Pelicula:

C R I T I C A L I A   C L Á S I C O S


Disponible en FILMIN y ACONTRA+.    

Siempre que quiero reflejar mis gustos y preferencias en la carrera del británico David Lean, me vienen enseguida dos títulos (muy diferentes entre sí) pero que marcan dos films de esos que se dice -tópicamente- uno se llevaría a una isla desierta. Serían Breve encuentro, de 1945, y otro tan conocido y sublime como Lawrence de Arabia, de 1962. El primero de ellos se basa en una obra teatral de Noël Coward, intimista y convencional, en blanco y negro, y que narra un impensable y platónico romance amoroso entre un médico y una mujer casada y fiel, en una estación de tren. Nada en el film nos hace sospechar que luego su realizador sería mundialmente conocido por El puente sobre el río Kwai, Doctor Zhivago o La hija de Ryan, junto a las correrías del ya citado Lawrence en una cinta que lanzó a la fama a dos importantes actores como Peter O’Toole y el egipcio Omar Shariff.  Y para entonces Lean tenía ya dos Oscar al mejor director (por Kwai y por Lawrence) además de incontables nominaciones (antes y después) que incluían otros films como Grandes esperanzas -de 1948- o Pasaje a la India -de 1984-, su último film.

Pero seamos justos: antes o mezcladas con todas estas películas nombradas, nuestro autor ya tenía en su zurrón films como Sangre, sudor y lágrimas (1942), cinta patriótica co-dirigida con su amigo Noël Coward, o Grandes esperanzas (ya citada y también conocida como Cadenas rotas (1946)) y Oliver Twist,  tomando ambas por base las novelas de Charles Dickens. Y sin olvidar en 1954 El déspota, con un actor de tanto peso -nunca mejor dicho- como Charles Laughton. Y justo al año siguiente, el de 1955, nos llega (anunciando su gran etapa triunfal) con esta Locuras de Verano, que precede a Kwai.

Digamos también que la década de los años cincuenta parece que ejerce como un imán para los rodajes en Italia. Y así Vacaciones en Roma,  del gran veterano William Wyler, abre en 1953 esa moda (y de paso nos regala el primer y oscarizado papel para Audrey Hepburn), para que el año siguiente sea Jean Negulesco el que ruede allí Creemos en el amor, en 1954, simpática comedia romántica que se inicia escuchando a Frank Sinatra cantando "Tres monedas en la fuente" ("Three coins in the Fountain", título original del film), mientras vemos los monumentos más famosos o populares de la ciudad eterna, y se inicia la estupenda banda sonora del gran Victor Young... La moda de los rodajes italianos seguirá en otras películas, y la década culmina en 1959, de nuevo con William Wyler y su famosísima versión de Ben-Hur, con Charlton Heston y Stephen Boyd, y la carrera de cuadrigas más visionada de la historia del cine.

Y allí, a Italia, a Venecia concretamente, llega la protagonista de Locuras de verano, y con ella David Lean, que parece despedirse de este tipo de film para -desde entonces- embarcarse (y no en góndola) en las obras que lo hicieron más famoso. Hasta ese momento Lean había trabajado esencialmente con el gran pope del cine británico, Alexander Korda, pero aquí, su British Lion se alía ya con la estadounidense United Artists, y buscar así nuevos horizontes. Y lo hace de la mano de Jane, una turista americana que llega a la ciudad de los canales pertrechada con un complicado tomavistas, con el que quiere filmarlo todo... Con un excelente travelling inicial del tren que la lleva a la ciudad de los canales, su llegada es decepcionante, con una ciudad sucia, con tranquilos gatos callejeros y chiquillos que quieren sacarse unas perras de los turistas y forasteros. Todo ello, eso sí, con una fotografía bellísima de Jack Hildyard.

Ya en un velador de la Plaza de San Marcos, traba amistad con Renato, un anticuario, e inicia una aventura sentimental con quien cree soltero, cuando en realidad es casado y con hijos. Tras un forzado idilio, Jane se conforma con conocer la ciudad, e incluso se cae en un canal, bastante inofensivo... Y así, en pocos días, pasa este tiempo de verano, estas jornadas que David Lean nos narra -con placidez- como un paréntesis en la vida de sus protagonistas. No hay afán de mostrar monumentos, o episodios novelescos, y la "locura" del título español no se ve demasiado, a pesar de las intrigas de la patrona del hostal donde se hospeda la americana, personaje que interpreta Isa Miranda. En realidad, nos da la sensación de que Lean cumple como trámite (no exento de interés) este encargo, pero ya está pensando en obras más importantes y llamativas, como así sucedió con su siguiente film, Kwai, ya en coproducción entre ingleses y norteamericanos.
  
Y hay algo importante que reseñar en el reparto de Locuras de verano: junto a Rossano Brazzi (habitual en papeles en cintas no italianas) o Isa Miranda, o un episódico Darren McGavin, la protagonista casi única de la cinta es una Katharine Hepburn, de aspecto extraño, en un papel que se dice de 40 años, aunque  en ese momento la actriz rozaba la cincuentena, y con un aspecto difícil de identificar con sus antiguas heroínas, como su chispeante papel en La fiera de mi niña, -junto a Cary Grant-, la magistral e irrepetible comedia de Howard Hawks, pero tampoco comparable con su papel de anciana de En el estanque dorado (1981), junto a un  Henry Fonda también avejentado. 

En muchas reseñas de este film, se dice que fue la puerta que abrió la fama y la gloria para su realizador, que solo rodaría ya otras cinco películas en treinta años. Eso sí, todas superproducciones, oscarizadas, taquilleras, cuyo cierre lo pone Pasaje a la India, en 1984, preciosa película que se basa en la excelente novela del gran Edward Morgan Forster, un autor tantas veces llevado a las pantallas. Hasta esa fecha llegó la filmografía de David Lean, pero no su vida, que se alarga hasta 1991, con 83 años, y después de tantos premios, homenajes y agasajos... y con una carrera modélica para saber combinar calidad y espectacularidad... algo que no es tan fácil.


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102'

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Locuras de verano - by , Apr 09, 2026
3 / 5 stars
David Lean, gondolero veneciano