Enrique Colmena

Si Pixar es la reina sin rivales en la animación digital hodierna, con veinte años de fulgurante reinado, lo cierto es que la mayor parte de las productoras estadounidenses también se han sumado, en mayor o menor medida, a esta novísima forma del dibujo animado, la que nace no de un lápiz, no del grafito, sino de la arcana combinación de ceros y unos.


Disney, lo viejo y lo nuevo

Aunque la Casa del Ratón es la propietaria actual de Pixar, y antes de ello mantuvieron una fructífera colaboración, lo cierto es que también la empresa creada por Walt Disney ha rodado en solitario varios filmes de animación digital a partir de comienzos del siglo XX, a la par que sus ya avejentados dibujos animados tradicionales languidecían sin remedio. Curiosamente, el primer empeño disneyano en esta novísima forma artística que es el dibujo digital se apartaría relativamente de las habituales estéticas del viejo Walt. Porque Dinosaurio (2000) es una historia ambientada obviamente en la Prehistoria, en ese Jurásico que popularizó Spielberg con su Parque Jurásico y posteriores secuelas, si bien es cierto que sus temas no estaban demasiado lejanos de los típicos disneyanos. Pero hay que reconocer el intento de cambiar el look, de modernizarse con esta nueva tecnología. Posteriormente llegaría Descubriendo a los Robinsons (2007), en la que Disney apostaba por una historia con personajes humanos, en este caso con socorrido viaje en el tiempo (al futuro, concretamente). Con Bolt (2008) regresa al universo animal tan querido de la Casa del Ratón, en este caso con un perro, estrella de la tele, que deberá enfrentarse a la vida real sin sus (ficticios) superpoderes.

Con Enredados (2010) Disney vuelve a los cuentos que tanta rentabilidad, artística y económica, le han dado, versionando el clásico Rapunzel, la chica de los kilométricos cabellos de oro, con personajes muy humanizados, alejados en general de la caricatura, consiguiendo uno de sus grandes éxitos de los últimos tiempos. Ese triunfo debió animarles a continuar con los filmes de animación digital, y así llega (aunque bajo el sello de su filial Touchstone) Gnomeo y Julieta (2011), una obvia, y libérrima, versión del clásico shakespeareano, en este caso con protagonismo para los gnomos de porcelana de los jardines, que cobran vida (a la manera de los personajes de la saga de Toy Story) cuando sus amos no están. Con Rompe Ralph (2012) Disney consigue la que probablemente sea su obra maestra en animación digital, tanto por la osadía argumental mostrada (el protagonista es un vulgar villano de un videojuego) como por la espléndida puesta en escena. En Aviones (2013) los sucesores del viejo Walt llegan a la antropomorfización de objetos, lo que ya en Pixar tenía una apreciable tradición (muñecos, coches), aunque la inspiración, por llamarlo de forma suave, parecía demasiado evidente, siendo el original la pixariana Cars, lógicamente. Una más bien olvidable segunda entrega, Aviones: Equipo de rescate (2014), confirmó que ésta no era precisamente la mejor de las ideas de la Casa del Ratón.

Con Frozen (2013), sin embargo, Disney consigue un gran éxito. Con tono de cuento de hada (bien que muy “aggiornado”: estamos en la centuria veintiuna, la que se permite, sin despeinarse, que una blandengue heroína juvenil llamada Hannah Montana se convierta en un pispás en tórrido objeto erótico para consumo de masas bajo el nombre de Miley Cyrus), la nueva película destaca por la calidad del dibujo, similar a la de Pixar, y por una briosa nueva heroína femenina, en la que los herederos de Walt se especializaron desde Pocahontas (1995), entonces todavía con dibujo tradicional. Con Campanilla, hadas y piratas (2014), a través de su filial DisneyToon, la Casa del Ratón retoma la temática peterpaniana, con uno de los más conspicuos personajes de la saga imaginada por J.M. Barrie, aunque tuvo una repercusión más bien limitada. A través de Big Hero 6 (2014) se acerca al cine de superhéroes en tono caricato, jugando con gracia con un androide tamaño king size y con más apariencia de peluche de plástico que de salvador de la humanidad.


