamente se demostrará finalmente mucho más fuerte. El tema de la emancipación como una de las etapas necesarias en la vida de una persona también será un tema finalmente capital, haciéndose ahí mayor el film, como más adulto.

Formalmente Ralph rompe internet es deudora, como no podía ser de otra forma, del look ya concebido para la primera parte, con la antropomorfización de los elementos escritos en lenguaje binario para que aparezcan con cabeza, tronco, cuerpo, extremidades, como una imitación de los humanos, de los que toman algunas de sus virtudes y, ¡ay!, también muchos de sus defectos. Phil Johnston, que debuta en la dirección, ha estado arropado por su codirector, Rich Moore, que fue el realizador en solitario de ¡Rompe Ralph!, cumpliendo así esa ley no escrita que dice que las continuaciones de los éxitos de animación de Disney (y de Pixar, y de DreamWorks, etcétera), si se adjudican a novatos en la puesta en escena, normalmente es con una niñera en forma de correalizador o de productor ejecutivo con plenos poderes. Y es que este Ralph rompe internet ha costado la bonita cifra de 175 millones de dólares, un presupuesto que, de producirse un descalabro económico, podría hacer pupita en las cuentas incluso de la todopoderosa Disney... Pero ambos, Johnston y Moore, hacen un buen trabajo, presentan una película sólida y bien contada, con algunos jacarandosos homenajes cinéfilos como el que reproduce, con Ralph como el gorila “king size”, la famosa escena de King Kong en el Empire State Building (o en las Torres Gemelas, si nos referimos a la versión de Guillermin), pero también otros más sutiles, como el que rememora las oleadas de zombis de Guerra Mundial Z en la forma en la que los virus generados a partir de Ralph, a los que podríamos llamar “ralphis”, lo invaden todo, lo inundan todo, se constituyen en una imparable marea infrahumana.

Por último, Ralph rompe internet nos revela, por si no era ya evidente, que hay todo un filón en el tema de internet, muy poco explotado por el cine, que se sirve de la red de redes de forma utilitaria pero que la utiliza escasamente como tema central o incluso secundario de sus historias.

(02-06-2020)


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112'

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Ralph rompe internet - by , Jun 02, 2020
3 / 5 stars
Conformismo vs. aventura