Enrique Colmena

El estreno de Julieta pone de actualidad de nuevo el cine de Pedro Almodóvar. Se suele decir, no sin razón, que su cine es fundamentalmente de mujeres, que sus mejores personajes son siempre femeninos, y la verdad es que no se puede decir que sean afirmaciones erróneas. De hecho, su cine se podría clasificar en función a las actrices que ha utilizado en cada momento, de tal manera que hay etapas en las que han tenido preeminencia en sus películas determinadas intérpretes, y ello ha influido de forma apreciable en su filmografía.

La primera de esas épocas tiene el nombre de Carmen Maura, que estuvo incluso en la etapa más underground del cineasta manchego, cuando hacía cortos provocadores como Folle… folle… fólleme Tim (1978), pero sobre todo a partir de su primer largometraje, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), en una colaboración que se mantuvo en otras cinco películas durante la década de los ochenta: Entre tinieblas (1983), ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), Matador (1986), La ley del deseo (1987) y  Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), para tener una coda o estrambote ya entrado el siglo XXI en Volver (2006). La segunda etapa según sus actrices sería la de Victoria Abril, que se inicia (aunque no figure en los créditos) con La ley del deseo y que se extenderá  a lo largo de otros tres largos, ¡Átame! (1989), Tacones lejanos (1991) y Kika (1993).

Después podríamos hablar de la etapa Marisa Paredes, de la que hubo un prólogo con Entre tinieblas, para tomar ya carta de naturaleza a partir de Tacones lejanos, La flor de mi secreto (1995) y Todo sobre mi madre (1999), con intervenciones episódicas posteriores en filmes como Hable con ella (2002) y La piel que habito (2011).

Se puede hablar también de una época Cecilia Roth, con algunos papeles secundarios al principio de la carrera almodovaríana, en filmes como Laberinto de pasiones (1982) y ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, para eclosionar con toda su fuerza a partir de Todo sobre mi madre, Hable con ella y Los amantes pasajeros (2013).

La última (por ahora…) de las actrices protagonistas que configuran una etapa del cine almodovariano sería Penélope Cruz, que interviene por primera vez en una película de Pedro en Carne trémula (1997), para participar ya en papeles principales en varios filmes posteriores, casi todos ya en el siglo XXI, en filmes como Volver, Los abrazos rotos (2009) y Los amantes pasajeros.

Aparte de ellas, desde luego, hay una nutrida representación de actrices, fundamentalmente de reparto, que se han convertido también en habituales en el cine del manchego y que son, con toda justicia, también chicas Almodóvar, aunque por edad algunas sean ancianas, como es el caso de la recientemente fallecida Chus Lampreave o de la siempre vitalista Julieta Serrano; otras son más jóvenes, como Rossy de Palma, Kiti Mánver, Bibiana Fernández, Loles León, María Barranco, Ángela Molina, Candela Peña, Antonia San Juan y Lola Dueñas, entre otras.

Pero, ¿quiero ello decir que no existe la figura del “chico Almodóvar”? Entendemos que sí existe, aunque es cierta la preeminencia de la mujer sobre el hombre en el cine almodovariano. Los papeles femeninos, en general, tienen más enjundia, más grosor, están mejor delineados que los masculinos. A pesar de todo, también existen actores que han marcado el cine de Almodóvar. El que más, evidentemente, Antonio Banderas, que empezó con el manchego en su segundo largometraje, Laberinto de pasiones, cuando al malagueño no lo conocía nadie, y que a lo largo de los años ochenta colaboró con Pedro en otras cuatro ocasiones, en Matador, La ley del deseo, Mujeres al borde… y ¡Átame!. Después, con el éxodo de Antonio a Hollywood, las circunstancias no permitieron que volvieran a trabajar juntos hasta La piel que habito y una pequeña intervención en Los amantes pasajeros.

Otros actores han tenido también su importancia en el cine almodovariano. Algunos ya han desaparecido, como Nacho Martínez, prematuramente fallecido, pero que antes de morir hizo hasta tres filmes para Almodóvar, siendo el personaje más importante el que hizo en Matador. También Javier Cámara, aunque por edad se ha incorporado más tarde a los elencos almodovarianos, ha trabajado ya en tres de sus filmes, siendo el más relevante desde el punto de su participación Hable con ella, donde era protagonista absoluto. Algunos como Eusebio Poncela, aunque sólo ha colaborado dos veces con Almodóvar, ha sido en filmes donde ha estado sobresaliente; es el caso de Matador y, sobre todo, La ley del deseo. Javier Bardem, otro de los iconos del cine español, actuó para Almodóvar cuando todavía no era nadie, en Tacones lejanos y Carne trémula. Imanol Arias, por su parte, estuvo con Almodóvar también cuando no era conocido, en Laberinto de pasiones, pero también años más tarde, cuando ambos habían alcanzado ya la fama, en La flor de mi secreto.

Algunos actores han tenido una presencia secundaria pero reiterada en el cine de Almodóvar. Es el caso del siempre sólido Fernando Guillén, que estuvo en tres películas del manchego, quizá la más relevante Mujeres al borde de un ataque de nervios, y también de Lluís Homar, al que Pedro rescató de cierto olvido en La mala educación (2004) y le dio un papel bombón en Los abrazos rotos. El argentino Julio Grandinetti también ha aparecido dos veces en el último cine de Almodóvar, en Hable con ella y en la reciente Julieta, también en papeles de reparto. Por último, un sólido característico como Ángel de Andrés López ha estado en dos filmes almodovarianos, ¿Qué he hecho yo para merecer esto? y Mujeres al borde

Así que, efectivamente, existen los chicos Almodóvar; quizá no tengan la misma relevancia, la misma importancia que sus colegas femeninas, pero qué duda cabe que también han tenido, y tienen, su peso en la filmografía de un director que, con independencia de filias y fobias, es uno de los más interesantes del cine español de los últimos cuarenta años. Cabe recordar algunos personajes masculinos memorables, como el enfermero que compone Javier Cámara en Hable con ella, el ex torero que hacía Nacho Martínez en Matador, o el director de cine demediado entre dos amores que personificó Eusebio Poncela en La ley del deseo. Todos ellos, y otros que se quedan en el disco duro, corroboran que hay también vida masculina en el cine de Almodóvar.

Pie de foto: Eusebio Poncela en La ley del deseo.