DreamWorks, la alternativa

Si hay una productora que ha sido capaz de plantar cara (aunque no haya conseguido derrotarla) a Pixar, ésa ha sido DreamWorks, la empresa que crearon Steven Spielberg, Jerry Katzenberg y David Geffen, aunque posteriormente la vendieron y hoy día nada tienen que ver con ella. Pixar es la reina, pero DreamWorks ha sido y sigue siendo la eterna pretendiente al trono. Tanto es así que fue la primera que, tras Pixar con su primigenia Toy Story, afrotó el reto de hacer cine de animación digital. Hormigaz (1998) fue su primera contribución a esta nueva fórmula, el mismo año que la Casa del Flexo ponía en imágenes Bichos, su segunda película en animación digital. Esta Hormigaz ya dejó claro que DreamWorks, fiel al espíritu rompedor (dentro de un orden, se entiende) de sus mentores Spielberg, Katzenberg y Geffen, iba a aportar talento y también temáticas y estéticas muy distintas a las habituales disneyanas. De hecho, de este primer filme de la nueva productora se dijo que hubiera sido la película que hubiera rodado Woody Allen si hubiera hecho una incursión en el cine de animación. Tanto es así que el propio protagonista de la cinta, la hormiga central de este cotarro, tenía un carácter sospechosamente parecido al del personaje habitual de Woody, poquita cosa, lenguaraz, de un humor cultista, ecléctico y transgresor.

Pero si Hormigaz fue algo nuevo en el universo del “cartoon”, incluso en el digital, su siguiente empeño, Shrek (2001), puso patas arriba el concepto mismo del dibujo animado disneyano, dándole el protagonismo a… un ogro, convulsionando con ello, con suma gracia, los mecanismos habituales del cuento de hadas, en una película que tuvo mayor repercusión, por obvias razones, entre los padres que entre los niños. El filme consigue un gran éxito, dando lugar a tres secuelas: Shrek 2 (2004), que mantuvo el tipo perfectamente con respecto a la primera entrega, pero no así Shrek Tercero (2007) ni Shrek, Felices para siempre (2010), que pusieron el colofón a esta saga de la familia ogro, aunque algo después se hizo un “spin off” con El gato con botas (2011), aprovechando uno de los personajes (junto con el Asno) secundarios más atractivos, el minino del título.

Ante el éxito en Pixar de Buscando a Nemo (2003), DreamWorks contraataca con El espantatiburones (2004), cuyo mayor problema es precisamente su evidente seguidismo de la deliciosa fábula piscícola pixariana. Sin embargo, con Madagascar (2005), DreamWorks encuentra un filón que le resultará muy rentable, tanto comercial como artísticamente, con una pandilla de animales del zoo de Nueva York que dan en escapar del establecimiento donde están recluidos para conocer mundo; a fe mía que lo consiguen, pues tanto en esa entrega, con aventura con resabios de Robinson Crusoe, con naufragio en isla perdida, como en las siguientes, Madagascar 2: Escape África (2008) y Madagascar 3: De marcha por Europa (2012), el león, la hipopótama, la cebra y la jirafa, se recorren medio mundo. Además, aportaron también un “spin off”, Los pingüinos de Madagascar (2014), aprovechando el tirón del grupito de aves antárticas que en la saga primigenia tenían un papel secundario pero sumamente divertido.

Con Ratónpolis (2006) ensayaron la fábula roedora, que en la animación tradicional ha dado buenos resultados, aunque en este caso no tuvo la repercusión que se esperaba. Tampoco Vecinos invasores (2006) sería una gran película, aunque tuvo una repercusión en taquilla muy aceptable. Con Bee Movie (2007) DreamWorks hace una nueva incursión en el cine con animales, en este caso una abeja, lo que recuerda inevitablemente la vieja serie televisiva La abeja Maya, si bien sus autores buscaron expresamente desmarcarse del “look” de tan célebre antecedente.

Con Kung Fu Panda (2008) la productora del niño pescando desde la luna (ése es su logo, como es sabido) intentó mezclar animación digital con el éxito de las Tortugas Ninja (que no pertenecen a su sello), no en las figuras protagonistas de ese serial, sino en las habilidades (o las ineptitudes…) para las artes marciales del personaje central. Aunque me parece una floja saga, lo cierto es que en taquilla funcionó muy bien, propiciando una secuela, Kung Fu Panda 2 (2011), e incluso que cuando se escriben estas líneas se prevea una tercera entrega para 2016. Monstruos contra alienígenas (2008) fue la divertida sátira que la productora hizo sobre los entonces de moda filmes con extraterrestres o monstruos varios enfrentados entre sí en el solar terráqueo, al estilo de Alien vs. Predator, (2004), bien que con grandes dosis de humor.

