Película: Río salvaje (1960)

Elia Kazan es uno de los grandes del cine de Hollywood de la edad dorada, lo que son palabras mayores; estamos diciendo que Kazan tenía un talento comparable a un Hawks, un Wyler, incluso a un John Ford; su delación de sus compañeros del Partido Comunista Americano durante la Caza de Brujas del Senador McCarthy, sin embargo, le hizo objeto de repulsa por parte de sus colegas y, en general, de la crítica y la progresía mundial, pero ello no minimiza ni un ápice su genio. Hizo un puñado de grandes películas, como Un tranvía llamado deseo, Viva Zapata, La ley del silencio, Al este del Edén, Esplendor en la hierba, América, América y El compromiso. Pero, en contra de lo que decía Baudelaire, no se puede ser sublime sin interrupción, y alguna vez Kazan no estuvo a esa altura memorable.

Es el caso: Río salvaje nos cuenta una historia ambientada en el estado de Tennessee, en los años treinta, cuando las crecidas en el río homónimo producían graves inundaciones; para resolver ese problema, el gobierno de Roosevelt creó la Tennessee Valley Authority (en anagrama TVA, como era mayormente conocida), para expropiar terrenos y construir una serie de presas que permitieran regular el caudal del río y evitar tales catástrofes. Algunos propietarios se negaban a firmar la venta al estado de sus tierras, como la vieja Ella Garth, que quiere quedarse a toda costa en sus terrenos. Varios enviados de la TVA han fracasado en el intento de desalojar a la anciana; delegan entonces en el funcionario Chuck Glover como último recurso; Chuck pronto choca con el carácter laxo y extraño de los lugareños; la vieja le reitera su intención de no marcharse, pero Chuck se siente atraído por su nieta, Carol, que tiene ya dos hijos de un hombre fallecido unos años antes...

Río salvaje tiene varios problemas: una historia anárquica, que juega a varias bandas, con una línea romántica entre el funcionario y la nieta; otra telúrica, con la vieja que se niega a abandonar el que ha sido su hogar y el de sus ancestros, y donde quiere que la entierren; otra de choque entre ciudad y campo, donde como siempre sale malparado el urbanita; otra de corte antirracista, apostando por dar iguales derechos (y salarios) a blancos y negros, en un estado, Tennessee, perteneciente al irredento Sur que aún se lamía las heridas de la derrota de la Guerra de Secesión; y al menos otra más, de lucha desesperada (de la nieta de la vieja, en este caso) por salir de un lugar sin presente ni futuro. Demasiados temas, muy diversos, y con una intersección complicada entre ellos, hasta el punto de que, a pesar del gran talento de Kazan, parece que vamos pasando de una película a otra dependiendo de la escena que toque de una u otra línea argumental.

Por supuesto, hay cosas valiosas; por ejemplo, la firmeza de la vieja en mantenerse en sus trece, algo que trasciende la mera tozudez para convertirse en un canto por la tierra que la vio nacer y en la que quisiera morir y fundirse con ella hasta el final de los tiempos; en el caso de Kazan, además, adquiere un valor especial, pues él mismo tuvo que emigrar de su Estambul natal para asentarse en otro país, Estados Unidos, en un caso de desarraigo que, por su juventud, no tenía la gravedad de cuando sucede en la senectud; por ejemplo, la espléndida filmación del cineasta grecoamericano, un director solvente y versátil como pocos. Pero también hay errores de bulto, no necesariamente atribuibles a Elia; por ejemplo, el error de casting de elegir a Montgomery Clift para el papel, en un personaje que en ningún momento nos creemos, y aún peor, elegir a Lee Remick como su “partenaire” amoroso: ambos eran muy buenos intérpretes, pero carecen absolutamente de química entre ellos, parecen hermanos en vez de amantes, no hay sensualidad alguna cuando están juntos.

Además, tiene un metraje demasiado largo, se podría haber contado esta misma historia más sincopada, con un cuarto de hora menos, y no habría habido problema alguno. Aparte de Clift y Reemick, sobre los que ya hemos comentado, es relevante la aparición de toda una dama de la interpretación, Jo Van Fleet, que encarna a la vieja que se niega a marchar de la tierra de su familia, y que hace toda una creación de quien se sabe vencida pero vende cara su derrota, y, sobre todo, lo hace desde la dignidad, desde la nobleza de quien todo lo ha hecho, todo lo ha trabajado, todo lo ha vivido.


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110'

Año de producción

Río salvaje (1960) - by , Sep 26, 2018
2 / 5 stars
No se puede ser sublime...