Película: Piratas del Caribe: La venganza de Salazar

El cine comercial moderno (pongamos el de los últimos cincuenta años) podría perfectamente etiquetarse como el cine del limón. Quiere decirse que cuando encuentra una veta (Star Wars, Star Trek, Parque Jurásico, Indiana Jones et alii), Hollywood no la suelta hasta exprimirla como un limón, hasta que ya da muestras de extenuación absoluta; hay varios ejemplos de estos limones, digo series, que se agotaron y ya no volvieron más, salvo, a veces, un estrambote: Viernes 13, Pesadilla en Elm Street, Rocky, Rambo

La franquicia de Piratas del Caribe sigue todavía dando zumo, ya que estamos con la metáfora, aunque me parece que no le queda ya mucho recorrido. Su trayectoria fue de más a menos. La primera, Piratas del Caribe. La maldición de la Perla Negra (2003), fue divertida, refrescante, una auténtica sorpresa; la segunda, Piratas del Caribe. El cofre del hombre muerto (2006), bajó un tanto el nivel, si bien todavía mantenía el tipo razonablemente, lo que no se pudo decir de la tercera, Piratas del Caribe. En el fin del mundo (2007), y no digamos de la cuarta, Piratas del Caribe. En mareas misteriosas (2011), realmente lamentable, y además con la taquilla en franco descenso. Pero como el cine necesita engrasarse permanentemente con dinero, se ha vuelto a retomar el tema, con la esperanza, no tan secreta, de dar de nuevo en la diana.

Para ello se ha llamado a dos directores que siempre trabajan juntos, los noruegos Joachim Ronning y Espen Sandberg, y que habían rodado en Hollywood anteriormente, la lamentable Bandidas (2006), con Penélope Cruz y Salma Hayek. Es de suponer que Disney, la productora, pensó que la dirección de estos escandinavos podía refrescar la franquicia, darle nuevos bríos, aun manteniendo los elementos esenciales de la misma.

Lo cierto es que, aunque esta quinta parte mejora algo el nivel de la cuarta (lo cual no era difícil: aquello era la zurrapa de la serie…), tampoco es que haya vuelto a darnos el ritmo vertiginoso y el tono jocundo, desprejuiciado y desvergonzado de la primera entrega, ni siquiera de la segunda. Y el problema parte quizá de un guion plagado de tópicos, de nuevas vueltas de tuerca a personajes y temas ya más que manidos en la saga, especialmente en todo lo que se refiere al planteamiento y buena parte del nudo. Sin embargo, el desenlace sí está a tono con los mejores momentos de la franquicia, en un evidente homenaje a la más famosa escena de Los Diez Mandamientos (1956), de Cecil B. de Mille, que con los medios actuales resulta espléndida; mucho mejor resuelta, por cierto, que esa misma secuencia en la también reciente Exodus: Dioses y reyes (2014), de Ridley Scott.

Y es que lo mejor resulta ser, al margen de la historia, tan marciana como siempre y más tópica (dentro de su tema) que nunca, la capacidad icónica de los cineastas noruegos para ofrecernos escenas sugestivas, como el edificio inesperadamente rodante, los feroces tiburones ectoplásmicos o los muertos medio transparentes corriendo sobre las aguas (esto suena algo blasfemo…). Cuando Ronning y Sandberg toman el control como directores, la película mejora en su capacidad visual, pero cuando es el guion quien manda, el tono baja considerablemente. Así las cosas, queda un filme irregular, de ritmo desacompasado, que se disfruta a ráfagas y en otros momentos lo que induce es a bostezar, sobre todo con los inanes diálogos que el guionista Jeff Nathanson pone en boca de los personajes de la serie (y eso que Nathanson ha escrito guiones para Spielberg, que de cine sabe algo…). Si los directores están por encima del trabajo del guionista, mala cosa.

Ronning y Sandberg, aunque en Bandidas estuvieron espesos a más no poder, en su filmografía en Noruega sí demostraron bastante más cualidades; véanse las interesantes Max Manus (2008) y, sobre todo, Kon-Tiki (2012), que tenían una fuerza que aquí se aprecia solo en momentos contados, mayormente en ese último tramo del filme.

Johnny Depp está algo más comedido que en las últimas representaciones de Jack Sparrow: había llegado a un punto caricaturesco ya difícilmente soportable. Lo malo es que da la impresión de que ya va con el piloto automático puesto. De los demás, Javier Bardem hace su nuevo “malo” en el cine USA: no seré yo quien se lo reproche… Me quedo como casi siempre con el gran Geoffrey Rush, con la estupenda actriz iraní Golshifteh Farahani, y con una nueva presencia, la bella Kaya Scodelario, de nombre bastante imposible, pero que apunta maneras de interesante intérprete. Ah, y Paul McCartney tiene un cameo más bien pedestre, contando un chiste de lo más anacrónico. ¡Qué lejos los tiempos de Help y Qué noche la de aquel día!



Piratas del Caribe: La venganza de Salazar - by , Jun 04, 2017
2 / 5 stars
El síndrome del limón