Rafael Utrera Macías

La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, premia, cada año, con la estatuilla llamada “Goya”, a cada persona que, en su especialidad profesional, ha destacado sobre las demás. Junto a las diversas catalogaciones establecidas, figura el “Goya de honor”, entregado habitualmente a artistas, técnicos, productores, etc., que, no habiéndolo obtenido con anterioridad y, dadas en el presente ciertas circunstancias personales o profesionales, se hacen acreedores al mismo. En el acto de 2024, celebrado en Valladolid, este premio le ha sido otorgado al director de fotografía Juan Mariné Bruguera, quien el último día del año anterior cumplió 103 años; sin duda, uno de los profesionales más longevos de nuestro cine que, además de un larguísimo currículum, mantiene una prodigiosa memoria capaz de precisar, hasta con mínimos detalles, circunstancias y características relativas a cada uno de los títulos en los que participó.

En años anteriores, los directores de fotografía a quienes se les entregó tal premio honorífico fueron José F. Aguayo, en 1987 (fotografió, entre otras muchas, El último cuplé y Viridiana) y Federico G. Larraya, en 1996 (filmó Por un puñado de dólares y La cabina, junto a muy variados trabajos en TVE). Por votación de los socios de la Academia, han sido ganadores del premio en sucesivas ocasiones los directores de fotografía Javier Aguirresarobe (6), José Luis Alcaine (5), Juan Ruiz Anchía (2) y Kiko de la Rica (2). En la edición de 2023, el premió lo ganó Alex de Pablo por As bestas.


La ruta del cine primitivo

Juan Mariné Bruguera nació en Barcelona el 31 de diciembre de 1920. Hijo de Enrique y Josefa (él, futbolista profesional durante un tiempo; ella, futbolista ocasional), perteneció a una familia de economía moderada; los estudios oficiales de su hijo terminaron con el bachillerato elemental, reválida incluida.

Los primeros escarceos del jovencísimo Juan en el cine comenzaron, con 15 o 16 años, como “meritorio”, término que, en los rodajes, venía a ser “chico para todo”; así actuó en títulos como El octavo mandamiento, Amor gitano e Incertidumbre, de diferentes directores, aunque en todos ellos el responsable de la fotografía fue Adrien Porchet. Con este profesional trabajaría Mariné de “ayudante de fotografía” en títulos como Aurora de esperanza, Nosotros somos así y Barcelona trabaja para el frente, todos ellos vinculados al “Sindicato único de Espectáculos Públicos” y éste a la C.N.T., la central anarcosindicalista de Cataluña, que, en virtud de una desahogada economía, pudo filmar tres largometrajes, Aurora de esperanza, Nuestro culpable y Barrios bajos, según criterios acordes con la acción ideológica, política y social desarrollada, por lo que han quedado como ejemplo en la Historia del Cine Español. Ello fue posible gracias a la labor de nombres como el ya citado Porchet, además de Mateo Santos, José María Beltrán, Ramón Quadreny y otros, buenos e ideologizados profesionales que filmaron un cine acorde con los postulados ideológicos por ellos defendidos. A este núcleo político-cinematográfico llegó un jovencísimo Juan Mariné que, más interesado por la cinematografía que por la política, se integró como “ayudante de fotografía”, ya no sólo en títulos como los antes citados, sino en el que sería un histórico cortometraje-documental filmado en Barcelona: el entierro del anarquista Buenaventura Durruti.

Cuando todavía Mariné contaba sólo 17 años, su quinta fue movilizada y puesta bajo el mando de Enrique Líster; al mozo, en función de su formación y sus aptitudes para la fotografía, le fue encomendada una misión relacionada con ella. Cuando Cataluña perdió posiciones ante la embestida de la tropa franquista, Juan y sus compañeros decidieron atravesar los Pirineos y entrar en Francia donde, apresados por la gendarmería, fueron internados en los cercanos campos de concentración, entre ellos el de Argelès-sur-Mer. De allí se fugó; tras peripecias diversas y jugándose la vida en varias ocasiones, llegó a la población de Elme donde acogían, en calidad de prisioneros, a los huidos que desearan regresar a España; la expedición, vía marítima, recaló en Cádiz; seguidamente, Mariné fue trasladado a Sevilla e internado en el campo de concentración de La Rinconada donde permaneció hasta poder comunicarse con su familia. Las gestiones del padre dieron su fruto, dado que, en el expediente del hijo, no había antecedentes políticos. Su regreso a Barcelona no le libró, por estar en edad militar, de nuevo e inoportuno reclutamiento. En ese tiempo, se presentó a examen para cubrir plaza de “fotógrafo del Estado Mayor” que, obviamente, ganó. Estas tareas militares se complicaron cuando pretendió, al tiempo, trabajar en el cine comercial, todavía como “ayudante de fotografía”; así, intervino en distintas producciones, entre otras, La tonta del bote y Un marido barato.