Como entrenar a tu dragón (2010) confirma el buen tono de la animación digital de DreamWorks, en una emocionante aventura ambientada en la oscura época de los vikingos, a comienzos de la Alta Edad Media, una aventura nimbada de dragones y peripecias, de lucha de conceptos como valor, honor, pero también compasión y amor. El éxito de esta primera parte animó a la productora a una segunda entrega, Como entrenar a tu dragón 2 (2014), igualmente valiosa artísticamente y más que rentable en taquilla. Megamind (2010) será la aportación del estudio al cine de superhéroes digitales, si bien en este caso la creatividad fue escasa y pareciera que sus autores fueran con el piloto automático encendido.

La Prehistoria ya había sido hollada en animación digital por otro estudio (concretamente Fox con la saga de Ice Age, con animales), pero DreamWorks lo hace con personas, con trogloditas, en Los Croods (2013), en la que algunos de nuestros tatarabuelos habrán de superar peripecias sin cuento, en una historia sobre el binomio curiosidad/prudencia. Con Turbo (2013) la productora mezcló la fábula animalista con las películas de carreras de coches animados que puso de moda Cars, de Pixar, aunque ciertamente la película de DreamWorks fue muy inferior.

Las aventuras de Peabody y Sherman (2014) planteaba una curiosa pareja, un perro superinteligente que adopta a un niño, con el aliciente de una máquina del tiempo (inventada por el can, claro), en una historia sobre la relación paterno-filial incluso en condiciones algo extremas… Home: Hogar, dulce hogar (2015) es por ahora, cuando se escriben estas líneas, la última aportación de DreamWorks al mundo de la animación digital, de nuevo con luchas extraterrestres y con una acogida aceptable.


Resto de productoras

De forma esporádica, los otros grandes estudios de Hollywood también han aportado su granito de arena a la animación digital. Así, Fox es la que más se acerca a los grandes líderes en este terreno (Pixar, Disney, DreamWorks), sobre todo con la saga iniciada con Ice Age (2002), que cuando se escriben estas líneas va ya por cuatro entregas, y en las que los protagonistas serán varios animales prehistóricos que habrán de afrontar los grandes cambios de las épocas antediluvianas, en general con buen acierto. También han probado con máquinas antropomórficas, como Robots (2005), con animales, como Alvin y las ardillas (2007) y Horton (2008), o incluso con localizaciones exóticas, como la capital brasileña en Río (2011) y su secuela Río 2 (2014), o en México en El Libro de la Vida (2014). También ha experimentado con fábulas protoecologistas, como Epic (2013).

Paramount ha aportado títulos como Jimmy Neutron. El niño inventor (2001), con el que pareció que la productora se lanzaba pronto a esta nueva fórmula cinematográfica de la animación digital, pero cuyo relativo fracaso artístico y comercial detuvo el inicial entusiasmo. Después han llegado otros títulos no especialmente brillantes, como El corral. Una fiesta muy bestia (2006) y varias adaptaciones de cómix o personajes infantiles de actualidad, como Las aventuras de Tintín. El secreto del unicornio (2011), con dirección del mismísimo Spielberg, o Bob Esponja: Un héroe fuera del agua (2015).

La aportación de Universal es incluso inferior: la más relevante es la que se inició con Gru. Mi villano favorito (2010), a vueltas con la figura del villano que se hace bueno, voltereta existencial que está haciendo furor en las últimas décadas, y que conoció una secuela, Gru 2. Mi villano favorito (2013) y un “spin-off”, Los Minions (2015), sobre los divertidos personajes amarillos que en el díptico original eran lo mejor, pero que en solitario resultaron ser bastante menos graciosos. Aparte de esa saga, Universal aporta algunos otros títulos como El valiente Despereaux (2008) o Lórax. En busca de la trúfula perdida (2012). En cuanto a Columbia, su más conspicua aportación sería el díptico iniciado por Lluvia de albóndigas (2009) y su segunda parte, de 2013, un disparate en el que del cielo cae comida (cielos, como el maná en el Israel del Éxodo…). Por último, Warner quizá sea la que menos ha hecho en esta nueva forma de hacer “cartoons”, limitándose a algunos títulos como el díptico de Happy Feet. Rompiendo el hielo (2006) y Happy Feet 2 (2011).