Película: La guerrilla

El hecho de que, en 1972, ni la dramaturgia ni la novelística del escritor Azorín se hubieran llevado a la pantalla, animaron a la madrileña productora Coral y a la parisina Universal Productions, a coproducir el drama “La guerrilla”. Estamos lejos de lo que sería “la adaptación cinematográfica de una pieza dramática” por cuanto variantes e intenciones difieren del precedente. La transgresión sufrida por la obra original obligó a establecer, en los títulos de crédito, el consiguiente “argumento inspirado en”.

En la película La guerrilla, los soldados de Napoleón asolan los territorios españoles y dan muerte a militares y civiles sin distinción. La Iglesia acepta la muerte del francés como un designio divino, mientras el rey Fernando VII orienta las acciones de los patriotas. La guerrilla es una solución cuando la acción militar no llega a todos los rincones. El Tuerto (Eduardo Calvo), el Cura Medina (Luis Induni), “El Cabrero” (Francisco Rabal), son guerrilleros empeñados en salvar a su pueblo de la muerte y en expulsar al invasor. Mientras, en la retaguardia francesa, el general da órdenes al coronel Santamour para acabar con ciertos asesinos de franceses habitantes de determinado lugar. En efecto, en una aldea castellana viven Juan (Fernando Sancho), alcalde, Valentín (José Nieto), posadero, y Eulalia (Eulalia del Pino), su esposa, la cual es amante del primero; Juana María (La Pocha), hija del matrimonio, no sabe que el alcalde es su verdadero padre…

Rafael Gil explicita al espectador, mediante el diálogo de personajes, el funcionamiento, la procedencia, la composición, la ideología, etc., de la guerrilla, y, al tiempo, anticipa el personaje y las acciones de “El Cabrero” a los inicios del filme; además, amplía los grupos guerrilleros con las partidas del Cura Medina y “El Tuerto”; con ello se aproxima a las versiones de la españolada, en sus variantes de bandoleros y guerrilleros, trenzado con la modalidad histórico-patriótica donde la Guerra de la Independencia es el eje sobre el que se inscribe la acción popular. Los personajes recreados por los guionistas presentan algunas diferencias respecto del original; obviamente una ingente cantidad de secundarios permite responder a unas exigencias narrativas y escenográficas propias de una película descriptiva y comercial donde los hechos no están precisamente sugeridos sino planteados y desarrollados con nudos y desenlaces.

El realizador, Rafael Gil, hace una personal lectura política de su obra tanto por lo que defiende como por lo que rechaza. La valora como “auténticamente pacifista (ya) que se plantea la guerra y los horrores de la guerra con sinceridad”; y rechaza que pueda ser entendida como un paralelo simbólico con la guerra civil española. La ideología de la película se hace evidente en las conversaciones entre Etienne y El Cabrero; el militar francés pregunta qué defienden los españoles con tanto ahínco, “¿la Inquisición, un rey cobarde, los privilegios de los grandes de España e Inglaterra?” y añade que ellos ofrecen lo mejor de la revolución: “la igualdad, la libertad”; por su parte, el guerrillero español contesta que, con su actuación, defienden su independencia, incluido el “derecho de ser pobre”, y recrimina a su interlocutor imponer ideas por la vía de la violencia. No debe pasar desapercibida la identificación entre religión y patriotismo; la escena del sacerdote catequista, luego convertido en el guerrillero cura Medina, es una clase de catecismo patriótico donde los cristianos alumnos aprenden que Napoleón es un enemigo proveniente del pecado y los franceses, herejes; matarlos es obra meritoria que el rey Fernando ordena y la Iglesia aconseja.

El ilustre texto azoriniano ha pretendido ennoblecerse artísticamente con una música apoyada en temas de Beethoven y Tchaikovski, y con una selección de grabados de Goya, “Los desastres de la guerra”, que abren y cierran el filme para inscribir sobre ellos tanto los títulos de crédito como la palabra “fin”; por otra parte, alguna situación, la fabricación de la pólvora, y personaje, Dora (Charo López), la criada emplumada y castigada por actuar como “puta de los franceses”, devienen en pictóricas secuencias de evidente inspiración goyesca. Los escenarios presentados en la obra teatral son abundantemente ampliados por la película.

La guerrilla, estrenada el 16 de febrero de 1973, no respondió, comercialmente hablando, a las expectativas de sus productores. Ni  la fotografía de un profesional como José F. Aguayo, ni la música de un veterano como el maestro Parada, ni la presencia de intérpretes como Francisco Rabal o de  secundarios tan certeros como Lola Gaos, Jesús Tordesillas, Fernando Sánchez Polack, entre otros, y, mucho menos, la desafortunada entrega de los principales papeles a La Pocha y Jacques Destoop, tan físicamente agraciados como profesionalmente inexpresivos y popularmente desconocidos, convirtieron el filme en un producto estéticamente nulo, a pesar de basarse en ilustre antecedente, e industrialmente raquítico, incluso tras haber sido distribuido por la Paramount, donde el nombre del dramaturgo se convertía en un glorioso desecho capaz de atraer sólo a incautos espectadores.


La guerrilla - by , Apr 04, 2017
1 / 5 stars
Tardía españolada histórica