Película: Esplendor en la hierba

Si en algún momento hubiera que hacer una lista con los mejores realizadores del cine americano, uno de los puestos destacados de ella estaría reservado a Elia Kazan. Si notables son todas las películas de Kazan, Esplendor en la hierba parece estar situada en un nudo neurálgico de su filmografía. Su nueva patria (nació en Constantinopla) le preocupa. Ya ha pasado todas las persecuciones maccarthystas, los tiempos de sus films-denuncia: La ley del silencio, Al este del Edén, Baby Doll y Un rostro en la multitud. Kazan, a partir de 1960, se plantea una trilogía de estudio de América: Río salvaje, Esplendor en la hierba y América, América son los títulos que la forman. El tema de los campesinos en la primera, la emigración en la última, con un carácter muy autobiográfico, visto desde el prisma del sueño dorado del que llega al Nuevo Continente; y como centro, todo ese núcleo complejo de Esplendor en la hierba, en la que nos muestra a América a través de unos jóvenes que se siente dominados por sus mayores, por los falsos prejuicios, por las tradiciones; que quieren luchar con rebeldía y con causa por hacer América a su forma.


La clave puede muy bien estar en las palabras del poeta William Wordsworth en su Oda a los himnos de la inmortalidad, que se citan en la película: “Aunque nuestros ojos ya no puedan ver ese puro destello, aunque nada pueda devolvernos el esplendor en la hierba y la gloria en las flores, no debemos afligirnos, porque siempre la belleza subsiste en el recuerdo”. Un espléndido poema y un canto de esperanza, siempre abierto a un futuro incierto; dispuestos a enfrentarse a él con la fuerza de la juventud, a la que no le importa caer porque tiene tiempo para recuperarse, sin resignarse a la postergación, que vendrá luego con los años y la vejez.

La película, ganadora en su día del Oscar al mejor guión –firmado por William Inge--, sigue pareciendo nueva, actual. La dignidad del cine y la altura alcanzada en su ya larga historia, la vivencia interna, la calidad del lenguaje, la respuesta directa y sincera a problemas contemporáneos, la noble independencia estética, tienen en Esplendor en la hierba un claro exponente.

Elia Kazan madura aquí la larga experiencia de una carrera dedicada al cine y al teatro, justificando su fecunda asociación en este caso con el guionista William Inge, la predilección que por él tienen todos los grandes autores americanos, cuyas obras tantas veces y tan gloriosamente se han llevado al cine y al teatro (recordemos nombres como los de Miller, Steinbeck, Williams, Schulberg…).

Su sentido del encuadre, del montaje, del ritmo; el uso exquisito de la elipsis, de la ambientación, le acreditan como uno de los más grandes artistas del cine. Su conocimiento del alma humana, la facilidad para acercarse y alejarse de las situaciones, su don de la medida y de la proporción, su intuición de la emoción, del público, le acreditan como uno de los más grandes creadores cinematográficos de nuestro siglo.

Si se habla del cine de autor, Kazan es uno de los más viejos en la materia. Sus propias novelas son llevadas por él mismo al celuloide, transformándolas en guiones cinematográficos como nadie mejor que él puede hacerlo. La demostración más palpable está en América, América. Pero su inquietud por estar al día en todos los terrenos le hace no quedarse a la zaga a la hora del aggiornamento. El deber adquirido con la sociedad como autor importante a través del cine y de sus películas como medios de expresión, encuentran su más alta representatividad en su obra El compromiso, cuyo título ya es de por sí significativo. La épica y la novela le son asequibles, pero en el gran drama social es incomparable.


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124'

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Esplendor en la hierba - by , Apr 04, 2016
4 / 5 stars
Ese puro destello