De “2º operador” a “director de fotografía”

Si nos situamos en una primitiva época de la Historia del Cine español, mencionaremos al “operador”, término que adoleció de excesiva ambigüedad semántica (fue el responsable de la cámara y del encuadre, así como de los ayudantes encargados de otros elementos, como las luces). Al producirse, con el paso del tiempo, las pertinentes evoluciones y complejidades en los rodajes, la terminología preferirá la denominación de “director de fotografía”, bajo cuya responsabilidad trabajan una diversidad de técnicos expertos en materias complementarias.

Juan Mariné pronto accedió a puestos de mayor responsabilidad como el de “2º operador”. Con esta categoría trabajó desde 1942 a 1948 responsabilizándose en nada menos que dieciocho títulos para profesionales de la fotografía cinematográfica como Alfredo Fraile, Manuel Berenguer o José María Castellví, y directores como Carlos Arévalo, Luis Marquina, Rafael Gil, Juan de Orduña, Arturo Ruiz Castillo, Eusebio Fernández Ardavín o Edgar Neville, y ello en títulos tan prestigiados en su momento como Vidas cruzadas, Huella de luz, Deliciosamente tontos, Eloísa está debajo de un almendro, Las inquietudes de Shanti Andía, La nao capitana, La dama de armiño, Nada, Botón de ancla o La manigua sin Dios.

A partir de 1948 comenzó su tercera etapa profesional, ya con la categoría y la responsabilidad de “director de fotografía”. Se estrenó con un episodio de Cuatro mujeres, en alternancia con Manuel Berenguer, según guion de Mur Oti dirigido por Antonio del Amo, a la que siguió un prestigioso título, La sombra iluminada, realizada por Carlos Serrano de Osma e interpretada por Luis Prendes y Asunción Sancho. Antes de acabar la década de los años 40, trabaja para los directores Eduardo García Maroto, Luis Arroyo y Antonio del Amo. Las tres películas que hace con éste realizador, Noventa minutos, Alas de juventud y Día tras día, son el preámbulo de una prolongada colaboración entre ambos cineastas, Del Amo y Mariné, cuando, posteriormente, rueden, producidas por Teide o Suevia, títulos de marcado tinte folklórico con destacadas y populares figuras tales como Marujita Díaz en Puebla de las mujeres, Antonio Molina en El pescador de coplas, Paquita Rico en Lavanderas de Portugal, Lola Flores en María de la O, más la serie con Joselito compuesta por Saeta del ruiseñor, El ruiseñor de las cumbres, Escucha mi canción y Los dos golfillos.

Con planteamientos bien distintos a los antes mencionados, Mariné contribuye con su fotografía a marcar como rasgos pertinentes el cinemascope y el eastmancolor; tal es el caso de La Gata, el film dirigido, en 1956, por Margarita Aleixandre y Rafael Torrecilla, según producción de Nervión Films. A partir de este momento, este director de fotografía seguirá filmando, según carácter del film y decisión de la productora, en blanco y negro, ya sea Intriga en el escenario u Orgullo, o en color/ eastmancolor, como las películas folklóricas antes mencionadas. A partir de la década de los sesenta, comienza la colaboración con el productor Pedro Masó, cuyo primer título en común será La gran familia y a la que seguirán películas de gran impacto popular con las máximas estrellas (actrices y actores) del momento (desde Concha Velasco a Tony Leblanc, desde Alfredo Landa a Gracita Morales): Historias de la televisión, La familia y… uno más, La ciudad no es para mí, Nuevo en esta plaza, Operación Plus Ultra, Los chicos del Preu, El turismo es un gran invento, El otro árbol de Guernica, etc., dirigidas muchas de ellas por Pedro Lazaga,  junto a otros numerosos títulos filmados por el propio productor tales como Las  Ibéricas F.C., Experiencia Prematrimonial, Una chica y un señor o Un hombre como los demás.


Coproducciones, cortometrajes, trabajos especiales, restauración

La amplia y prolongada experiencia de Mariné en el cine español no le ha impedido participar, ocasionalmente, en coproducciones y películas extranjeras.

