Pelicula:

C R I T I C A L I A   C L Á S I C O S
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Hay un dicho muy popular entre nosotros, los que vivimos en nuestro país, que afirma categóricamente que "Nunca segundas partes fueron buenas", y lo mismo nos referimos a una relación amorosa, que a veranear en un parador concreto, o hacer un viaje a donde nos recomendó un amigo: pero resulta que cuando el "segundo" de marras lo prueba, la cosa no nos da los mismos y satisfactorios resultados.

Y, como es natural, en cine puede pasar casi lo mismo. Unas veces puede ser comparando el libro original en que se basa, con la película, o en el cambio de actor para encarnar a un personaje ya conocido, como ha ocurrido desde hace décadas con Bond, James Bond. O decimos que a quién se le ocurre poner a ese director para contar semejante argumento... Si encima han pasado pocos o muchos años entre un film y su continuación, la cosa se complica aún más. Y eso es algo evidente en el caso de nuestra crónica de hoy, cuando una historia que conocimos hace 25 años, en 1961, El buscavidas, se nos retoma y reaparece en 1986.

Así, en El color del dinero vamos a ver de nuevo a Eddie el Rápido, los ambientes del billar, los trucos, apuestas, ídolos o promesas rotas, gente buena y tramposos... pero ya nada es igual, todo es distinto, aunque un Paul Newman maduro y entrecano, con gafas ahumadas, siga en pantalla, pero ya será en color, su rol es diferente porque hay competidores duros de pelar, no están los mismos contrincantes, pero sí un muchachito que va dar mucha guerra. Eso sí, la base de todo sigue siendo otra excelente novela (y más extensa ) -también de Walter Tevis-, y sobre todo tenemos como responsable de la dirección a Martin Scorsese, que todavía no es un consagrado absoluto -como lo sería poco después- pero ya había triunfado con Taxi Driver, cintas curiosas como El rey de la comedia, o ya en los noventa con obras de verdadero virtuoso como La edad de la inocencia, pero también después algún sonoro pinchazo como Shutter Island o films pasados de rosca como El lobo de Wall Street

Aquí está otra vez Eddie Felson, pero ya no juega, va por los billares sin demasiado interés, como para controlar cómo va la cosa, hasta que un día aparece un jovencito, Vincent, que llama su atención. Es un Tom Cruise (en los comienzos de su carrera) que despierta a Eddie y que usa los palos no solo en las mesas, sino para hacer verdaderas diabluras por los pasillos, y que poco después volvería a destacar en la oscarizada Rain Man de Barry Levinson, junto a Dustin Hoffman, que se llevó todos los laureles en su agradecido papel de autista. Como diferencia también resaltable, aquí ya no está la excelente Piper Laurie como Sarah, y es Mary Elizabeth Mastrantonio (como Carmen) quien se encarga del rol femenino acompañando a Vincent Lauria.

Cuando a finales de 1987 se estrena en España esta cinta hubo críticas que señalaban a Scorsese como un verso suelto en el tinglado cinéfilo de Hollywood, especialmente en el astuto clan italoamericano, que marca su territorio y se autoprotege, pero sin molestar a firmas importantes, como Francis Ford Coppola, o más minoritarias como David Lynch. De una forma u otra, lo que posiblemente interese más al espectador es el enfrentamiento entre la joven promesa y el veterano, que ya se las sabe todas. Y en consecuencia, es también una lucha entre sus actores, un Paul Newman (aquí oscarizado por su papel) y un Tom Cruise que parece adivinar un futuro triunfador... como ya vemos aquí, y que se gana al espectador con su desparpajo y su soltura.

Y sí, hay duelo, cuando al ver que el novato vence sin despeinarse a su protegido Julian (excelente John Turturro), el viejo buscavidas no elude una partida que lo reivindique, y saca su palo milagroso, nada menos que un "balabushka" que -según los entendidos en la materia- es la mejor arma para luchar en los tapetes verdes... Así, aunque nos falte un Gordo genial como el de Minnesota, todo se cumple, todo se recicla, y el espectador veterano -por el que también han pasado muchos años- ve como finalmente no hay ni vencedores ni vencidos, y será la unión de dos generaciones, la que tomará la carretera para ir a las grandes salas de billares, (que vemos aquí en espectaculares panorámicas), y tan exitosas son en Estados Unidos ...

Lo dijimos al principio, ni malas ni buenas, pero sí distintas, porque el tiempo lo marca todo, y ese todo será según el cristal con que se mire, sea el que sea. Mientras, un cineasta de peso, Scorsese. señalará en su revólver una muesca más (como hacen en los westerns), a la que todavía le seguirán otras muchas y variadas cintas, afortunadamente para los espectadores ... Y un dato -con el que volvemos al creador de todas estas historias y todos estos personajes- el escritor Walter Tevis- que no llegó a poder contemplar cómo quedaba esta continuación de las peripecias de sus criaturas-, ya que en 1984 (dos años antes de la película) muere en Nueva York, con cincuenta y seis años, víctima de un cáncer de pulmón.           

Y en su siguiente número la prestigiosa revista mensual "Time", que se edita en Nueva York, con varias ediciones en distintos países e idiomas, escribe: "Si Hemingway hubiera sentido por el billar la misma pasión que por las corridas de toros, Eddy el Rápido Felson podría haber sido su héroe...". Aunque uno, la verdad, no estaría tan seguro de esa afirmación tan exagerada equiparando -absurdamente- los cuernos con los tacos y las troneras...


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119'

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El color del dinero - by , Jun 18, 2026
3 / 5 stars
Ni malas ni buenas: distintas