Pelicula:

Estreno en Movistar+.


Disponible también en Filmin y Apple TV.


Uno de los temas científicos más fascinantes de nuestro tiempo es el de la posibilidad de que existan distintos universos a este que, más o menos, conocemos. La posibilidad, al menos teórica, de que el llamado multiverso, o infinitos universos paralelos, no sea una simple entelequia literaria o cinematográfica o una superchería esotérica está respaldada por diversos estudios de esa disciplina evanescente que la ciencia conoce como física o mecánica cuántica, la del famoso gato de Schrödinger, que estaría vivo y muerto a la vez, o el principio de incertidumbre de Heisenberg, que describe la imposibilidad de determinar al mismo tiempo posición y velocidad de una partícula en el universo.

Las aplicaciones de la física cuántica, en especial las relativas a la computación, van a cambiar, sí o sí (salvo que nos vayamos al traste como civilización, cosa nada descartable...), el mundo futuro, y no en demasiado tiempo: en 20 años la vida será muy distinta a la actual por la aplicación práctica de las teorías cuánticas. Por supuesto, el cine no ha dejado pasar la ocasión de hablar sobre estos cautivadores temas, y ya hace tiempo que ensaya historias en las que un concepto tan fascinante como el multiverso o los universos paralelos tiene un papel capital. Se ha utilizado mucho, desde luego, en el subgénero de superhéroes, en films como el reciente Doctor Strange y el multiverso de la locura (2022), que incluso lleva a su título el concepto, pero también en otras historias la mar de curiosas, como las de Coherence (2013), Los cronocrímenes (2008) o The Cloverfield paradox (2018), entre otras pelis que planteaban, con diversas variantes, la posibilidad de que se pudiera estar en (o viajar a) universos paralelos al nuestro, con consecuencias de lo más dispares.

Ese es el caballo de batalla central de este Todo a la vez y en todas partes, que ya en su título viene a contarnos un poco de qué va la cosa. La historia se ambienta en nuestro tiempo, en una localidad de California, en lo que parece un barrio chino, un “chinatown”, en el que Evelyn, mujer chinoamericana en torno a los cincuenta y tantos regenta, como negocio familiar, una lavandería industrial; tiene problemas de relación con su marido, Waymond, un bendito pero también un papafrita, como decimos en mi tierra; con su padre, el anciano Gong Gong, con problemas de movilidad física, pero también de inmovilismo filosófico; y, sobre todo, con su hija veinteañera, Joy, no asumiendo (aunque intente aparentar lo contrario) la relación lésbica de ésta con su pareja, Becky. La familia acude a una oficina de Hacienda donde una muy estricta funcionaria, Deirdre, los abronca por una declaración de impuestos manifiestamente mejorable; cuando las cosas se ponen feas, el pobre diablo del marido cambia su actitud y parece transformarse en otra persona; le habla a Evelyn de que existen otros universos en los que son ellos mismos y a la vez no lo son, y por los que se puede ir saltando gracias a hacer cosas cuanto más extravagantes mejor; metida en un fregado que la supera, Evelyn, sin embargo, quizá encuentre la clave en esta barahúnda de saltos espacio-temporales para intentar resolver sus problemas familiares...

Los directores, Dan Kwan y Daniel Scheinert, que firman como los Daniels (sí, como los Javis en España), se iniciaron en el audiovisual como directores de vídeos musicales, disciplina en la que han logrado notable fama. En 2016 dieron el salto al largometraje de ficción con Swiss Army Man, una curiosísima variante del arquetipo del robinsón, con un planteamiento políticamente muy incorrecto y una surtida gama de exabruptos escatológicos. El film te ganaba por su absoluta heterodoxia, aunque eran evidentes sus carencias. Consiguió varios premios, incluido el de mejores directores nada menos que en Sundance. Anthony y Joe Russo, los poderosos directores del díptico final de Vengadores, Infinity War y Endgame, se fijaron en estos dos desahogados y juntos concibieron la idea de hacer una película sobre el multiverso, en clave de acción, pero también con connotaciones de relaciones intrafamiliares y sin dejar de lado (aunque algo amortiguado) el peculiar sentido del humor, más bien grosero, de estos Daniels que generalmente trabajan juntos, pero no siempre.

Lo cierto es que durante la primera parte de esta Todo a la vez y en todas partes nos temimos lo peor, porque la acción apenas avanzaba, mientras íbamos conociendo, más o menos, a los protagonistas, y cuando se desvela la existencia de los universos paralelos y la posibilidad de saltar de uno a otro mediante acciones cada vez más estrafalarias (y, en algunos casos, bizarras: véanse las escenas con dildos, ciertamente descacharrantes, además de bastas cual condón de esparto...), tampoco entonces la cosa parecía progresar demasiado ni ganar en interés. Menos mal que, una vez superado el primer tercio del metraje, ya plenamente imbuidos de qué va aquello (lo que no es fácil de buenas a primeras...), se empieza a disfrutar de este derroche de creatividad argumental y visual, una historia que es a la vez acción exterior, con escenas en las que se hace un auténtico alarde coreográfico en las luchas que mantienen los protagonistas y sus adversarios (todos ellos los mismos de su vida cotidiana, pero con personajes diferentes procedentes de universos paralelos), con una acción interior, en la que la protagonista irá comprendiendo, aceptando, amando a sus seres queridos por encima de sus problemas relacionales, estableciendo un arco dramático en el que el personaje central, la mamá chinoamericana, aprenderá a vivir y a dejar vivir.

Con un look ciertamente fastuoso; con una puesta en escena solvente y segura, que llama la atención por la escasa experiencia de los directores en el largo de ficción, que no en los vídeos musicales; con una rara capacidad para sorprender al espectador con giros de guion imprevistos e imprevisibles... lo cierto es que Todo a la vez... termina siendo, a nuestro juicio, un muy divertido y sin embargo reflexivo audiovisual sobre cosas inicialmente tan abstrusas como la mecánica cuántica o el multiverso, con conceptos tan curiosos como la posibilidad de que el universo entero se pudiera concentrar en un dónut, a modo de metafórico agujero negro, pero también una mirada entrañable y esperanzada sobre las relaciones familiares, donde nada es imposible, ni siquiera que una mujer madura, más bien chapada a la antigua, llegue a entender que los hijos toman sus propios caminos, por distintos y, quizá, impropios que puedan parecer a sus progenitores.

Gran trabajo de la protagonista, la estrella asioamericana, nacida en Malaya, Michelle Yeoh, cuya absoluta entrega al proyecto se confirma con su participación también como productora ejecutiva. Jamie Lee Curtis, en un papel muy distinto a los que habitualmente interpreta, nos parece que se lo ha pasado aquí estupendamente con un personaje excesivo, desmesurado, una muy divertida caricatura.

(09-06-2022)


Dirigida por

Género

Nacionalidad

Duración

139'

Año de producción

Trailer

Todo a la vez y en todas partes - by , Aug 08, 2022
3 / 5 stars
El universo en un dónut