Así en 1959, filmó en Cuba para la RKO, La vida empieza ahora, dirigida por Antonio Vázquez Gallo, y dos años después, una producción del ICAIC, con dirección de Julio García Espinosa, El joven rebelde, según argumento y guion del italiano Cesare Zavattini. Posteriormente, en 1964, intervino como operador de la segunda unidad a las órdenes de Abel Gance en la coproducción franco-italo-española Cyrano y D'Artagnán. Esta, como 001 Operación Caribe, otra coproducción italo-alemana, con guion de Antonio del Amo y producción de la madrileña “Apolo Films”, utilizaba el “eastmancolor”, como ya era habitual en esa época y nuestro director de fotografía dominaba con criterio propio.

En la década de los setenta dirigió la fotografía de El dinero tiene miedo, una coproducción con México dirigida por Pedro Lazaga donde Mariné tuvo como 2º operador a Teo Escamilla. Y ya, casi en su despedida del largometraje, al final de la década de los ochenta, participó en una coproducción con Estados Unidos, Slugs (Muerte viscosa), dirigida por Juan Piquer, cuyos especiales “efectos especiales”, le fueron encargados a Juan Mariné, por más que la película tuviera, como era lógico, un profesional como responsable de la fotografía.

Más allá de estos ejemplos, Mariné Bruguera, participó en películas donde compartió responsabilidades con otros compañeros en virtud de las dificultades que el film presentaba desde el punto de vista de la fotografía, la luz u otros factores semejantes. Tal es el caso de Cinematógrafo 1900 (Homenaje a Segundo de Chomón), de Juan Gabriel Tharrats, donde los trabajos de Chomón, realizados tanto en España, Francia e Italia, requerían la especialización pertinente en películas primitivas como el rescate de un material necesitado de limpieza, conservación y restauración; y ello, no sólo en las imágenes propiamente dichas sino, también, en el primitivo color utilizado para las cintas.

Del mismo modo, en el título de Manuel Gutiérrez Aragón La noche más hermosa, cuyo director de fotografía fue Carlos Suárez, intervino Mariné como “2º operador”, dadas las complicaciones existentes para poder ofrecer “la noche” tal como el productor, Luis Megino, el decorador, Gerardo Vera, y, obviamente, el director de la película, requerían. El “eastmancolor” demandaba el mismo virtuosismo que la interpretación, tanto de José Sacristán, Fernando Fernán Gómez y Oscar Ladoire como la de Victoria Abril, Bibi Andersen o Maite Blasco.

De otra parte, Juan Mariné, ha participado a lo largo de su larga y meritoria carrera en diversos cortometrajes, tales como El destierro del Cid, Playas vacías, Paraíso verde, La corrida, etc., dirigidas por Jesús Franco o Pedro Lazaga, entre otros.  

Tras una voluntaria jubilación en el agitado mundo de los rodajes, mantuvo sus intereses dedicándolos a la investigación y a la restauración cinematográfica, que abarcaba aspectos tan importantes como la conservación de materiales deteriorados y el rescate de películas que, dada su antigüedad, no era posible proyectar. Tarea que llevó a cabo, durante años, en Filmoteca Española y, posteriormente, en la “Ecam” (Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid). No han faltado en su currículum los años dedicados al cine publicitario, área tanto de descanso de rodajes como de experimentación en ese particular campo creativo.

Entre los premios recibidos a lo largo de su larga carrera filmográfica destacan el Nacional de Fotografía, el Nacional de Cinematografía, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, así como otros otorgados por los Festivales de Valladolid, Sitges, etc. Únase a ello su ilimitada afabilidad profesional y un generoso carácter personal.


Bibliografía:

-Dardi, “Juan Mariné, pintor de la luz”. 20 Muestra cinematográfica del Atlántico. Cádiz.
-Llinás, Francisco: “Directores de fotografía del cine español”. Filmoteca Española. Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales.
-Soria, Florentino: “Juan Mariné. Un explorador de la imagen”. Filmoteca Regional de Murcia. Colección Imagen 16.

Internet:

-Iglesias, Pablo: “Entrevista a Juan Mariné”. Youtube. 30 octubre 2020.
-Pujol, Maria Lluïsa: “Memoria cinematográfica de un artesano de imágenes”,  FilmHistoria, Online, vol. 30, n º 2, 2020.
-Scyzoryk, Wenceslao,” El Submariné”, Vídeo. Youtube.

Ilustración: Una imagen retrospectiva de Juan Mariné