Pelicula:

Esta película está disponible en el catálogo de Netflix, Plataforma de Vídeo bajo Demanda (Vod).


Juan José Campanella es uno de los nombres fundamentales del cine argentino de los últimos treinta años, aunque curiosamente la película que le dio a conocer fue una norteamericana, un film indie titulado El niño que gritó puta (1991); aunque ha mantenido una parte de su carrera en Estados Unidos, con películas y series de televisión, sus productos más interesantes los ha hecho en su país; hablamos de películas como El hijo de la novia (2001), gran éxito comercial también en España y candidata al Oscar a la Mejor Película Extranjera; El secreto de sus ojos (2009), percutante thriller judicial que esta vez sí ganó el Oscar, y El cuento de las comadrejas (2019), deliciosa comedia de enredo localizada en el tóxico ambiente de un grupo de viejas glorias nacionales de la interpretación.

Esta Futbolín, que en Argentina llevó el título de Metegol (que es como allí se le denominan a los futbolines), es también otra de sus películas destacables, su primera y, hasta ahora, única incursión en el cine de animación, en este caso digital. La historia se ambienta en un pueblecito indeterminado de la República Argentina. Allí conocemos a Amadeo, un niño un tanto acomplejado, que secretamente ama a Laura, otra niña que, también secretamente, le corresponde. Amadeo está obsesionado con el futbolín, siendo un auténtico especialista en esta disciplina. Cuando al local donde Amadeo juega a su deporte favorito llega un niñato junto a su panda de gamberros, el protagonista es retado a echarse una partida con él; Amadeo, apocado, tarda en reaccionar, aunque finalmente accede; al principio el niñato le gana de calle, pero finalmente el chico reacciona y termina ganando. El niñato se escapa furibundo. Años más tarde, Laura se prepara para ir a Europa a estudiar, pero Amadeo sigue anclado en su obsesión con el futbolín. Entonces llega el niñato, ahora llamado el Grosso, convertido en futbolista de fama mundial y empresario con grandes riquezas. Informa al pueblo que lo ha comprado y va a derruirlo entero para construir de nueva planta un gran estadio de fútbol a su  mayor gloria. De entrada, destruye el local donde fue humillado con todo lo que contiene, incluido el futbolín. Amadeo, destrozado, llora desconsoladamente; una de sus lágrimas humedece a Capi, la figura del capitán del equipo de futbolín, que con aquel líquido preñado de emoción cobra vida...

Futbolín es una película sobre el mundo del fútbol, pero realizada a la escala de los futbolines, esos humildes artefactos ya un tanto pasados de moda, periclitados por toda la cacharrería digital actual (móviles, tablets, PlayStation, Wii, Xbox, Nintendo Switch, etcétera), un juego que era muy manual, por supuesto, pero también de habilidad y experiencia. En ese contexto, la película de Campanella juega con conceptos tales como el “fair play” o juego limpio como consigna a fijar de forma indeleble en el frontispicio del deporte (de la vida, en realidad), con una historia en la que un pequeño David, ayudado por otros (aún más) pequeños, en este caso dos equipos de futbol de no más de 10 centímetros de altura, que han cobrado vida milagrosamente, tendrán que vérselas con el poderío del dinero del fútbol, en este caso plasmado en la figura de un tipo que recuerda, tanto por su egolatría como por su inmensa fortuna, e incluso por cierto parecido físico, a un Cristiano Ronaldo de la época, allá por 2013, cuando estaba en la cima de su fama. El hecho de que el protagonista, el llamado Amadeo, tenga cierto parecido físico con Leo Messi, no solo en su rostro, sino sobre todo en su pequeña talla y aspecto de poquita cosa, abona la impresión de que, siendo Argentina el país dominante en la producción y claramente la referencia del film, se haya optado por una cierta, aunque críptica, emulación del duelo de ambos astros del fútbol actual.

Pero, además, Futbolín es un auténtico vendaval aventurero, con escenas de percutante acción y un trepidante ritmo que, ciertamente, no da respiro. Pero es también, estando Campanella a los mandos, un auténtico homenaje a otros muchos films de culto, desde 2001, una Odisea del Espacio (cuya parodia inicial con los homínidos es descacharrante, elipsis del hueso al aire incluida) a Apocalypse now, que aparece con toda la fanfarria de helicópteros y La cabalgata de las Walkirias, entre otras muchas referencias en plan jocoso sobre films archiconocidos, incluyendo un bonito homenaje, iconográfico y musical, al wéstern clásico.

Con un dibujo de gran calidad, en el que los personajes tienen un apreciable carácter antropomorfo, con unos protagonistas longilíneos, que recuerdan un tanto a Tim Burton (Pesadilla antes de Navidad, La novia cadáver), o quizá a los dibujos de Kiraz, Futbolín es también un film contra el bullying infantil, contra esos malotes y su coro de corifeos lameculos que hacen la vida imposible a los pequeños más acomplejados, más tímidos, y es también una apuesta por salir de ese círculo vicioso a base de tesón, de fuerza de voluntad, de no dejarse pisotear por el golfillo de turno, en el fondo él también un acomplejado (por su analfabetismo, por su falta de formación, por ser un arrinconado en su casa, porque no sabe cómo enfrentarse cabalmente a la vida). En ese sentido, el Grosso resulta ser un muy interesante villano, rencoroso y vengativo, en la mejor tradición de los “malos” del cartoon, aquí “adornado” además por “virtudes” tales como el analfabetismo integral y la estupidez y fatuidad más absoluta. Otros de sus temas, desarrollados entre bromas y risas, son la crítica de la desunión, el egoísmo y la insolidaridad, pero también se posiciona contra la injusticia, contra el poder absoluto, y postreramente también será también una reflexión sobre lo efímero de la fama: una dilatada variedad temática, como se ve, para lo que parece en principio un humilde film sobre un futbolín...

Aunque, por supuesto, quizá el tema más atractivo sea precisamente la analogía entre el carácter de los futbolistas de 10 centímetros cuando cobran vida, y sus homólogos de carne y hueso y 180 centímetros de altura (más o menos...): aquí Campanella aprovecha para atizar de lo lindo a estos divos con una sátira sobre los caracteres extremos y estrafalarios de los futbolistas: pendencieros, ególatras, se creen hasta poetas y por supuestos los mejores del mundo, en un muy incisivo y ácido retrato sobre estos héroes modernos que no dejan de ser unos héroes de plástico, huecos, sin contenido.

El desenlace del film huye del final apoteósico de la victoria, resultando algo incoherente en su plasmación, poco creíble, aunque se entiende la intención de Campanella de no caer en el tópico lugar común habitual en estos casos, a la manera de un Rocky o un Karate Kid; se prefiere aquí, entonces, la respuesta emocional antes que la puramente competitiva, lo que sin embargo juega en contra de la efervescente apoteosis final que parece está pidiendo la historia a gritos.

Con todo, es evidente que Futbolín, o Metegol en Argentina, es una más que curiosa película de animación, que nos habla de fútbol y futbolistas, sí, pero también, y de forma acertada, de otras muchas cosas no necesariamente relacionadas con el deporte de la pelotita.

(12-08-2020)


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106'

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Futbolín - by , Aug 12, 2020
3 / 5 stars
Futbolistas de 10 centímetros