Película: Una pasión singular

Extrañamente, la figura de Blas Infante, el llamado Padre de la Patria Andaluza, no se había llevado nunca al cine comercial de forma monográfica; en formato semiprofesional se rodó hace un par de decenios un mediometraje, Un nombre, un ideal: Blas Infante, de M. Carlos Fernández, y en cine profesional apareció episódicamente en La Lola se va a los puertos, en la moderna versión de Josefina Molina.


Ahora es Antonio Gonzalo, cuyo antecedente con Andalucía está en la ya histórica Tierra de rastrojos, realizada en 1979 sobre el problema agrario andaluz, el que afronta el reto de llevar por primera vez a la gran pantalla la vida de este notario sobre cuyos valores e ideario se sustenta, en buena medida, la actual autonomía andaluza. Pero, lamentablemente, Gonzalo no ha dado en el clavo. La biografía se convierte, como era de temer, en una hagiografía, una vida de santo, y todo lo que se cuenta del notario de Casares es un rosario de datos positivos, desde sus iniciales coqueteos con el georgismo, pasando por el complot de Tablada, en el que presuntamente estuvo implicado sin saberlo, la hibernación durante la Dictadura de Primo de Rivera y la vuelta a la política activa, siempre filantrópica, una vez proclamada la República. Pero los perfiles más peliagudos aparecen limados, para no ensombrecer la cara más encomiable de un hombre que, ciertamente, fue fundamental en la toma de conciencia de Andalucía como pueblo.


Con una narración fragmentada, intercalando en el relato de sus últimos días distintas fases de su vida, la película peca además de unos diálogos con frecuencia engolados, grandilocuentes, como si estos personajes que fueron importantes en su tiempo hablaran siempre como si estuvieran declamando sus discursos, y no como seres normales y corrientes, de carne y hueso. Además, aunque hay cierto empaque industrial en el proyecto, se advierten carencias de medios y, lo que es peor, no se consigue evitar la sensación de acartonamiento, de teatro mal filmado. Así las cosas, el loable esfuerzo de Daniel Freire para dar vida a Blas Infante y el hecho de estar hablada en un correcto andaluz (otra cosa hubiera sido inadmisible) son algunos de los escasos valores de un filme cuya mera existencia, poniendo por primera vez en imágenes de forma monográfica al creador de la conciencia andaluza, es su mejor, por no decir única, virtud.


 


Una pasión singular - by , Dec 22, 2017
1 / 5 stars
Vale porque existe