Película: The party

Sally Potter es una guionista y directora de cine (además de directora teatral) londinense, con una carrera en su faceta cinematográfica espaciada y no demasiado larga, teniendo en cuenta que empezó a hacer cortos en 1969, hace la friolera de casi cincuenta años cuando se escriben estas líneas. Pero está claro que para Potter el cine no es un medio de subsistencia sino de expresión o creación artística, y solo hace aquello que le apetece. Aunque empezó a dirigir en 1969, lo cierto es que hasta 1990, con Orlando, versión al cine de la novela homónima de Virginia Woolf, no alcanzó notoriedad internacional. Tras ella ha hecho algunos (pocos...) films, como La lección de tango (1997), de corte semiautobiográfico, Vidas futuras (2000), con Johnny Depp, y Ginger & Rosa (2012), entre otros, aunque no ha llegado a gozar con estos títulos del predicamento que obtuvo con la evanescente Orlando (aunque, sinceramente, me pareció un vehículo muy estético pero muy vacío).

Ahora, con The party, vuelve a la primera línea de la actualidad cinematográfica, rodando en un único escenario y con una sola situación, la fiesta que Janet da en su casa a un grupo de amigos para celebrar el hecho de que ha sido nombrada ministra de Salud en el gabinete “en la sombra” del partido de la oposición (no se dice pero se intuye que el Laborista...). En la fiesta está, además de su marido Bill (que, en estado cuasi catatónico, solo bebe vino y pone música en discos de vinilo), su descreída amiga April y su compañero alemán Gottfried, una especie de “coach” espiritual, su también amiga la profesora Martha, con su pareja (embarazada de trillizos por inseminación artificial), Jinny, de profesión cocinera, y Tom, profesional de las finanzas, que acude en solitario arguyendo que su mujer, Marianne, llegará más tarde. Pero lo que parecía una plácida celebración pronto tomará otro cariz cuando Bill confiesa un par de cosas que harán arder la fiesta...

The party es uno de esos films cuya visión resulta sumamente agradable para cualquier cinéfilo. Es brillante, con diálogos chispeantes, una alta comedia en clave melifluamente negra, con excelentes interpretaciones (aunque Cillian Murphy está algo sobreactuado, e incluso la sobria Kristin Scott Thomas tiene alguna explosión emocional demasiado fuera de tono), rodada en un elegante blanco y negro que nos trae reminiscencias antiguas, aunque la acción se sitúe en nuestros días. Tiene también el plus de que en su trama tiene cabida buena parte de los temas intemporales del ser humano (el amor, la fidelidad y la infidelidad, la maternidad deseada y compartida, el escepticismo ante la res publica, la sanidad oficial y la alternativa, la ciencia y la fe, la muerte), pero también otros que son de rabiosa actualidad y hubieran sido impensables hace solo algunas décadas (la maternidad por métodos alternativos, la plena naturalidad en las parejas homosexuales), o que, teniendo ya más de un siglo de existencia, como es el caso del feminismo, está actualmente en el centro del debate público desde muy diversas perspectivas.

Potter es una cineasta con buena mano para la puesta en escena, que resulta fluida y fácil de seguir, a pesar del inevitable tono teatralizante de las cuatro paredes en las que está filmada la película (la casa de Janet y Bill, incluido su pequeño jardín). Los diálogos, como queda dicho, son brillantes, bien declamados, en una comedia negra, quizá mejor una dramedia sobre la vida de los seres humanos en estas primeras décadas del siglo XXI, en un contexto de Primer Mundo donde no hay problemas de subsistencia sino de relaciones personales.

Estamos entonces ante un buen film, que colmará, con probabilidad, las expectativas del espectador, mayormente si tiene intereses culturales e intelectuales. Pero (siempre tiene que haber un pero, me temo...), me parece que The party incurre en cierta vacuidad: los “speeches” de los personajes son interesantes, aunque tal vez no demasiado creíbles, algo declamatorios, como si todos estuvieran diciendo constantemente la lapidaria frase que les permita hacer un mutis por el foro, como en el teatro. La inesperada pirueta final también parece pillada un tanto por los pelos, y si lo que pretende Potter es, a estas alturas, epatar, parece que se equivoca de medio a medio.

Con todo, como decimos, es un film agradecido que gustará, y mucho, porque tiene un tono elevado, exquisito, que no es demasiado frecuente en el cine de hoy: gusta ver estos personajes de rabiosa actualidad, de nuestro tiempo y no de otro, hablando, discutiendo, peleándose, amándose. Gusta, aunque uno tenga la impresión de que todo lo que dicen está demasiado bien escrito, demasiado alambicado. Es una pega menor, sin duda, pero parece obligada mencionarla si se ha visto. Y sí, se ha visto...

Aparte de los intérpretes antes mencionados, habría que citar a la siempre estupenda Patricia Clarkson, un lujo para cualquier película que tenga la suerte de contar con ella, pero también la aparición casi ectoplásmica del histórico Bruno Ganz, el inolvidable coprotagonista de El amigo americano (1977), de Wim Wenders, actor fetiche del Nuevo Cine Alemán, al que en los últimos años, aunque sigue con una febril carrera como intérprete, apenas vemos en las pantallas internacionales. Por supuesto también hay que citar a Timothy Spall, ese actor de tan peculiar rostro, capaz de hacer Shakespeare, Dickens o J.K. Rowling con la misma desenvoltura; así mismo citaremos a Cherry Jones, actriz que ha trabajado varias veces con M. Night Shyamalan, pero cuyo título más popular quizá haya sido la serie televisiva 24; y Emily Mortimer, que conoce una edad de oro con tres títulos recientes que la han puesto en el candelero, El sentido de un final, la estupenda La librería y esta The party.


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71'

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The party - by , Feb 23, 2018
2 / 5 stars
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