Película: El veredicto (La Ley del Menor)

Richard Eyre, director de cine y televisión, pero también de teatro y ópera, es un cineasta que gusta de adaptar piezas literarias: es el caso de varias de sus películas anteriores: Iris (2001), sobre textos de John Bayley, Belleza prohibida (2004), sobre la obra teatral de Jeffrey Hatcher, y Diario de un escándalo (2006), sobre la novela de Zoë Heller, entre otras.

Ahora el escritor versionado es el gran Ian McEwan, un escritor cuya obra se ha llevado repetidamente a la pantalla; recordemos, sin ánimo de ser exhaustivos, títulos como El placer de los extraños (1990), de Schrader, El inocente (1993), de Schlesinger, Expiación. Más allá de la pasión (2007), de Wright, o, más recientemente, En la playa de Chesil (2017), de Dominic Cooke. McEwan actúa también como guionista en esta El veredicto, labor que ha realizado ya en anteriores ocasiones, casi siempre sobre textos originales suyos. La película se basa en su novela The Children Act, editada en 2014 en el Reino Unido (por Jonathan Cape) en 2014 y en España (por Anagrama) en 2015.

Londres, en nuestros días. La juez Fiona Maye, una prestigiosa autoridad en el mundo judicial británico, está especializada en complejos casos de familia. Su vida laboral es tan absorbente que no se da cuenta de que su matrimonio con Jack, su marido, hace aguas. Este le cuenta que va a tener una aventura amorosa y se marcha del hogar familiar. En ese trance emocional, Fiona habrá de lidiar con un caso ciertamente vidrioso: un joven de 17 años, Adam, enfermo de leucemia, es testigo de Jehová, como sus padres; cuando el hospital recomienda transfusiones de sangre para evitar graves secuelas físicas e incluso la muerte, el joven y sus padres se niegan a ello. La juez tendrá que decidir si permite al hospital, contra la voluntad de la familia, realizar la transfusión...

Aparentemente el tema del film es, por supuesto, el dilema moral que supone contravenir, o no, la decisión de un menor de dejarse morir si para evitarlo ha de recibir sangre de otra persona, lo que considera contraviene su religión. Pero, en el fondo, no es ese su tema central, sino otro también muy complejo, hasta qué punto alguien que ha abierto una puerta hacia nuevos espacios no es responsable de esa apertura, y que quien se ha sentido liberado, y ha conocido otros mundos, no pueda seguir por esa senda porque su mentor, o mentora, le cierra tal posibilidad, quizá por el que dirán, quizá porque ella misma no desea salir de su zona de seguridad.

Film duro en sus planteamientos, rico en sus diálogos (está McEwan a los mandos, ahí es nada), elegantemente filmado por un cineasta exquisito que sabe tratar estos temas tan moralmente escabrosos, El veredicto es finalmente una obra de alguna forma romántica, en el sentido decimonónico del término; y es así porque, en puridad, hay algo, quizá mucho, del Werther, incluso la propia relación epistolar tan característica del texto goethiano. Porque, también en puridad, la relación entre el joven Adam y la adusta, rígida, estricta Fiona derribará, una a una, las barreras de una mujer cuya vida se ha centrado, de forma obsesiva, en su trabajo, un trabajo difícil y de una naturaleza especialmente complicada, pero que le ha negado su realización personal, con un matrimonio que naufraga a ojos vista, a pesar de los esfuerzos del marido; y de una relación de difícil catalogación con un chico que podría ser su hijo, quizá incluso su nieto, y que se abre a ella al considerarla el epítome de la sabiduría, de la inteligencia, de ese otro mundo, esa otra vida que su constreñida religión le impedía saborear.

Obra madura, serena, equilibrada y hermosa, no sería lo que es si no fuera por la excelencia que supone para El veredicto el hecho de contar con una Emma Thompson que, a estas alturas, hace un trabajo de auténtica filigrana, espléndida en su personaje recto y moral, pero también cuando todo empieza a tambalearse y su mundo se desmorona, cuando permite, sin quererlo, que todo se vaya por el sumidero: una actuación realmente exquisita. Buen trabajo también del jovencísimo Fionn Whitehead, al que ya vimos en Dunkerque (2017), y al que le auguramos un gran porvenir. Por supuesto, Stanley Tucci, uno de nuestros actores de reparto favoritos, está como siempre: perfecto.

Con escenas hermosísimas (la visita de la juez al chico en el hospital, el recital de música en el que la juez recibe la nota que desencadenará el triste, desarbolado desenlace), El veredicto no siempre brilla a igual nivel, aunque, también en puridad, no nos importa demasiado; y es que nos quedamos con su mensaje: a veces, cuando lanzamos un salvavidas, esa existencia que hemos recuperado, de alguna forma, también es nuestra responsabilidad, no podemos dejarla al albur. Los bellísimos versos de Yeats en su poema Down by the Salley Gardens tendrán una importancia capital en la historia, toda una declaración de intenciones que, a la postre, será la moraleja de la película, si es que existe tal cosa: “Y en mi hombro inclinado ella apoyó su mano, blanca como nieve./ Me dijo que me tomara la vida con naturalidad, como la yerba crece en las represas”...


 


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105'

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El veredicto (La Ley del Menor) - by , Nov 25, 2018
3 / 5 stars
Como la yerba crece en las represas