Película: El aviador Parece que Martin Scorsese ha perdido el "oremus": desde 1993, con La edad de la inocencia, no ha vuelto a hacer una obra maestra. Ha rodado algunas buenas películas, como Casino, y varias mediocridades, como Kundun, Al límite y Gangs of New York, pero no ha vuelto a ser el genio de Taxi Driver, Toro salvaje o Uno de los nuestros. Tampoco El aviador le saca de ese marasmo. Y es que en un país como Estados Unidos, con poco más de doscientos años de vida, cualquiera es un personaje histórico: desde Al Capone por mafioso a Elliot Ness por detenerlo, o el también hampón Bugsy por crear esa ciudad de oropel que es Las Vegas en medio del desierto. Todos ellos han tenido sus "biopics", y a hora le toca a Howard Hughes, el más excéntrico, extravagante, obsesivo, paranoico de los hombres famosos del siglo XX en USA, según todas las biografías, un niño de su mamaíta, quien le implantó profundamente una náusea compulsiva hacia todo tipo de suciedad, microbios o incluso meras imperfecciones. Este ricachón tiquismiquis, despótico y visionario en primer lugar se dio a conocer como director y productor de filmes donde el dinero se despilfarraba a manos llenas, conforme a sus impetuosos y repentinos impulsos, y después se dedicó por entero a su gran pasión, la aviación comercial, con un durísimo duelo con corruptos políticos para hacer un hueco a su empresa, la TWA, entre las grandes compañías de bandera.

He aquí, por tanto, la película ideal para un artesano de Hollywood, uno de esos tan pulcros y organizados: hay un costeadísimo diseño de producción, para reproducir el mundo de los años veinte a los cincuenta; hay actores de cierto relumbrón actual (Cate Blanchett, Kate Beckinsale, Judd Law) para interpretar a estrellas de la época (Katharine Hepburn, Ava Gardner, Errol Flynn, respectivamente); y un considerable esfuerzo por parte de Leo DiCaprio para amoldarse a las extravagancias de este pseudogenio majareta que fue Hugues. Pero, cinematográficamente hablando, ¿qué hay? No mucho. Habrá que incluir en esa magra cosecha la percutante secuencia del accidente del magnate biografiado (que haría más profunda aún su misantropía), realizada con auténtico sentido fílmico, o la parte final, cuando Howard, acosado por todos, se recluye como un ermitaño en su casa, dedicándose a llenar de orines las botellas de leche que previamente trasegaba. Pero del resto sólo queda el gran estilo scorsesiano, sin duda uno de los cineastas con más clase de los últimos treinta años. Poco bagaje, desde luego, para el que durante décadas ha sido un prodigioso cineasta que reinventaba el cine a cada película. Para ilustrar aplicadamente las vidas más o menos airadas de compatriotas de relieve (incluso de los que, como a éste, le faltaba más de un tornillo) ya están las miniseries televisivas. Para hacer Cine, con mayúsculas, es para lo que debe estar Scorsese. ¡Marty, vuelve por tus fueros!

El aviador - by , Jan 16, 2005
2 / 5 stars
¿Dónde está tu talento, Marty?