Pelicula:

CRITICALIA CLÁSICOS


Hay un punto inicial  por el que ya tenemos que estar agradecidos al estadounidense William Wyler (La loba, Horizontes de grandeza...) cuando con 52 años acometió el rodaje de esta película: en ella nos presentó a una desconocida jovencita belga de veintipocos años, que a pesar de haber hecho algunas cositas en cine y en teatro, estaba muy lejos del estrellato. Respondía al nombre de Audrey Hepburn, y muy rápidamente se iría convirtiendo en un prodigio fascinante de elegancia, carisma y fotogenia, si, si, eso que se dice de que la cámara se enamora de ella... Si, por si fuera poco, enfrente le ponemos a Gregory Peck, ¿qué más podemos pedir?

Pero aún hay más, cuando sabemos que del guión se encargaba el mítico Dalton Trumbo (entonces bajo seudónimo, por su persecución en Hollywood), constructor de un elaborado guión que nos narra las peripecias de una joven princesa, Anna, de un país imaginario que, harta de aburridos protocolos en su visita oficial a Roma, desaparece del mapa y es encontrada, escondida y protegida por Joe, un caballeroso periodista estadounidense. Cuando la reconoce quiere sacar partido de su hallazgo, pero nunca llegará a hacerlo. Entre ambos germina una historia ¿de amor?, pero siempre platónica y blanca.
 
Empapado del ambiente italiano, romano, Wyler retrata (en un espléndido blanco y negro) la ciudad con apuntes casi neorrealistas, con la gente mirando a la cámara, entretenidos con el rodaje peliculero. O nos lleva a los lugares tópicos de la “dolce vita” nocturna. En esa misma línea desenfadada asistimos a la célebre y vertiginosa secuencia del paseo en Vespa, gozoso ceremonial que muestra el grado de felicidad de la pareja. Pero pronto verán que la sociedad no transige en ciertos temas...

Porque Vacaciones en Roma es una comedia agridulce que, a medida que busca el desenlace, se acerca más a la amargura de la inevitable separación. Ella, el pájaro liberado de su jaula (que diría un cursi) comprende que tiene que volver a su embajada, a su ambiente, a sus obligaciones, a sus asustados cortesanos. Y él renuncia a la exclusiva que lo haría famoso, desengañando al propio director de su periódico.

Una secuencia final, aparentemente protocolaria, con la recepción a los medios de prensa, es sabiamente conducida por William Wyler hacia lo dolorosamente íntimo: en el lujoso salón la princesa va saludando a los corresponsales y cronistas que han cubierto su visita; todos, menos uno, se van retirando luego lentamente, todo queda vacío, inane, con Joe tragando en silencio sus invisibles lágrimas...


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118'

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Vacaciones en Roma - by , Jun 11, 2021
4 / 5 stars
La princesa está triste