Pelicula:

Esta película está disponible en el catálogo de Netflix, Plataforma de Vídeo bajo Demanda (Vod).

Aardman Animation mantuvo una estrecha colaboración con el gigante DreamWorks, en su división de animación, relación que se prolongó durante los primeros años del siglo XXI. Se inició con la exitosa Evasión en la granja (2000), que, además de un notable éxito de taquilla, fue saludada como una película de gran inventiva, una muy divertida parodia de La gran evasión (1963), de John Sturges, con Steve McQueen como héroe. La colaboración entre los británicos de Aardman y los yanquis de DreamWorks, entonces todavía en manos de sus fundadores, Spielberg, Geffen y Katzenberg, se mantendría en Wallace & Gromit. La maldición de las verduras (2005), que ganó el Oscar al Mejor Largometraje de Animación y que también fue muy bien en recaudación, así que la nueva colaboración entre los socios estaba cantada; sin embargo, Ratónpolis (el original, Flushed away, parece que podría traducirse algo así como “Arrastrado”) no concitó igual unanimidad. La opinión crítica estuvo dividida y en taquilla no funcionó demasiado bien, habiendo dispuesto de un desahogado presupuesto en torno a los 150 millones de dólares, lo que terminó con la asociación de Aardman y DreamWorks.

En este caso, Ratónpolis fue una de las pocas películas de Aardman en la que renunciaron a una de sus señas de identidad, seguramente la principal, la animación a través de figuras de plastilina. Por el contrario, Ratónpolis, a la manera de los grandes éxitos hasta entonces de DreamWorks, como Hormigaz (1998), Shrek (2001) o Madagascar (2005), se realizó con la técnica de la animación digital, que permite una sensación de tres dimensiones.

La historia se ambienta inicialmente en el señorial barrio londinense de Kensington, donde el protagonista, Roddy Saint-James, es un aristocrático ratón, mascota de la niña de una casa de la nobleza británica; cuando la familia se marcha de viaje, Roddy se queda solo y puede disfrutar a sus anchas de las comodidades de la mansión. Pero en el casoplón consigue colarse otro ratoncito, Sid, de clase baja, quien lo lanza por la taza del wáter y el lord ratón termina en las alcantarillas; allí conoce a Rita, una simpática aunque un punto cínica ratoncita que intenta escapar en su barco de las garras del villano Toad y sus secuaces...

Ratónpolis es, sin duda, una película agradable de ver: cuenta una historia curiosa, con su ratoncito exquisito al que un baño de realidad le hará ver cuán solo estaba en la señorial mansión, cuán triste era la vida del noble, pero también nos presenta la vida de una aventurera, una chica hecha a sí misma que conecta muy bien con las nuevas sensibilidades que ponen en primera línea personajes femeninos fuertes, aquí prácticamente en pie de igualdad con el protagonista, y mucho más vigoroso, tanto física como mentalmente. Tiene también una historia resultona, con sus malos muy malos (aunque también muy divertidos, lo que quizá juega en su contra), tanto el hampón Toad como el franchute Le Frog, La rana, doblado en inglés por Jean Reno.

Pero también es cierto que la película se resiente de una cierta falta de originalidad; la historia nos suena a conocida, a haberla visto, con otros ropajes y con variantes, decenas de veces, con su “road movie” (aquí más bien “sewer movie”, película-alcantarilla...) a través de la cual el prota irá modificando su inicial y egoísta comportamiento, haciéndose más humano, más normal, más adulto. Ese proceso de maduración lo hemos visto muchas veces, y en este caso tampoco hay ninguna novedad que nos permita concederle alguna preeminencia, alguna originalidad.

Los directores, los británicos David Bowers y Sam Fell (este último autor de la idea original), hacen un trabajo correcto y lo cierto es que la historia se sigue con agrado aunque sin alharacas. Podría imaginarse qué habrían hecho en la dirección del film los dos grandes realizadores de Aardman, el fundador del estudio, Peter Lord, y su discípulo más aventajado, Nick Park, autores en comandita de la mentada Evasión en la granja, que se puede considerar la obra maestra de la productora.

En cualquier caso, Ratónpolis proporciona hora y media de grato entretenimiento, con una contrastada calidad de dibujo digital, en el universo de la fábula que tan bien encaja en las historias de animación: ¿qué hubiera sido de Disney si Esopo no hubiera popularizado la fábula, la antropomorfización de los animales, atribuyéndoles las virtudes y (sobre todo...) los vicios de los humanos?

(14-08-2020)


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85'

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Ratónpolis - by , Aug 14, 2020
2 / 5 stars
Un ratón aristócrata en las alcantarillas