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CINE EN SALAS   

Yorgos Lanthimos ha asumido el rol de provocador que en cine han tenido, a lo largo de la Historia, gente como David Lynch, Lars Von Trier, Quentin Tarantino o Gaspar Noé, entre otros. Cineastas que, al margen del interés de sus propuestas, han gustado a lo largo de su carrera de provocar al espectador de muy diversas formas. Nos parece que es caso del cineasta griego Lanthimos, que saltó por primera vez a la fama con Canino, y después ha conseguido desarrollar una carrera internacional que ha concitado, en general, interés, aunque cuando más ha gustado (quizá habría que decir “me” ha gustado...) ha sido cuando ha huido (o al menos ha estado más comedido...) de la provocación como forma de comunicarse con el público; estamos pensando en El sacrificio de un ciervo sagrado, seguramente su mejor film, mientras que tanto Langosta como La favorita, sin ser deleznables ni mucho menos, nos parecieron inferiores.

Pues algo así ocurre, a nuestro parecer, con esta artificiosa, rebuscadamente provocativa Pobres criaturas, adaptación al cine de la novela del escritor escocés Alasdair Gray, publicada en 1992 por Bloomsbury, el texto más famoso de su autor, con ecos de Kafka, Orwell y, por supuesto, Mary Shelley; de hecho, se ha dicho y nos parece cierto, que Pobres criaturas no es sino una deconstrucción del mito de Frankenstein. Y así nos parece, por cuanto, entre otras cosas, el famoso monstruo creado por el doctor de ese apellido, imaginado por la fértil mente de la esposa de Percy B. Shelley, aquí aparecería desdoblado en dos personas: por un lado Bella Baxter, una mujer embarazada y suicidada, que será resucitada por el científico loco de turno con una inesperada variante, científico que resulta ser el muy peculiar Goodwin Baxter, cuyo rostro, por otra parte, ciertamente recuerda el plenamente reconocible cuerpo hecho de retales del monstruo de la novela de Mary Shelley.

La historia se ambienta en un tiempo indeterminado, pero que aparenta ser quizá principios del siglo XX: tiene lugar en varios escenarios, como París o un buque de recreo en el que se embarca la bella Bella y el amante que la tienta para gozar inmoderadamente del sexo, a lo que ella, en puridad un bebé en un cuerpo de mujer, en plena función de aprenderlo todo, consiente encantada. Conocemos al Doctor Goodwin, como decimos cualquier cosa menos un tipo mediocre y corriente, pero también a su ayudante, el apocado Max, que se ha enamorado de Bella y quiere hacerla su esposa... Pero para eso tendrán que suceder muchas cosas...

En nuestra opinión, esta vez Lanthimos ha errado el tiro: su película tiene una querencia digna de mejor causa hacia  la palabrería vacua, lo que redunda en que el producto (o al menos eso nos pareció) resulte larguísimo y aburrido; se le podrían quitar veinte o treinta minutos y el resultado hubiera sido el mismo; miento: hubiera sido bastante mejor... Y es que no hay forma de que hoy día se haga una película que se quiera reputar de “importante” (lo que quiera que sea eso) que no baje de las dos horas y pico, como es el caso.

Estamos, por supuesto, ante una ácida sátira de la sociedad civilizada, o de la sociedad educada, como dicen en el film, con la apariencia de ser una artificiosa relectura del mito de Frankenstein, adobado por ese gusto típico y tópico de Lanthimos por provocar al espectador, esa antigualla del “épateur le bourgeois”, que podía tener cierto sentido en la época de Rimbaud y Baudelaire, pero que hoy resulta más bien cansina y fatigosa.

Hay también, o eso nos parece, una cierta aproximación al rousseauniano mito del buen salvaje, que ha tenido su plasmación cinematográfica en films como El pequeño salvaje de Truffaut o El enigma de Kaspar Hauser, de Herzog. Por otra lado, parece que Lanthimos, que debe estar muy contento de haberse conocido, no puede resistirse a la autocita, y eso nos parece que hace cuando el Dr. Baxter impide protectoramente que Bella salga al exterior, justamente como hacen los padres de Canino con sus hijos, e incluso cuando cita, en boca de uno de sus personajes, la cadena montañosa de los Alpes, justamente el título  (Alpeis en griego, Alpes en español) del film posterior al citado Canino.

También habla la película de temas como el sexo y la facultad de ejercerlo como y cuando se quiera, en absoluta libertad. En ese sentido, aquí para Bella el sexo es una cuestión fisiológica, una fuente de placer sin sombra de pecado ni de culpa. Incluso el sexo mercenario está visto sin problemas.

El film también habla de  las edades del ser humano, en especial las fases de la niñez (con su tendencia a romperlo todo y a no obedecer), la adolescencia (con su rebeldía innata) y la madurez, cuando se abandona el ombliguismo de la infancia y se descubre al otro como sujeto hacia el que abrirse, cuando se descubren también las terribles injusticias del mundo y se intenta poner remedio a ellas.

Hay también una evidente influencia de lo grotesco, pero también del cambio de siglo, ese momento, entre el XIX y el XX, cuando aún estamos simbólicamente entre el oscurantismo de la antigua época y el científismo del nuevo siglo, en una peculiar mezcla, en una encrucijada que se ejemplifica especialmente en el personaje del Dr. Baxter.

Todo eso está muy bien, pero está contado sin un ritmo narrativo que sea digno de tal nombre, le sobra un buen puñado de minutos, y además con frecuencia los constantes diálogos (los personajes no se callan ni bajo agua...) son de besugos (qué propio, dado lo del agua...) más que de personas con cierto caletre.

Es verdad que hay un impresionante diseño de producción, recreando, a su manera, un mundo de comienzos del siglo XX que es a la vez real y fantástico, con una serie de extravagantes animales cruzados, como el perro-pato, o el cerdo-gallina, que ciertamente son de lo más curioso. Es verdad también que estamos ante un costeada producción, a la que han aportado sus caudales hasta tres cinematografías, Irlanda, Estados Unidos y Reino Unido, con magníficos técnicos, como el director de fotografía Robbie Ryan, el habitual operador de Ken Loach, y una ampulosa puesta en escena, donde los técnicos de CGI, de la tecnología digital, se han tenido que batir el cobre bravamente.

Pero Lanthimos, o así nos parece, ha perdido transgresión para gustarse en este tipo de producciones lujosas en las que recrea mundos maravillosos e imposibles pero que (al menos a nosotros...) nos interesan más bien poco...

Gran trabajo de Emma Stone, ciertamente espléndida como Bella Baxter; también muy bien el citado Dafoe, siempre una garantía de talento; inferiores nos han parecido los otros dos coprotagonistas, Mark Ruffalo y Ramy Youssef.

(05-02-2024)


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141'

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Pobres criaturas - by , Feb 05, 2024
2 / 5 stars
Frankenstein deconstruido