Película: Una historia inmortal Rehacer una historia mil veces contada, darle vida real, auténtica, recrearla con personajes de carne y hueso es lo que pretende Mr. Clay, el protagonista viejo, poderoso y cansado de Una historia inmortal. De nuevo estamos ante la fascinación del relato, de la historia, de lo contado, de ese cuento que pretendemos que sea realidad. Y Mr. Clay puede llevarlo a la práctica porque tiene el dinero, el oro que compra vidas, ilusiones y juventud.

No se trata ya de rehacer una vida, como en Ciudadano Kane, para buscar su secreto, no se trata de buscar un secreto como en Sed de mal, no se trata de encontrar una lógica como en El proceso. Es más bien, tan sólo, encontrarse a sí mismo, reencontrarse, realizarse… Aspiraciones de viejo, como lo es Mr. Clay, el hombre que quiere ver en su casa la historia inmortal que ha oído contar por Macao y por mil puertos exóticos más. Aspiraciones de anciano, como lo es Falstaff en Campanadas a medianoche, haciendo realidad el sueño de su joven rey.

Pero Mr. Clay, como Falstaff, muere. Ha cumplido su misión, y su historia memorable, contada por un Welles nostálgico, lejos de su primera época, un Welles sereno y maduro, viejo y cansado también como sus héroes últimos, se realiza casi inútilmente. La escena final nos da la pauta: en un porche espacioso, cuando empieza la luz del día, con unos colores lujosos y una armonía total, una caracola rueda por el suelo. Como la bola de cristal del comienzo de Ciudadano Kane, sólo que al final, tras una narración cronológica, clásica. Sin “Rosebud”, sin secretos, tranquilamente, con placidez. Y así, nada más claro para marcar casi treinta años en la vida de un autor, para marcar una madurez, un remanso en la genialidad, una serena nostalgia.

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56'

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Una historia inmortal - by , Mar 01, 2013
4 / 5 stars
Nostálgica madurez