Película: Mary Shelley

La figura de Mary Wollstonecraft Godwin, más conocida como Mary Wollstonecraft Shelley o simplemente Mary Shelley, ha sido tocada por el cine en varias ocasiones, casi siempre en el contexto del famoso (y horrible, climatológicamente hablando) verano de 1816 que la escritora pasó en las cercanías de Ginebra en compañía de su amante, el poeta Percy Bysse Shelley, con el que años más tarde se casaría, más Lord Byron, el famoso escritor, así como el doctor Polidori, secretario del aristócrata de vida tumultuaria, y Claire Clairmont, hermanastra de Mary. En aquel verano lluvioso se incubó, en una de las aburridas veladas que tan exquisitos contertulios se veían obligados a compartir sin poder salir al exterior, la creación de una de las obras fundamentales de la novela gótica, Frankenstein o el moderno Prometeo. El envite era que cada uno de los cuatro escritores allí reunidos (Claire no lo era) redactaran, en el plazo de un año, una historia de fantasmas; Byron y Shelley solo esbozaron, sin desarrollarlas, sus historias, pero Polidori, con El vampiro (trasunto camuflado de su turbulenta relación con Byron) y Mary Wollstonecraft, con la mentada Frankenstein..., sí llevaron a buen puerto la apuesta.

Aunque, como decimos, el cine ha tratado la figura de Mary W. Shelley en films como Gothic (1986), de Ken Russell, Verano atormentado (1988), de Ivan Passer, y la española Remando al viento (1988), de Gonzalo Suárez, y por supuesto el cine ha versionado una y mil veces su criatura de Frankenstein, hasta ahora la escritora no había sido el eje central, la protagonista absoluta de ninguna película, como sucede en esta Mary Shelley que es, además de biográfica de la escritora, sobre todo descriptora de los hechos, los azares, las carambolas, los amores y desamores que están detrás de la creación de esa novela inmortal, que ha entronizado uno de los mitos fundamentales del ser humano, el que habla de la posibilidad de crear vida desde la muerte, el que arroga al Hombre la posibilidad de ser Dios en lugar de Dios.

Lo curioso es que el film lo dirige Haifaa Al-Mansour, también ella misma una rara avis: es, que se sepa, la única directora de cine de nacionalidad saudí (no sé si después de esta peli se la retirarán, por “indecente”...). Hasta ahora había rodado un par de cortos y un largometraje, la voluntariosa La bicicleta verde (2012), que se vio obligada a dirigir en sus escenas de calle desde dentro de una furgoneta, transmitiendo sus órdenes mediante “walkie-talkies”, al no ser posible en Arabia Saudí que se vea trabajar juntos en público a hombres y mujeres, por esas estúpidas leyes coránicas de la mayor y más represiva de las dictaduras teocráticas (y mira que hay varias, a cuál peor...). La bicicleta verde fue saludada, como correspondía, como un soplo de aire fresco proveniente del país epítome de la represión contra las mujeres, y fue premiada no solo en los países de su entorno, como Dubai, sino también en Europa y América (Venecia, Gotemburgo, Palm Springs, entre otras), e incluso estuvo nominada a un Premio BAFTA (los Oscar británicos).

Ahora Al-Mansour ha rodado en Irlanda y Luxemburgo esta historia verídica, guionizada por la australiana Emma Jensen, en su primer trabajo para el cine, lo que no deja de ser curioso (y arriesgado para los productores...). Mary Shelley es, por supuesto, la historia de la génesis de Frankenstein, o al menos cómo imaginan la guionista Jensen y la directora Al-Mansour, con los datos disponibles, que pudo ser esa génesis. Otra cosa es que es también una firme apuesta por la capacidad femenina para actuar en pie de igualdad con el varón; aquí sólo el hecho de que Percy Shelley fuera un hombre cabal y no un marrajo evitó que el milagro de escribir “ex nihilo”, sin ninguna experiencia previa publicada, y a la edad de 18 años, ese portento que es Frankenstein o el moderno Prometeo, se quedara sin su auténtica autora, Mary Shelley, y no formara parte de la obra de su entonces amante y posterior marido.

Puede interpretarse, sin demasiado esfuerzo, qué interesó a Al-Mansour a la hora de aceptar este encargo como directora, la historia de una mujer que, como ella misma, luchó contra los prejuicios de su época o de su país, para conseguir llevar a efecto su vocación de artista: literata de altos vuelos, Mary Wollstonecraft, directora con cosas interesantes que contar, Haifaa Al-Mansour.

Lástima que toda la primera parte, en la que conoceremos los entresijos familiares de los Godwin, la familia de Mary, y el comienzo de su relación con Percy Shelley, sea más bien endeble, con flojo ritmo y demasiadas insustancialidades que no aportan gran cosa a la película, más allá de centrarnos el carácter de la protagonista, con gran interés por la literatura por mor de su padre (curiosamente, igual que Haifaa con el suyo, el poeta Abdul Rahman Mansour), al que profesaba gran cariño, siendo la chica de naturaleza rebelde, renuente a ser y hacer lo que se esperaba de una señorita en plena etapa victoriana. Pero esa parte podría haberse aligerado perfectamente en diez o quince minutos sin que la esencia se perdiera; al contrario, habría mejorado por sintetizar lo que, objetivamente, no es demasiado importante en el conjunto de la historia.

Afortunadamente, la segunda parte, tras la llegada de los Shelley y Claire a Ginebra, con las jornadas entre los cinco inquilinos de la mansión ginebrina, mejora apreciablemente: aunque la representación de algunos sueños de Mary, relativos al germen de su obra, resultan chirriantes de puro casposos, el tono feérico, como alucinado, que consigue Al-Mansour es estimable. A partir de la salida de la mansión, con la escritura febril del manuscrito, con sus problemas conyugales y profesionales, el tono del film sube, y el drama se adensa, el drama de la mujer preterida por su sexo, despreciada por llevar faldas, una mujer que, simultáneamente, ama y odia a su antiguo amante y ahora esposo.  

Película irregular pero a ratos hermosa, pulcramente puesta en escena, con una ambientación correcta, muy BBC (aunque no intervenga en el proyecto), que no se come la historia sino la sirve adecuadamente, Mary Shelley resulta ser un a ráfagas estimulante film que denuncia la represión contra la mujer: en el siglo XIX, cuando Victoria imponía su moral puritana a la sociedad británica, pero también en el siglo XXI, cuando una saudí, para poder rodar una historia como esta, ha tenido que salir de su país y ya veremos qué pasa cuando vuelva...

Del reparto nos quedamos con el matizado trabajo de Elle Fanning, la hermana pequeña de Dakota, ambas talentosas y de las mejores de su jovencísima generación. Los varones, en general, bastante endeblitos: y pensar que están interpretando a algunos de los nombres fundamentales del Romanticismo británico, como Byron (horrible Tom Sturridge) y Shelley (el muy cortito con sifón Douglas Booth, que parece salido de una versión “vintage” de la saga Crepúsculo...). Sobre todos ellos sobresale el saber estar del veterano Stephen Dillane, inolvidable Stannis Baratheon en la serie Juego de tronos.


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120'

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Mary Shelley - by , Jul 18, 2018
2 / 5 stars
La génesis de Frankenstein