Película: A silent voice

El manga, por supuesto, no se limita al género de acción, que es quizá su faceta más llamativa. Hay otras muchas líneas argumentales en estas historietas gráficas japonesas que son conocidas con el nombre genérico de manga, y consecuentemente, también en el anime, que es como se denomina a sus adaptaciones al cine en dibujos animados.

Aunque la productora por antonomasia de cine de dibujos animados en Japón sea Studio Ghibli (de donde han salido maravillas como El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke o El viento se levanta, entre otras), hay otras también interesantes, como Kyoto Animation, que es la productora fundamental en esta A silent voice, que parte del manga homónimo original de Yoshitoki Ôima, publicado en 2011, y que, digámoslo ya, constituye una muy agradable sorpresa.

Japón, en nuestros días: Shôko, una chica sorda, es la nueva alumna del instituto; allí Ishida, el típico alumno “malote”, le hará pasar un quinario con su acoso y constantes burlas, hasta que la niña tiene que cambiar de centro escolar; el resto de los alumnos acusa a Ishida de haber sido el provocador de esa circunstancia, y todos le dan la espalda, conociendo entonces el muchacho el amargo sabor del aislamiento. Años más tarde, sinceramente arrepentido, se reencuentra con Shôko...

A silent voice pone voz (valga la redundancia, aunque sea en idiomas distintos...) a ese lacerante fenómeno, no precisamente nuevo, del acoso escolar, el famoso “bullying” (ya se sabe que ahora para que tomen en serio tienes que llamar a las cosas por un sonoro nombre inglés...). Pero, afortunadamente, no es el típico producto bienintencionado y alicorto tan típico en estos casos (estoy pensando en la chata Cobardes, de Corbacho & Cruz, por ejemplo), sino que afronta el tema desde la perspectiva de la sensibilidad y el arte. Porque no de otra forma se puede llamar esta a ratos prodigiosa película que es A silent voice, un doble descenso al infierno: el que protagoniza, a su pesar, la joven sorda al comienzo del film, que tiene además graves problemas de autoestima, y el que padecerá su verdugo posteriormente, cuando, al madurar, se dé cuenta de la felonía de su comportamiento y sienta hundirse el mundo a sus pies. El que entre ambos surja algo parecido al amor, de una forma tan sutil que es casi inapreciable, es otro de los méritos de esta película hermosa, callada (como su protagonista...), que habla con imágenes antes que con palabras.

Bellísimamente dibujada, aunque sea con frecuencia con tonos cuasi naif, sorprende su extraordinaria creatividad, su osadía: esos rostros literalmente tachados de los que fueron amigos del protagonista y que ahora son anónimos acusadores, gente que no quiere saber nada de él; la abundancia de planos en los que la cámara se centra en los pies, como mucho las piernas de los personajes, como forma de expresar la vergüenza absoluta del que fue un carajote y ahora tanto lo lamenta; la secuencia de los fuegos artificiales, con una resolución dramáticamente espléndida... Todo es fastuosamente bueno, todo recuerda el mejor cine de animación japonés, el que han hecho, entre otros, gente tan estupenda como Hiromasa Yonebayashi (El recuerdo de Marnie), Isao Takahata (El cuento de la princesa Kaguya), Makoto Shinkai (Your name), y, sobre todos ellos, el gran Hayao Miyazaki, autor de los films citados en el primer párrafo de esta crítica.

Lástima que esta doliente pero tan hermosa A silent voice tenga, hacia la mitad del metraje, un bache de ritmo en el que la narración embarranca durante algún tiempo, haciendo que la historia no progrese. Ese mínimo fallo desluce apenas lo que podría haber sido (pero ya no lo es) una obra maestra del cine de animación, pero también del cine que habla de personas, de sentimientos, presentándonos el envés de lo que habitualmente conocemos, el testimonio de las víctimas, para situarnos en la posición del verdugo, de un verdugo que pasará a ser, él también, una víctima más, recorriendo un penoso camino de redención que le deberá llevar a convertirse en el ser humano cabal que podría llegar a ser.

Gran trabajo de la directora Naoko Yamada, con una hasta ahora dilatada carrera en televisión, aunque en cine ha hecho todavía pocas obras. Con esta A silent voice se gradúa cum laude en el cine de anime de alto nivel, el que habla, y con qué voltaje, de emociones a través de personajillos apenas esbozados en un tipo de dibujo moderadamente antropomórfico, y que en algunos roles (la hermana de Shôko, el amigo Nagatsuka) recuerda poderosamente a personajes de series televisivas infantiles tan populares como Sinchan, aunque evidentemente este film juega en otra liga, la del cine que crece dentro de nosotros incesantemente cuando la pantalla se ha apagado, cuando los ecos de las voces ya no se escuchan.


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129'

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A silent voice - by , Mar 22, 2018
4 / 5 stars
Camino de redención