Película: Jurassic World. El reino caído

En 2018 se ha cumplido un cuarto de siglo desde que se inauguró la franquicia de los dinosaurios con Parque Jurásico (1993), producida y dirigida por Steven Spielberg. Su estreno fue un acontecimiento comercial, recaudando en todo el mundo más de mil millones de dólares de los del momento (que con el efecto inflación, evidentemente, hoy día serían muchos más); también cautivó, por qué no decirlo, a millones de personas en todo el planeta, poniendo de moda el fascinante mundo de los dinos. Las dos continuaciones posteriores, El mundo perdido (1997) y Parque Jurásico III (2001) fueron tanto comercial como artísticamente inferiores, en especial la tercera parte.

En 2015, tras haber pasado el razonable barbecho al que de vez en cuando conviene someter a este tipo de franquicias, y en línea con el “reboot” de otras sagas cinematográficas que han revivido en este siglo XXI (véanse Star Wars o Star Trek), se estrenó Jurassic World, revisitación del universo de los dinosaurios que se encarga a Colin Trevorrow, director que había llamado la atención unos años antes con un pequeño film indie, Seguridad no garantizada (2012). Este cuarto episodio de la franquicia barrerá anteriores registros comerciales y recaudará en todo el mundo la bonita cifra de 1.670 millones de dólares; así las cosas, estaba cantado que la serie de los dinos tendría quinto capítulo, que inesperadamente ha sido encargado a un director español, Juan Antonio Bayona, que firma siempre como J.A. Bayona, y cuyos créditos anteriores, ciertamente, avalaban su capacidad para aunar comercialidad y arte: El orfanato (2007) fue una de las películas españolas del año, y la más taquillera en nuestro país en esa época; Lo imposible (2012) volvió a sacudir al público, con una tremenda recaudación y un fuerte impacto en España, aunque no tanto en Estados Unidos, donde también se estrenó gracias a estar rodada en inglés y con elenco anglosajón (Ewan McGregor, Naomi Watts, el ahora spidermaniano Tom Holland); Un monstruo viene a verme (2016), sobre la novela original de Patrick Ness, vuelve a dar en la diana y, a pesar de que su estreno en USA se salda en fracaso, se convierte en adecuada tarjeta de presentación para, con su notable imbricación de historia dramática y formidables efectos digitales, avalar a Bayona para dirigir un “blockbuster” de 260 millones de dólares de presupuesto.

El resultado, digámoslo ya, está perfectamente en línea con lo que se esperaba de esta nueva entrega de la saga de los dinosaurios. Jurassic World. El reino caído es una espectacular película de aventuras que mezcla con habilidad acción y aventura, estimula la generación de adrenalina en el espectador y, así como de pasada, le atiza un zurriagazo a las multinacionales, esas empresas tan gigantescas que nadie parece ir al mando (aunque sí que hay alguien, claro...), esas entidades a las que, no descubrimos nada, cualquier otra consideración que no sean sus beneficios les trae al fresco.

Pero esa es una línea colateral que, evidentemente, no es la central del film, que no es otra que la de divertir, entretener, a ratos angustiar (moderadamente: hablamos de una peli para toda la familia, donde no conviene asustar ni a niños ni a viejos) a un público heterogéneo y no especialmente exigente.

La acción se desarrolla algunos años después de los hechos narrados en la anterior Jurassic World. En la isla de Nublar, donde los dinosaurios ahora campan por sus respetos, sin control humano alguno, el volcán que preside la ínsula entra en erupción, amenazando con acabar con toda vida animal, dinos incluidos. La empresa que construyó el parque temático que terminó como el rosario de la aurora, a cuyos teóricos mandos aún figura uno de los iniciales inventores de la idea, ahora postrado en cama, gravemente enfermo, decide extraer de la isla a todos los dinosaurios que pueda para ponerlos a salvo, en una especie de operación “arca de Noé”. Claire y Owen, la pareja protagonista de la anterior aventura, ella ejecutiva, él “coach” de dinos, son reclutados para tan noble causa, aunque pronto se dan cuenta de que la motivación no es tan altruista como les contaban...

Jurassic World. El reino caído no es una gran película: nadie se lo pedía, sino que sea un gran espectáculo que fascine, de nuevo, poniendo en pantalla a los subyugantes dinosaurios que forman parte ya del imaginario popular desde hace un cuarto de siglo (cuando se escriben estas líneas). Quiere ello decir que no podemos pedirle profundidad en los personajes, intrincadas líneas argumentales que buceen en el comportamiento humano, relaciones personales más allá de la superficialidad que requiere este tipo de films. No es un reproche, porque no se puede reprochar que no se tenga lo que no está previsto que se dé. Bayona, como el general en jefe del mastodóntico ejército que supone el rodaje de todo “blockbuster”, hace un trabajo aseado, profesional, lo que se le pedía. Para nuestro gusto está un punto por debajo de su labor en sus anteriores (y más personales) films citados, pero es lógico, teniendo en cuenta que aquí ha estado a las órdenes de Spielberg, que es el amo del cotarro, y contando con un guion ajeno que él ha ilustrado imaginativamente y con buena mano.

Algunas escenas maravillan, como la estampida conjunta de dinosaurios y humanos protagonistas en la isla cuando el volcán entra en erupción definitiva, una carrera de sálvese quien pueda en la que personas y dinos rivalizan en correr a cuál más espantado. En otros casos se ve venir el truco, como en la escena del llamado “indorraptor” sedado con dardos narcotizantes en la jaula. Pero en general el tono es agradable, permitiendo al espectador que ha crecido viendo a estos adorables (y, en ocasiones, terribles) bichos en pantalla, volver a reencontrarse con ellos, volviendo a disfrutar de un universo reconocible, con gigantescos, pacíficos herbívoros, y voraces, inteligentes depredadores carnívoros.

A los intérpretes, claro está, no cabe pedirles más que sean razonablemente verosímiles en sus personajes, y que cuando interactúan con los dinosaurios, que no están en la escena física sino en el disco duro del ordenador que los creará, lo hagan con cierta solvencia, parezcan creérselo. Bryce Dallas Howard, ya lo tenemos dicho, es mucho mejor actriz que lo que requiere su rol, que ella resuelve con facilidad; también Chris Pratt, que no es tan bueno, parece haberle tomado la medida a su personaje, con un toque autoirónico que se agradece. Entre los nuevos intérpretes de la franquicia me quedaría con la jovencísima Daniella Pineda, que promete mucho por su capacidad de resolución y su buen hacer, y también con el adolescente gritón y miedica que compone Justice Smith. Aparte, claro está, de la categoría del veterano James Cromwell, que sirve igual para hacer de porquero en Babe, el cerdito valiente (1995) que de estirado príncipe Felipe de Edimburgo en The Queen (La Reina) (2006). Eso sí, Toby Jones es un error de casting: no nos creemos en ningún momento que el melifluo protagonista de Historia de un crimen (2006) pueda ser el desaprensivo magnate que aquí le han endilgado.


Jurassic World. El reino caído - by , Jun 10, 2018
2 / 5 stars
Subyugantes dinosaurios