Pelicula:

El coqueteo con el sexo de la comedia española viene de antiguo: no hablamos de la época del landismo, que era otro tipo de flirt, represivo y frustrante, sino del coqueteo en libertad, desde la ya casi antediluviana ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? (1992), de Manuel Gómez Pereira, a la más reciente Kiki, el amor se hace (2016), de Paco León, pasando por No lo llames amor... llámalo X (2011), de Oriol Capel, entre otras pelis. Es cine que habla con libertad y desparpajo de temáticas sexuales de toda laya: con el tiempo, además, el espectro se ha ido abriendo hasta presentar todo un amplísimo abanico donde cabe todo.

Curiosamente, estas comedias con el sexo como tema dominante terminan siendo, en el fondo, una loa al amor: Donde caben dos no es una excepción... La acción transcurre en la Barcelona de nuestros días, alrededor de un club privado llamado muy propiamente Club Paraíso, un club donde todo lo relacionado con el sexo es posible, sin tabú alguno. En torno a ese club se irán alternando hasta cinco historias distintas, que en algunos momentos interaccionan entre sí, aunque en general son autónomas: la novia que, en compañía de su “más mejor amiga” (como diría un traductor “online” penco), busca el anillo de compromiso que perdió la noche anterior en la celebración de su despedida de soltera en el antro de marras; los dos amigos cincuentones, calientes cual pipa de indio, que pretenden hacer un intercambio de cónyuges sin que sus mujeres se den cuenta de lo que están tramando; la pareja con problemas en la cama que acuden al club privado esperando que una noche de rijosidad con extraños les devuelva la mutua motivación erótica, para encontrarse con una sorpresa; el chico que, deprimido por el abandono de su novio, busca en una de las salas del club un alivio oral y/o manual que, contra toda previsión, desembocará en algo mucho más serio: y el circunspecto primo, rígido y adusto cual cura preconciliar, al que el reencuentro con su prima del pueblo desinhibirá y hará volver a la época en la que era libre y jacarandoso.

Por supuesto, como suele suceder en las pelis con distintas historias, unas son mejores que otras: desde el punto de vista del interés humano, quizá la mejor sea la del chico del alivio oral/manual, que además pone el broche al film, una historia en la que el sexo puro y duro va dejando sitio al amor que calladamente va creciendo a ambos lados de una endeble pared agujereada (“ad hoc”, por supuesto), dos seres que no se ven, solo se hablan, y que pasan de la charla más o menos morbosa de una situación como esta, de sexo anónimo y rápido, a un espacio en el que se van conociendo sin conocerse, en el que van sabiendo uno del otro, a retazos, sin verse, sin saber siquiera qué cara tiene el otro. Desde el punto de vista de la comedia picante, quizá la mejor sea la del intercambio de pareja de los cincuentones, que se llevarán un chasco monumental al percatarse de que el sexo puede tomar senderos inesperados. La finalmente más abierta, y que de alguna forma representa el espíritu de la película, sería el de la novia del anillo perdido y su convicción final de que el amor verdadero y perdurable quizá no tenga que estar vinculado necesariamente a la fidelidad.

Más pillada por los pelos nos parece la historia de los primos, un tanto artificial por la contraposición de estereotipos, con la prima desinhibida y el primo envarado, que lógicamente ya sabemos que terminarán encamados y hasta enamorados; la de la pareja que acude al club buscando en el “swinging” una solución a sus problemas sexuales tampoco termina de funcionar, a pesar de (o quizá precisamente por) la sorpresita que se encuentran. El “speech” final de la dueña del club, interpretado (muy apropiadamente) por Ana Milán, nos pareció superfluo y redundante, como si no nos hubiéramos enterado de la tesis del film en cuanto a la necesidad de amar a quien queramos, con total libertad y falta de prejuicios. Y es que la voz en off que hace una especie de síntesis de las tesis expuestas, recurso que desde la serie Mujeres desesperadas se ha convertido casi en un tópico, no siempre es lo más adecuado para el tono del audiovisual en el que se inserta: este nos parece uno de esos casos inapropiados.

En su conjunto, Donde caben dos es una película irregular, como casi todas las que presentas distintas historias, con algunos buenos momentos y otros de más dudoso interés. Paco Caballero, el director, demuestra que ha subido enteros con respecto a su ópera prima, Perdiendo el este (2019), con una narración vigorosa y fluida, aunque nos parece que todavía habrá de mejorar para llegar a un punto en el que se pueda decir que hace buen cine.

Estimulante elenco del cine español, en una peli de evidente vocación coral, con buena parte de lo más granado que tenemos entre los treinta y los cincuenta años en la clase actoral de nuestro país: para nuestro gusto los mejores serían Pilar Castro, con una desinhibición notable, una actriz que lo hace todo bien; Ana Milán, ya citada, tan segura como siempre; Carlos Cuevas, que borda su papel de camarero sexy; y Miki Esparbé, creíble en su metamorfosis de tipo aburrido a rijoso primo. Más soso encontramos a Luis Callejo, tan bueno haciendo personajes turbios como, nos tememos, endeble en la comedia; Álvaro Cervantes, que no parece creerse demasiado su personaje, a pesar de ser la historia más interesante y original del film; y María León, que sigue resultando fresca y natural, pero que lamentablemente tenemos que decir que parece estar haciendo siempre el mismo papel...

(04-08-2021)


Donde caben dos - by , Aug 04, 2021
2 / 5 stars
¿Por qué lo llaman sexo cuando quieren decir amor?